El Ayuntamiento activa un nuevo plan con halcones, retirada masiva de huevos y más de 600 actuaciones mientras hosteleros y vecinos denuncian escenas “cada vez más salvajes” en terrazas, playas y barrios enteros
En Gijón ya casi no hace falta mirar al camarero para saber cuándo llega la comida a una terraza. Basta con observar el cielo.
Las gaviotas sobrevuelan plazas, calles y paseos marítimos como auténticos drones naturales esperando el momento exacto para lanzarse en picado sobre un pincho de tortilla, una bolsa de patatas o un cruasán recién servido. Y lo hacen, según denuncian trabajadores y clientes, con una agresividad que hace años era impensable.
La convivencia entre Gijón y las gaviotas ha entrado en una nueva fase.
Ya no se trata únicamente del ruido o de los nidos en tejados. La hostelería denuncia ataques constantes, pérdidas económicas y una sensación creciente de descontrol en algunas zonas de la ciudad.
En plazas céntricas, playas y terrazas, muchos clientes ya comen prácticamente en tensión. Numerosos establecimientos han comenzado a adaptar sus rutinas para intentar minimizar los ataques:
- Tapando pinchos con platos
- Retirando consumiciones vacías inmediatamente
- Vigilando permanentemente las terrazas
- Evitando dejar restos visibles
- Espantando manualmente a las aves
Pero muchos hosteleros consideran que las medidas improvisadas ya no son suficientes y reclaman actuaciones más contundentes.
El nuevo plan: más de mil huevos retirados y halcones patrullando el cielo de Gijón
Ante el creciente malestar ciudadano, el Ayuntamiento de Gijón acaba de activar una nueva campaña de control que estará operativa hasta agosto.
El plan, gestionado por la empresa Laurus Control, prevé:
- Más de 600 actuaciones
- Intervenir sobre cerca del 80% de los nidos detectados
- Retirar más de un millar de huevos
- Utilizar aves rapaces y halcones para ahuyentar gaviotas
- Actuar especialmente en barrios conflictivos como:
- Centro
- El Llano
- Pumarín
El concejal de Medio Ambiente, Rodrigo Pintueles, ha defendido que el objetivo es mantener estabilizada la población de gaviotas mediante fórmulas de control más éticas y sin recurrir al sacrificio de polluelos.
Actualmente, en Gijón hay registradas unas 700 parejas de gaviotas, la cifra más baja desde 2007, según datos municipales. Sin embargo, la percepción ciudadana sigue siendo muy distinta: muchos vecinos consideran que cada vez hay más aves y que su comportamiento resulta más agresivo.
El animal que ha aprendido a convivir con la ciudad… y a aprovecharse de ella
Las gaviotas urbanas ya no se comportan como aves salvajes tradicionales.
El propio Ayuntamiento reconoce en su documentación oficial que se trata de animales extremadamente inteligentes, capaces de aprender hábitos humanos, localizar fuentes fáciles de alimento y transmitir comportamientos al resto de ejemplares.
Pueden vivir más de 20 años y llevan décadas adaptándose al entorno urbano gijonés.
Han aprendido:
- Los horarios de las terrazas
- Qué calles generan más basura
- Dónde comen los escolares
- Qué playas son más fáciles para conseguir comida
- Qué bares dejan pinchos desprotegidos
Y eso ha cambiado completamente la relación con la ciudad.
Ya no son simplemente aves costeras. Son animales urbanos plenamente adaptados al comportamiento humano.
Ataques, sustos y una ciudad que vive mirando hacia arriba
Las redes sociales y los vídeos compartidos por vecinos muestran escenas cada vez más frecuentes:
- Gaviotas arrancando comida de las manos
- Clientes sobresaltados en terrazas
- Bandadas abalanzándose sobre restos de comida
- Niños asustados en playas y parques
- Camareros espantándolas constantemente
En algunos casos incluso llegan a producir pequeños accidentes al tirar vasos o generar caídas por sobresaltos.
El Ayuntamiento insiste en que la clave pasa también por la colaboración ciudadana.
La campaña municipal recuerda que alimentar gaviotas está prohibido y puede acarrear multas de hasta 750 euros. Además, pide evitar dejar restos de comida accesibles y reforzar el control de residuos.
Porque el problema, admiten muchos expertos, no es únicamente cuántas gaviotas hay.
El verdadero problema es que Gijón se ha convertido para ellas en un buffet libre permanente.
El gran dilema: controlar sin destruir
El debate ha abierto además una cuestión incómoda en la ciudad.
Muchos vecinos reclaman medidas más duras, mientras otros defienden que las gaviotas forman parte natural del ecosistema costero gijonés y rechazan cualquier método letal.
El Ayuntamiento ha optado ahora por una estrategia de “control sin dañar”, basada en la retirada de huevos, la disuasión con rapaces y la reducción de alimento disponible.
Pero en buena parte de la hostelería existe escepticismo.
Muchos trabajadores creen que las medidas llegan tarde y que las aves han perdido completamente el miedo al ser humano.
Y mientras tanto, en muchas terrazas gijonesas, los clientes ya han incorporado un nuevo gesto cotidiano:
Antes de darle el primer mordisco al pincho… mirar al cielo.
