El presidente blanco se impone a Enrique Riquelme con el 65% de los votos en una jornada histórica en Valdebebas, marcada por una participación muy alta, la impugnación de votos por correo y una campaña que convirtió el futuro societario del club en el gran debate del madridismo
Florentino Pérez seguirá siendo presidente del Real Madrid hasta 2030. El dirigente blanco ganó este domingo las elecciones a la presidencia del club frente al empresario Enrique Riquelme en los primeros comicios verdaderamente disputados en dos décadas. La victoria fue clara, pero no absoluta: Pérez obtuvo 21.741 votos, el 65% del total, mientras que Riquelme reunió 11.814 apoyos, el 35%, una cifra lo bastante alta como para dejar una lectura política evidente dentro del madridismo: Florentino gana, pero por primera vez en muchos años aparece una oposición identificable, organizada y con músculo social.
La noche electoral se alargó más de lo previsto. Las urnas habían cerrado a las 20:00 horas en el pabellón de baloncesto de la Ciudad Real Madrid, en Valdebebas, pero el resultado definitivo no se comunicó hasta entrada la madrugada del lunes. La causa principal fue la revisión del voto por correo, después de que la candidatura de Riquelme impugnara alrededor de un millar de sobres por irregularidades relacionadas con el doble sello. Parte de esos votos fueron anulados, aunque la diferencia final era tan amplia que la incidencia no alteró el sentido del resultado.
Florentino compareció después de conocerse su victoria con un mensaje de reafirmación. Presentó el resultado como un respaldo transversal, aseguró que había vencido en todas las mesas electorales y defendió que el club había dado una imagen de normalidad democrática. “Hemos ganado las elecciones y vamos a seguir trabajando para continuar ganando títulos”, proclamó el presidente, que calificó el resultado como extraordinario y lo situó entre los mejores de la historia electoral del club.
Una jornada con sabor histórico
La votación tuvo un carácter excepcional desde primera hora. El Real Madrid no vivía unas elecciones con competencia real desde 2006. Desde entonces, Florentino Pérez había encadenado proclamaciones sin rival o procesos sin votación efectiva. Esta vez sí hubo urnas, papeletas, campaña, tensión, actos públicos, promesas deportivas, lonas, publicidad y una movilización de socios poco habitual en una entidad acostumbrada en los últimos años a la continuidad institucional sin sobresaltos.
La jornada comenzó a las 9:00 de la mañana y se prolongó hasta las 20:00. Las mesas se instalaron en Valdebebas, no en el Santiago Bernabéu, por las circunstancias logísticas derivadas de la visita del papa León XIV a Madrid y del acto previsto en el estadio blanco. Para facilitar la llegada de los socios, el club habilitó autobuses lanzadera desde distintos puntos de la capital. Aun así, desde primera hora hubo colas, tráfico en los accesos y un ambiente de cita grande.
Los datos parciales ya anticipaban que la jornada no iba a ser una votación rutinaria. A las 13:00 horas, la participación rondaba el 16,8%. A las 17:00, ya habían votado 23.593 socios, un 31,37% del censo con derecho a voto, por encima de los registros a esa misma hora en las últimas elecciones comparables: 16,8% en 2006 y 24,7% en 2004. Al final, el recuento total alcanzó los 33.555 votantes, una cifra que confirma hasta qué punto el pulso entre continuidad y cambio despertó al socio madridista.
Florentino Pérez votó por la mañana, poco antes de las 10:00, rodeado de socios que le pidieron fotografías. No hizo declaraciones. Enrique Riquelme acudió alrededor de una hora después y sí aprovechó cada comparecencia para insistir en las ideas fuerza de su campaña: transparencia, democracia interna, gobernanza y defensa del modelo de propiedad del club. Para Riquelme, la votación no era solo una elección presidencial; era, según su discurso, un referéndum sobre el futuro del Real Madrid.
Dos proyectos frente a frente
La campaña enfrentó dos modelos muy distintos.
Florentino Pérez se presentó como la garantía de continuidad, experiencia, solvencia económica y éxito deportivo acumulado. Su mensaje giró en torno a la necesidad de proteger la independencia del Real Madrid, fortalecer el patrimonio del club, modernizar su estructura y mantenerlo en la élite mundial. Su lema, “Mucha historia por hacer”, trató de combinar memoria de los éxitos pasados con promesa de transformación futura.
En el plano deportivo, su candidatura jugó fuerte. Durante la campaña se situó el regreso de José Mourinho al banquillo como uno de los grandes reclamos del proyecto, junto a los nombres de Ibrahima Konaté y Denzel Dumfries para reforzar la defensa. Además, Florentino prometió una gran operación de mercado, una oferta de 150 millones de euros por un futbolista de primer nivel cuyo nombre no desveló durante la campaña. Era el Florentino más reconocible: gestión, poder negociador, galácticos y una idea de autoridad institucional muy marcada.
Enrique Riquelme, por su parte, llegó como el aspirante inesperado. Empresario alicantino, presidente del grupo energético Cox y prácticamente desconocido para gran parte del madridismo hasta hace pocas semanas, logró superar una carrera contrarreloj para presentar candidatura y reunir el aval económico exigido por los estatutos del club, situado en torno a los 187 millones de euros. Solo ese paso ya convirtió las elecciones en históricas: por primera vez en veinte años, Florentino tenía enfrente a un rival validado y con capacidad real de competir.
Su campaña fue agresiva, ambiciosa y muy centrada en la idea de devolver el club al socio. Riquelme prometió frenar cualquier deriva hacia la entrada de capital externo, criticó con dureza la posibilidad de vender una participación minoritaria del club y convirtió el lema “El Real Madrid no se vende” en su bandera política. En lo deportivo, también elevó mucho la apuesta: habló de Jürgen Klopp para el banquillo, de Haaland y Rodri como grandes nombres para el campo, y rodeó su proyecto de figuras simbólicas del madridismo como Raúl, Fernando Hierro, Iker Casillas o Vicente del Bosque.
El debate de fondo: el modelo del club
Más allá de los fichajes, los entrenadores y los golpes de efecto, el gran asunto de esta campaña fue el modelo societario. Florentino Pérez defiende una reforma que permita al Real Madrid blindar su patrimonio y competir en un fútbol cada vez más dominado por clubes-Estado, fondos de inversión y estructuras privadas con enorme capacidad financiera. Su entorno ha presentado esa transformación como una vía para proteger al club, no para venderlo.
Riquelme, en cambio, hizo de ese punto su gran línea roja. Su candidatura alertó de que abrir la puerta a inversores externos, aunque fuera en un porcentaje limitado, podía cambiar la naturaleza del club y poner en riesgo la propiedad de los socios. Esa idea caló en una parte importante del madridismo, hasta el punto de que uno de cada tres votantes eligió la alternativa.
Ahí está la gran lectura política de la noche. Florentino Pérez conserva una mayoría clara y suficiente para seguir gobernando, pero Riquelme ha demostrado que existe una bolsa amplia de socios que quiere más participación, más control interno y más explicaciones sobre el futuro económico del club. No ha ganado, pero ha dejado de ser un nombre desconocido. Y eso, en el Real Madrid, donde durante años nadie logró siquiera forzar unas elecciones, no es poca cosa.
Una campaña corta, intensa y con mucho ruido
Todo ocurrió a una velocidad poco habitual. Florentino Pérez convocó elecciones el 12 de mayo, pese a que todavía le quedaban dos años de mandato. Lo hizo después de una temporada especialmente difícil, sin títulos de gran peso y con un clima de crítica creciente en torno al proyecto deportivo e institucional. Desde ese momento, el proceso se aceleró: revisión del censo, presentación de candidaturas, avales, validación de Riquelme, campaña y votación en apenas unas semanas.
La campaña fue breve, pero intensa. Hubo actos públicos, entrevistas, anuncios, mensajes en prime time, presencia en medios, publicidad exterior y un evidente choque de relatos. Florentino atacó la credibilidad del proyecto rival y defendió su hoja de servicios. Riquelme respondió con una candidatura de impacto, apelando al socio y cuestionando el rumbo del club. No fue una campaña amable, pero sí consiguió algo que hacía años que no ocurría: que el madridismo debatiera sobre el poder, el dinero, la propiedad y el futuro institucional del Real Madrid.
Incluso la publicidad formó parte del duelo. Riquelme apostó por mensajes visuales muy directos contra la posible venta de una parte del club, mientras Florentino puso en valor sus grandes éxitos, sus fichajes históricos y la continuidad de un modelo que ha convertido al Real Madrid en uno de los clubes más poderosos del mundo.
La noche de Riquelme: derrota, pero no despedida
Tras el cierre de las urnas, Enrique Riquelme compareció desde su sede electoral en el Autocine de Madrid. Su tono fue de derrota asumida, pero no de retirada. Agradeció la participación, celebró que después de veinte años los socios hubieran podido votar y dejó una frase que resume bien su estrategia futura: “Hoy ha ganado el Real Madrid”.
Riquelme sostuvo que su candidatura había dado voz a una parte del madridismo que, según él, estaba dormida o no encontraba cauce para expresarse. También dejó claro que seguirá pendiente de la vida institucional del club. Su resultado, un 35%, le permite presentarse no como una anécdota, sino como el primer polo opositor reconocible a Florentino Pérez en muchos años.
Florentino gana, pero empieza otro mandato distinto
La victoria refuerza a Florentino Pérez, pero este mandato no será exactamente igual a los anteriores. Por primera vez en mucho tiempo, el presidente sabe cuántos socios han votado en contra de su proyecto en una elección directa. Y no son pocos: 11.814. La cifra no amenaza su poder inmediato, pero sí obliga a leer el mensaje.
El Real Madrid entra ahora en una nueva fase. En lo deportivo, el club deberá concretar rápidamente las decisiones anunciadas o deslizadas durante la campaña: entrenador, refuerzos defensivos y gran operación de mercado. En lo institucional, el asunto más delicado será la reforma del modelo económico y cualquier posible entrada de capital externo, que previsiblemente tendrá que pasar por los órganos internos del club y por el escrutinio de los socios.
Florentino Pérez ha ganado con claridad. Enrique Riquelme ha perdido con dignidad y con más respaldo del que muchos esperaban. Y el Real Madrid, después de veinte años sin una elección presidencial competida, ha vuelto a vivir una noche electoral de verdad. Con urnas, tensión, retraso, impugnaciones, discursos y una conclusión evidente: el poder sigue en manos de Florentino, pero el silencio institucional del madridismo ya no es el mismo.
