Un estudio de Greenpeace revela que la mayoría de la ropa usada no alcanza un segundo uso tras monitoreo con geolocalizadores

Un estudio de Greenpeace revela que la mayoría de la ropa usada no alcanza un segundo uso tras monitoreo con geolocalizadores
 
  • La organización ecologista ha seguido durante varios meses el destino de 29 prendas de ropa usada con localizadores que fueron depositadas en contenedores municipales y en tiendas de Zara y Mango

  • Tanto las grandes marcas como los ayuntamientos utilizan los mismos gestores, que en buena medida pasan por exportar la ropa a miles de kilómetros a países de Asia, África o Sudamérica donde la reutilización no está asegurada

  • La economía circular que promueven las marcas dista mucho de los resultados: tras cuatro meses de investigación, solo se ha podido confirmar la reutilización de una prenda de casi una treintena de piezas de ropa

Madrid, 23 de noviembre de 2023.- Greenpeace está llevando a cabo una investigación para determinar cuál es el destino de las prendas que depositamos en los contenedores de recogida de ropa instalados tanto en la vía pública así como en algunas tiendas. Solo se ha podido determinar la reutilización de una de las 29 prendas monitorizadas, que fue adquirida en una tienda de segunda mano en Rumanía. Tras cuatro meses de seguimiento, muchas prendas siguen moviéndose y parece que no han llegado a su último destino, aunque han recorrido miles de kilómetros a lugares tan lejanos y diversos como Chile, Pakistán, India o Togo; o se encuentran en almacenes en polígonos industriales de España o simplemente siguen sin dar señal. 

Ante la proximidad del Black Friday, uno de los días donde más se consume y donde las marcas incitan a la compra masiva de productos como ropa ofreciendo rebajas, la organización ecologista ha querido publicar los resultados iniciales de la investigación y compartir el seguimiento online que está realizando de las prendas que aún siguen viajando para que quien quiera pueda conocer a diario dónde están localizadas. “Hemos podido comprobar que la gestión que se hace de la ropa que se deposita en contenedores se aleja mucho de la economía circular que buscan. El modelo actual necesita de países del Sur Global para producir ropa y luego gestionar los residuos que se generan al desecharla, viajando miles de kilómetros. Mientras esto no cambie la segunda vida de la ropa será más una estrategia de la industria para que sigamos comprando ropa sin remordimientos en días como el Black Friday que una realidad”, ha declarado la responsable de la investigación, Sara del Río. 

Miles de kilómetros

Con este propósito, entre julio y agosto Greenpeace colocó dispositivos de seguimiento convencionales tipo botón en 29 prendas aptas para una segunda vida (ropa y calzado) que luego depositó en contenedores de once provincias españolas, situados tanto en la vía pública como en tiendas de Zara y Mango. La primera gran sorpresa fue que ambas vías siguen el mismo proceso, debido a que las entidades de gestión en ambos casos son las mismas. Un ejemplo claro es que prendas procedentes de ambos sistemas de recogida han sido localizadas en Emiratos Árabes Unidos, que al igual que Pakistán, cuenta con centros de recepción internacionales de ropa ubicados en zonas francas, lo que facilita su reexportación. 

[En este mapa, se puede seguir el recorrido de las prendas hasta la fecha y permanecerá abierto para que cualquier persona interesada pueda consultarlo en el futuro]. 

Las prendas seguidas por Greenpeace también han sido localizadas en África. En concreto, han aparecido en Egipto, Togo y Marruecos. Cabe destacar que, según la Agencia Europea del Medio Ambiente, el 46 % de los textiles usados exportados desde la UE tienen a países africanos como destino, donde son revendidos alrededor del 60 %, mientras que el resto es desechado, muchas veces directamente en el medio ambiente como Greenpeace pudo comprobar en otra reciente investigación. Cabe destacar que esta práctica, aun pareciendo buena, es muy perjudicial para las economías locales que ven cómo la ropa usada “barata” europea, que inunda los mercadillos de numerosos países, impide el desarrollo de una industria textil local. Otra de las prendas ha llegado a Chile, a pesar que América no es un destino habitual de la ropa usada que se genera en España. Chile posee uno de los casos mundialmente más reconocidos de contaminación textil por las montañas de ropa usada que se acumulan en el desierto de Atacama.

Según las investigaciones de Greenpeace, la ropa usada procedente de España que se envía a países europeos, suele tener un valor económico muy superior a la que se envía a países como Marruecos o Emiratos o Pakistán (que son de los principales destinos de las exportaciones), lo que también indicaría una peor calidad, lo que le resta posibilidades de una segunda vida y un mayor riesgo de acabar siendo desechada, con el consiguiente impacto medioambiental. 

Un sistema que no funciona

Durante el desarrollo del trabajo, la organización ecologista también ha detectado la presencia de un circuito irregular de gestión de residuos textiles, es decir, que se escapan a la gestión autorizada por los ayuntamientos, que tienen la competencia de la recogida selectiva de residuos.

Alrededor de la mitad de los dispositivos de seguimiento no han salido de España, aunque sí se han movido una o varias veces de lugar. Esto es debido a que los cuatro meses de investigación que han transcurrido hasta ahora no son suficientes para realizar el seguimiento completo hasta el destino final de la prenda de ropa que se deposita en un contenedor. Por esta razón, Greenpeace permite que desde su web se realice el seguimiento de los trackers que aún no han llegado a destino actualizando diariamente su localización o hasta que se confirme que las limitaciones de la metodología no han permitido conocer correctamente su localización.

Greenpeace cree que la investigación pone de manifiesto la necesidad de cambiar radicalmente el modelo de producción y consumo de ropa y evitar caer en falsas soluciones o parches que retrasen este cambio. La gestión efectiva de la ropa usada para que no suponga un problema medioambiental y social cada vez mayor, a la que las marcas de ropa estarán obligadas a partir de 2025 tiene que estar acompañada de una reducción drástica de la producción, un aumento de la durabilidad y la calidad de las prendas.

El coste de la "fast fashion" vs. la ropa sostenible

El precio es uno de los principales argumentos que favorecen el consumo de "fast fashion" frente a vestirse de forma sostenible. Greenpeace ha comparado 10 prendas básicas de marcas de "fast fashion" con prendas equivalentes de moda sostenible, tomando como referencia el presupuesto medio de ropa y calzado por persona al año según datos del INE 2022. Partiendo de la reducción del consumo como primer paso de compra sostenible, se ha comprobado que es posible vestirse de forma sostenible sin salirse del presupuesto medio, combinando prendas nuevas de marcas sostenibles con alternativas de consumo circular (como el alquiler y la reutilización) y evitando así los costes ambientales y sociales de la "fast fashion". 

 

Performances en 10 ciudades de España

Por otro lado, activistas de la organización ecologista han realizado actividades reivindicativas en 10 ciudades del estado, en las que han denunciado la relación existente entre la llamada “fast fashion” y sus implicaciones en el medioambiente y la sobreexplotación de personas, principalmente mujeres. Para ello, realizaron una pasarela ficticia en la que se mostraba a modelos desfilando y quitándose la ropa sobre una alfombra negra, como un símbolo de que esta forma de hiperconsumo genera una obsolescencia que no dura ni el tiempo que llevaba a las y los modelos, desfilar por la pasarela. Con lemas como “La moda rápida destruye el planeta y explota a mujeres” o “La mejor oferta es salvar el planeta”, la organización ha querido llevar al corazón comercial de las calles de las principales ciudades del estado, un mensaje para la ciudadanía en general y una llamada a que se repiense esta forma de hiperconsumo que genera impactos ambientales y sociales. 

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