Recetas de una abuela asturiana: Salchichas fresques de carnicería guisadines con sidrina, patatines y pimientos (pa mojar pan sin vergüenza)

Recetas de una abuela asturiana: Salchichas fresques de carnicería guisadines con sidrina, patatines y pimientos (pa mojar pan sin vergüenza)

Una receta sencilla, barata y con fundamento, de esas que convierten unas salchichas frescas en un plato de domingo aunque sea martes

Ay, cielín, qué tendrá una buena salchicha fresca de carnicería que, si la trates con cariño, préstase como si fuera cosa fina de restaurante. Que sí, que mucha xente les fríe deprisa, les pone al lao cuatro patates y hala, a comer. Pero eso ye como ponerle madreñes a un santo: poder, puedes, pero nun luce.

Yo hoy traigo una receta de les mías, de les de cocina de casa, con olorcín rico, con salsa pa untar pan y con esa alegría que da abrir una botella de sidra y echar un chorrín al guiso. Unes salchichas fresques de carnicería guisadines con sidrina, patatines y pimientos, que quedan tiernes, sabroses y con una salsa que ye pa mirar al plato y decir: “Balbina, esto ye pecado, pero de los buenos”.

Y además, nun fai falta gastar un dineral. Con unes salchichas decentes, cebolla, ajo, pimientos, patatines y un poco de sidra natural, tienes una comida que alimenta, consuela y pone la casa oliendo a gloria bendita.

Ingredientes para 4 personas

  • 12 salchichas frescas de carnicería, mejor si son de cerdo y bien hechas, de esas que se ven gordines y con alegría
  • 4 patatas medianas
  • 1 cebolla grande
  • 2 dientes de ajo
  • 1 pimiento rojo pequeño
  • 1 pimiento verde italiano
  • 1 vaso generoso de sidra natural asturiana
  • 1 vaso pequeño de caldo de carne o de agua, si no tienes caldo
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 1 hoja de laurel
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Pimienta negra
  • Un poco de perejil fresco picado
  • Opcional: media cucharadina de mostaza antigua, que le da un puntín muy curioso y moderno, pero sin ponerse uno finolis de más

Preparación paso a paso

Lo primero, cielín, ye tratar les salchichas con respeto. Nada de pincharlas como si fueran el muñeco de un exnovio, que luego pierden el jugo y quedan tristes. Pon una cazuela amplia al fuego con un chorrín de aceite de oliva y, cuando esté caliente, dora les salchichas por todos los lados. No hace falta hacerlas del todo, solo que cojan colorín. Cuando estén guapes, sácalas y resérvalas en un plato.

En esa misma cazuela, que ahí queda la sustancia buena, echas la cebolla cortada en juliana fina. Baja un poco el fuego y deja que vaya pochando despacín. Añade también los ajos picadinos, el pimiento rojo y el pimiento verde cortados en tiras. Pon una pizca de sal para que suden les verduras y déjalas hacerse con calma, que la cocina buena nun se lleva bien con les prisas.

Cuando la cebolla esté blandina y empiece a coger color dorado, añade la cucharadita de pimentón dulce. Remueve rápido, que el pimentón ye muy suyo y si se quema amarga más que una vecina criticona. Enseguida, echa el vaso de sidra natural. Verás qué olor, madre mía. Eso ye Asturias entrando por la ventana aunque vivas en un quinto con vistas al patio.

Deja que la sidra hierva un par de minutos para que pierda el alcohol y se quede con ese saborín ácido y alegre. Añade entonces el vaso pequeño de caldo o agua, la hoja de laurel y, si te apetece, media cucharadina de mostaza antigua. No ye obligatorio, pero le da un toque que presta mucho.

Ahora vuelven les salchichas a la cazuela. Colócalas con mimo, cúbrelas un poco con la salsa y baja el fuego. Tienen que guisarse despacín durante unos 20 minutos, con la cazuela medio tapada. Si ves que se queda seco, añades un poco más de caldo o agua. La salsa tiene que quedar ligada, sabrosa, ni sopa ni cemento, que aquí venimos a comer, no a levantar tabiques.

Mientras tanto, pela les patatas y córtalas en dados medianos o en gajos. Puedes freírlas aparte, que quedan de escándalo, o cocerlas unos minutos y luego añadirlas al guiso para que chupen salsa. Yo, que soy muy de aprovechar el sabor, suelo freírlas un poco primero, sin dejarlas del todo crujientes, y luego las meto los últimos 10 minutos en la cazuela. Así quedan tiernes por dentro, sabroses por fuera y con ese punto de “ay, dame otra”.

Cuando las patatas estén hechas y les salchichas bien guisadines, prueba la salsa. Rectifica de sal y pimienta. Espolvorea un poco de perejil fresco picado por encima y deja reposar cinco minutos antes de servir. Esto ye importante, cielín: los guisos, como les persones, necesitan un momentín pa asentarse.

El truco de Balbina

El truco está en no freír les salchichas hasta secarlas. Solo dorarlas y luego dejar que terminen de hacerse en la salsa. Así quedan jugosas y con todo el sabor metido dentro.

Y otra cosa: la sidra natural le va de maravilla, pero tiene que ser sidra de verdad, no una cosa dulce de esas que parecen refresco de manzana con ínfulas. La sidra buena alegra la salsa, levanta el plato y hace que todo tenga más gracia.

Cómo servirlas

Sírvelas bien calientes, con les patatines alrededor y bastante salsa por encima. Y pon pan en la mesa. Pan bueno. Porque esta receta sin pan ye como romería sin gaitero: algo falta.

También puedes acompañarlas con una ensalada sencilla de lechuga, tomate y cebolla, para engañar un poco a la conciencia. Pero vamos, que aquí la estrella ye la cazuela, y la conciencia ya si eso que espere al lunes.

Una receta pa repetir

Estas salchichas fresques guisadines con sidrina son perfectas para una comida familiar, para una cena de invierno, para un domingo sin ganas de complicarse o para esos días en que una necesita algo rico que abrace por dentro.

Porque la cocina de casa no tiene que ser difícil. Tiene que ser honrada, sabrosa y hecha con cariño. Y si además deja una salsa de esas que hacen callar a la mesa durante dos minutos, porque todo el mundo está untando pan, entonces ye que salió bien.

Así que ya sabes, cielín: compra unes salchichas buenas, abre una sidrina, pon la cazuela al fuego y cocina sin miedo. Que con cuatro coses bien tratades se puede hacer una maravilla.

Y ahora déjame que me siente un poco, que entre el guiso, la sidra y el olorcín que quedó en la cocina, igual me animo y repito. Pero solo un poquitín, ¿eh? Que luego dicen que Balbina tien buen saque… y razón nun-y falta.

 

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