El último día del Papa León XIV en España tuvo algo de ceremonia histórica, algo de crónica humana y algo de final cinematográfico: una misa frente al Atlántico, un mensaje durísimo sobre la migración, una despedida con los Reyes y, para rematar, una avería en el avión que debía llevarlo de regreso a Roma. El Pontífice acabó volando en una aeronave ofrecida por Felipe VI, después de que el aparato previsto sufriera una incidencia técnica en Tenerife. El vuelo salió finalmente a las 18:08 hora canaria y aterrizó en Roma a las 23:05.
La jornada había empezado muy temprano en Gran Canaria. Tras la intensa agenda del día anterior en Arguineguín, la Catedral de Santa Ana y el Estadio de Gran Canaria, León XIV salió hacia Tenerife desde la base aérea de Gando. Vatican News sitúa el despegue a las 8:56 hora local y la llegada a Tenerife Norte a las 9:15, ya en la última etapa de su viaje apostólico a España.
Las Raíces: el Papa ante la herida migratoria
El primer gran momento de la mañana fue el encuentro con migrantes en el centro de acogida de Las Raíces, en Tenerife. No fue una parada simbólica más: el centro ha acogido desde su apertura en 2021 a más de 54.000 personas, según la organización oficial de la visita. Allí, el Papa quiso ver de cerca una de las realidades que más han marcado su estancia en Canarias: la llegada de personas por la Ruta Atlántica, una de las más duras y mortales hacia Europa.
En su saludo, León XIV insistió en una idea sencilla pero poderosa: el amor de Dios “no conoce fronteras”. Su mensaje fue claramente pastoral, pero también político en el sentido amplio de la palabra: pidió mirar a los migrantes no como cifras, problemas administrativos o expedientes, sino como personas con historia, dolor, miedo y esperanza.
Después, el Papa mantuvo otro encuentro en la Plaza del Cristo de La Laguna con entidades dedicadas a la integración de inmigrantes. La agenda oficial de la Santa Sede había colocado estos actos como el núcleo del cierre del viaje: Las Raíces, La Laguna, misa en el puerto y ceremonia de despedida en Tenerife Norte.
La misa final: “Ningún ser humano es una isla”
El gran cierre público llegó al mediodía, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. La imagen tenía una fuerza brutal: el altar junto al mar, el Atlántico al fondo y el Papa cerrando su viaje español precisamente ante el océano que tantas veces aparece en las noticias como frontera, cementerio y ruta de salvación desesperada.
La misa congregó a decenas de miles de personas. RTVE habla de unas 35.000; El País elevó la cifra hasta 40.000. Más allá del baile de números, fue el acto final de masas de la visita y el más cargado de simbolismo canario.
En la homilía, León XIV dejó una de las frases del viaje: “Ningún ser humano es una isla”. La expresión encajaba como un guante en Tenerife: una isla real convertida por unas horas en metáfora de la responsabilidad compartida. Europa Press recogió también su llamamiento a abrir “este mar de amor” a quienes llegan tras viajes “expuestos a peligros y violencias inenarrables”.
El mensaje fue directo: Canarias no puede cargar sola con la primera acogida, y Europa no puede mirar hacia otro lado. De hecho, el Gobierno canario ha hecho balance de la visita reclamando que el mensaje del Papa “no quede solo en titulares” y que España y Europa ayuden de verdad ante la presión migratoria.
Una despedida con sobresalto: avería y vuelo en el Falcon del Rey
La ceremonia de despedida estaba prevista en el aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos, con salida hacia Roma a las 15:00. Pero el viaje terminó con un imprevisto de los que hacen felices a cualquier cronista: el avión de Iberia que debía trasladar al Papa sufrió una incidencia técnica y el Pontífice tuvo que abandonar el aparato.
Ahí entró en escena Felipe VI. Según Vatican News y RTVE, el Rey ofreció al Papa una aeronave oficial, el Falcon en el que viajaba él mismo, para que pudiera regresar a Roma. El despegue se produjo finalmente alrededor de las 18:08 hora local, unas dos horas más tarde de lo previsto.
El gesto dejó una despedida muy española, entre institucional y casi de hospitalidad familiar: se estropea el avión y el Rey presta el suyo. Dicho así parece una escena de sobremesa, pero diplomáticamente tuvo una carga evidente: cerró la visita con una imagen de cercanía entre la Casa Real y el Vaticano.
Resumen de su estancia en España
León XIV llegó a España el 6 de junio y recorrió Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. El programa oficial contemplaba una semana completa de viaje, con actos institucionales, encuentros religiosos, celebraciones multitudinarias y una última etapa canaria centrada en la migración.
En Madrid, el Papa combinó la dimensión institucional con mensajes dirigidos a jóvenes, familias y responsables públicos. En Barcelona, la visita tuvo uno de sus momentos más potentes en la Sagrada Família y también dejó lecturas políticas y culturales por el uso de las lenguas y el peso simbólico de Cataluña. En Canarias, el viaje cambió claramente de tono: menos solemnidad monumental y más frontera humana, con Arguineguín, Las Raíces y el Atlántico como escenarios centrales.
El balance general es el de una visita de gran impacto público. El Papa conectó por su cercanía, por su castellano y por un mensaje social muy marcado. Pero también dejó asuntos abiertos: especialmente el de los abusos sexuales en la Iglesia española, sobre el que habló de forma prudente y sin anunciar medidas concretas, lo que ha generado críticas.
En conjunto, su estancia en España puede resumirse así: una gira religiosa con fuerte carga política y social, que empezó en los palacios y grandes templos y terminó donde quizá quería terminar: frente al mar, hablando de quienes llegan sin nada y recordando a España y a Europa que la compasión no puede ser solo una palabra bonita para homilías. Ahí estuvo el verdadero titular.
