El presidente del Principado defiende una revisión de la política tributaria propia para que llegue a más familias y avisa al Gobierno de España de que Asturias mantiene ahora mismo su “no” a la propuesta de financiación autonómica
El presidente del Principado, Adrián Barbón, quiere reforzar la llamada vía fiscal asturiana para que sus beneficios lleguen con más intensidad a las clases medias. El jefe del Ejecutivo abrió este miércoles en la Junta General una nueva reflexión sobre la política tributaria propia de Asturias, con un mensaje muy claro: el alivio fiscal impulsado hasta ahora ha beneficiado a trabajadores y familias, pero aún hay una parte de la clase media que no se siente suficientemente representada.
Barbón situó el debate fiscal en el centro de la sesión de control parlamentario, en respuesta a una pregunta de la diputada del grupo mixto Covadonga Tomé. El presidente reconoció que el encarecimiento de la vida es una de sus principales preocupaciones y defendió que el Principado debe seguir afinando sus herramientas fiscales para responder a esa presión cotidiana que soportan miles de hogares.
“Creo que hay que potenciar aún más la mirada a las clases medias. No podemos descolgarlas de la atención fiscal. Lo estamos consiguiendo con las clases trabajadoras, pero hay una parte de la clase media que no se siente representada y tenemos que reflexionar sobre ello”, afirmó.
La vía fiscal asturiana es la política tributaria propia del Principado, diseñada para consolidar un sistema más progresivo y más justo mediante una amplia batería de deducciones. El Gobierno autonómico la presenta como una herramienta de apoyo directo a familias, trabajadores y contribuyentes con rentas medias, especialmente en un contexto marcado por la subida de precios, el encarecimiento de la vivienda y el aumento general del coste de la vida.
Según los datos expuestos por el Ejecutivo, esta estrategia permitió en 2024 un ahorro de 90 millones de euros en el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) para las clases medias y trabajadoras. La previsión es que esa cifra pueda elevarse hasta los 133 millones en la campaña de 2025, gracias a las nuevas medidas vinculadas al IRPF.
Un mensaje fiscal con lectura política
La intervención de Barbón no se limitó al terreno tributario. El presidente aprovechó la sesión para vincular el debate fiscal asturiano con otro asunto de fondo: la reforma del modelo de financiación autonómica. Y ahí el mensaje fue todavía más contundente.
El jefe del Ejecutivo aseguró que Asturias acudirá a las reuniones bilaterales que convoque el Ministerio de Hacienda, pero no para aceptar sin más la propuesta del Gobierno central, sino para defender una posición propia, alineada con la Declaración de Santiago y con el acuerdo aprobado en la Junta General.
Barbón fue especialmente claro al fijar la posición actual del Principado: “Si el Gobierno de España quiere ganarse el sí de Asturias, debe reorientar su propuesta en la línea que nosotros defendemos. Mi posición, en este momento, es el no”.
Con esa frase, el presidente volvió a marcar distancia con el Ejecutivo central y lanzó un aviso político de calado: Asturias no dará su apoyo a una reforma de la financiación autonómica si no incorpora los criterios que considera esenciales para defender los intereses de la comunidad.
Asturias irá a negociar, pero con condiciones
El Principado sostiene que debe estar presente en cualquier foro donde se discuta el futuro modelo de financiación. Para Barbón, no acudir a las reuniones con Hacienda sería renunciar a defender la posición asturiana en el lugar donde se toman las decisiones.
Esa fue precisamente la crítica que dirigió al Partido Popular, después de que su portavoz, Álvaro Queipo, reclamara que Asturias no participara en esos encuentros bilaterales con el ministerio.
Barbón acusó al PP asturiano de anteponer la estrategia nacional de su partido a los intereses del Principado. “Iremos a defender la posición de Asturias en financiación autonómica, a defender la posición de este pleno y de la Declaración de Santiago. Mientras, usted está a lo que le ordenan desde Génova”, reprochó a Queipo.
La frase resume el choque político de fondo: el Gobierno asturiano defiende que hay que acudir a las reuniones para pelear la posición de Asturias, mientras acusa al PP de querer convertir la ausencia institucional en un gesto de disciplina partidista.
La financiación autonómica, nuevo campo de batalla
La reforma del sistema de financiación autonómica se ha convertido en uno de los grandes asuntos políticos de la legislatura. Para Asturias, el debate es especialmente sensible porque afecta directamente a la capacidad de la comunidad para sostener servicios públicos, atender el envejecimiento de la población, compensar la dispersión territorial y garantizar recursos suficientes para sanidad, educación, dependencia e infraestructuras.
Barbón volvió a dejar claro que el Principado no aceptará una reforma que no tenga en cuenta esas singularidades. Su posición, por tanto, combina dos mensajes: disposición a negociar, pero rechazo frontal a una propuesta que no recoja las demandas asturianas.
En paralelo, el presidente quiere reforzar la vía fiscal asturiana como seña de identidad de su política económica: una fiscalidad propia, progresiva y orientada a aliviar a las familias que más notan la presión de los precios, sin renunciar a los ingresos necesarios para sostener el Estado del bienestar en Asturias.
Las clases medias, en el centro del nuevo discurso
El movimiento de Barbón tiene también una lectura social evidente. Al hablar de las clases medias, el presidente pone el foco en un sector amplio de la población que no siempre se reconoce dentro de las políticas de ayuda directa, pero que también sufre la subida de precios, las hipotecas, los alquileres, la cesta de la compra y los gastos familiares.
El mensaje del jefe del Ejecutivo fue, en ese sentido, muy explícito: Asturias debe seguir protegiendo a las clases trabajadoras, pero sin dejar fuera a esa parte de la clase media que siente que paga cada vez más y recibe cada vez menos margen de alivio.
La propuesta no concreta todavía nuevas deducciones o medidas específicas, pero sí abre la puerta a una revisión de la política fiscal autonómica para ampliar su alcance. El objetivo, según el planteamiento del presidente, es que la vía fiscal asturiana no se perciba solo como un instrumento técnico, sino como una respuesta política y social al malestar económico de una parte importante de la ciudadanía.
Una doble advertencia
La sesión dejó, en definitiva, una doble advertencia de Barbón. La primera, dirigida hacia dentro: el Principado debe revisar su política fiscal para que las clases medias se sientan más atendidas. La segunda, dirigida a Madrid: Asturias no apoyará una reforma de la financiación autonómica si el Gobierno de España no reorienta su propuesta.
Entre ambas ideas se mueve ahora el discurso del Ejecutivo asturiano: aliviar más a las familias desde la fiscalidad propia y defender con firmeza una financiación autonómica que, a juicio del Principado, debe respetar las necesidades reales de Asturias.
Barbón quiso dejar claro que negociará, pero no firmará un cheque en blanco. Y que la política fiscal asturiana, lejos de darse por cerrada, puede abrir una nueva fase con las clases medias como protagonistas.
