Los anestesistas asturianos no aflojan: mantendrán el parón de peonadas pese al respaldo del Principado frente a Sanidad

Los anestesistas asturianos no aflojan: mantendrán el parón de peonadas pese al respaldo del Principado frente a Sanidad

El colectivo valora el paso dado por la consejera Concepción Saavedra en el Consejo Interterritorial, pero advierte de que los gestos políticos no cambian el fondo del conflicto mientras el Estatuto Marco siga su tramitación. La decisión amenaza con golpear la actividad quirúrgica de tarde y tensionar aún más las listas de espera

Los anestesistas asturianos mantienen el pulso. Ni el respaldo expresado por el Principado a las reivindicaciones médicas frente al Ministerio de Sanidad, ni la reunión mantenida con la gerencia del HUCA, ni el movimiento conjunto de la mayoría de comunidades autónomas en el Consejo Interterritorial han sido suficientes para desactivar la medida de presión anunciada: a partir del 15 de junio dejarán de realizar peonadas quirúrgicas de tarde.

La decisión no es menor. Las llamadas peonadas son esa actividad extraordinaria que permite abrir quirófanos fuera del horario ordinario y absorber parte de una presión asistencial que, en muchos hospitales, ya no cabe dentro de la jornada habitual. Dicho sin anestesia —nunca mejor traído—: si los anestesistas se plantan, una parte de la cirugía programada de tarde puede resentirse. Y cuando se resiente la cirugía, el golpe lo acaban notando las listas de espera y, sobre todo, los pacientes.

El colectivo reconoce el gesto de la consejera de Salud, Concepción Saavedra, que esta semana se alineó con el resto de comunidades autónomas críticas con la gestión del Ministerio en el conflicto del Estatuto Marco. También valora que Asturias haya defendido que la norma básica corresponde al Gobierno central y que las autonomías no pueden asumir solas las consecuencias de una reforma que no han diseñado. Pero para los anestesistas, todo eso no basta.

Su mensaje es nítido: mientras el Estatuto Marco continúe adelante en los términos actuales, el problema sigue exactamente donde estaba.

“Apreciamos esos gestos institucionales, pero consideramos que, más allá de ellos, no se ha producido ningún cambio sustancial que permita modificar nuestra postura”, trasladan desde el colectivo. La traducción política es sencilla: una cosa es que Asturias comparta parte del diagnóstico y otra muy distinta que el conflicto se haya desbloqueado.

Un conflicto que ya no cabe en una mesa autonómica

La protesta de los anestesistas asturianos se enmarca en una crisis sanitaria mucho más amplia, que ha ido creciendo desde principios de año hasta convertirse en uno de los grandes frentes abiertos del Sistema Nacional de Salud. El detonante es la reforma del Estatuto Marco, la norma que regula las condiciones laborales del personal estatutario sanitario.

El Ministerio de Sanidad defiende que el nuevo texto busca modernizar el sistema, ordenar jornadas, limitar abusos y mejorar el marco laboral. Pero buena parte del colectivo médico y facultativo considera que el proyecto no reconoce adecuadamente sus singularidades profesionales, mantiene una estructura de jornada excesiva y no garantiza una negociación propia para quienes sostienen buena parte de la actividad asistencial más compleja.

Las reivindicaciones del colectivo médico pasan por una jornada máxima de 35 horas semanales, una regulación real de las guardias, reconocimiento profesional específico, una mesa de negociación propia y condiciones que no hagan depender el funcionamiento ordinario del sistema del sobreesfuerzo permanente de los facultativos.

Ahí está una de las claves del conflicto: los médicos sostienen que el sistema ha normalizado lo extraordinario. Guardias, prolongaciones de jornada, actividad adicional, peonadas. Lo que nació como refuerzo ha terminado siendo, en muchos casos, una pieza estructural para que la maquinaria no se pare.

Y los anestesistas han decidido tocar justo esa pieza.

El Consejo Interterritorial no cerró la herida

El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud celebrado esta semana en Madrid pretendía encauzar el conflicto, pero acabó evidenciando la fractura. La mayoría de comunidades autónomas se desmarcó del Ministerio de Sanidad y reclamó reabrir un diálogo real con los médicos. Asturias se sumó a ese posicionamiento y subrayó que la aprobación, modificación y desarrollo del Estatuto Marco corresponde al Ministerio.

Para el Principado, el margen autonómico existe, pero es limitado. Puede negociar aspectos propios, avanzar en acuerdos regionales, desarrollar carrera profesional, introducir medidas organizativas y buscar soluciones dentro del Servicio de Salud del Principado. Pero no puede cambiar por sí solo una norma básica estatal.

Ese argumento, sin embargo, no convence lo suficiente a los anestesistas como para suspender su medida. El colectivo considera que el problema central no se ha movido: el anteproyecto ya ha pasado por el Consejo de Ministros y sigue su recorrido. Esa es su línea roja.

El choque, por tanto, tiene una dimensión doble. Por un lado, el Principado intenta presentarse como aliado o, al menos, como administración sensible a la preocupación médica. Por otro, los profesionales responden que el respaldo institucional no sustituye a una rectificación normativa efectiva.

El HUCA, centro simbólico del pulso

La reunión con la gerencia del HUCA tampoco logró cambiar el escenario. El Hospital Universitario Central de Asturias es el gran buque insignia de la sanidad pública asturiana y, precisamente por eso, cualquier tensión en un servicio clave como Anestesiología tiene un impacto que va mucho más allá del propio hospital.

Sin anestesistas no hay quirófano. Puede haber cirujanos, enfermería, camas, material y pacientes citados, pero la anestesia es una pieza imprescindible para buena parte de la actividad quirúrgica. Por eso, cuando este colectivo decide dejar de hacer actividad extraordinaria, el mensaje es especialmente contundente.

No se trata de abandonar la actividad ordinaria ni de dejar sin atención urgente a los pacientes. La medida afecta a las peonadas, es decir, a la cirugía programada fuera de la jornada habitual. Pero precisamente ahí está el problema: si el sistema necesita esas tardes para mantener el ritmo quirúrgico, su suspensión revela hasta qué punto la estructura ordinaria puede estar resultando insuficiente.

El conflicto coloca así al Sespa ante una pregunta incómoda: ¿cuánta actividad quirúrgica depende realmente del esfuerzo adicional de sus profesionales?

El paciente, en medio del choque

La consecuencia más delicada de este pulso no está en los despachos, sino en las agendas quirúrgicas. Si la suspensión de peonadas se prolonga, el impacto puede trasladarse a intervenciones programadas, reordenación de quirófanos y mayor presión sobre unas listas de espera que ya son uno de los grandes termómetros de la sanidad pública.

Los anestesistas son conscientes de ese efecto, pero defienden que precisamente esa dependencia de la actividad extraordinaria demuestra que el sistema necesita una reforma seria y pactada, no una norma que, a su juicio, no resuelve los problemas de fondo.

La administración, por su parte, se mueve en un equilibrio difícil: quiere evitar que la protesta derive en una ralentización quirúrgica, pero tampoco tiene capacidad plena para modificar el texto estatal que ha encendido el conflicto. El margen autonómico pasa por negociar mejoras propias, blindar acuerdos regionales y tratar de contener el malestar. De momento, no ha sido suficiente.

Una fecha marcada en rojo: 15 de junio

El 15 de junio aparece ahora como una fecha clave. Ese día arranca una nueva semana de huelga médica a nivel nacional y, en Asturias, los anestesistas tienen previsto dejar de hacer peonadas. La coincidencia no es casual: el colectivo busca elevar la presión en el momento de máxima visibilidad del conflicto.

El Ministerio de Sanidad insiste en que la reforma del Estatuto Marco introduce avances y que el texto debe seguir su tramitación. Los médicos críticos responden que esos cambios no bastan, que algunas medidas son ambiguas y que la letra pequeña puede perpetuar jornadas excesivas bajo la fórmula de las necesidades del servicio.

Entre ambas posiciones, las comunidades autónomas intentan evitar que la crisis derive en un deterioro asistencial mayor. Pero el tiempo juega en contra. Cada semana sin acuerdo aumenta la tensión, complica la planificación hospitalaria y multiplica el riesgo de que el conflicto deje de ser solo laboral para convertirse en un problema asistencial de primer orden.

Asturias abre la puerta a un marco propio, pero los anestesistas quieren hechos

Saavedra ha trasladado a los sindicatos la voluntad del Principado de avanzar en un estatuto jurídico propio para la sanidad asturiana y en el desarrollo de acuerdos ya comprometidos, como la carrera profesional o medidas de organización del trabajo. Es un movimiento político relevante, porque intenta separar el margen autonómico del bloqueo estatal.

Pero los anestesistas no se mueven. Agradecen la disposición, reconocen el esfuerzo y valoran el cambio de tono, pero mantienen que no ha habido ninguna modificación sustancial. Y esa frase resume el momento: hay diálogo, pero no desconvocatoria; hay gestos, pero no acuerdo; hay comprensión autonómica, pero no solución estatal.

En otras palabras: el Principado ha dado un paso, pero el colectivo considera que el tablero sigue en el mismo sitio.

Un aviso sobre la fragilidad del sistema

La protesta de los anestesistas tiene una lectura que va más allá de Asturias. Señala una grieta profunda en el modelo sanitario: la dificultad para sostener la actividad ordinaria sin recurrir de forma constante a prolongaciones de jornada, guardias extenuantes, actividad extraordinaria y disponibilidad profesional.

Durante años, esas fórmulas han funcionado como válvula de escape. Permitían reducir listas, abrir quirófanos por la tarde y absorber actividad pendiente. Pero también han creado una dependencia peligrosa: cuando los profesionales deciden dejar de hacer ese esfuerzo adicional, el sistema se tambalea.

Por eso esta protesta tiene tanta fuerza. No paraliza toda la asistencia, pero toca un nervio sensible. No cierra los quirófanos ordinarios, pero cuestiona el modelo que permite abrir los extraordinarios. No rompe el sistema, pero muestra dónde cruje.

El pulso continúa

Los anestesistas asturianos mantienen su decisión y el calendario se estrecha. A partir del 15 de junio, si no hay un giro de última hora, dejarán de realizar peonadas quirúrgicas de tarde. El Principado intentará seguir negociando, el Ministerio afronta una presión creciente y los pacientes miran con preocupación un conflicto que puede tener efectos directos en la actividad hospitalaria.

El fondo del asunto sigue sin resolverse: los médicos reclaman que la reforma del Estatuto Marco reconozca mejor su responsabilidad, limite de verdad la sobrecarga y no convierta la excepcionalidad en rutina. Sanidad defiende su reforma. Las comunidades piden diálogo. Y los anestesistas asturianos han decidido que, mientras tanto, no van a seguir tapando las grietas con más tardes de quirófano.

La batalla, de momento, continúa. Y esta vez el campo no está solo en Madrid ni en los comunicados oficiales. Está también en los quirófanos de tarde que pueden quedarse sin actividad extraordinaria.

Dejar un comentario

captcha