La selección de Luis de la Fuente inicia hoy su camino hacia la segunda estrella en Atlanta, tras una jornada marcada por el 7-1 alemán a Curazao, el tropiezo de Países Bajos ante Japón y el golpe de Costa de Marfil a Ecuador
El Mundial ya ha dejado de calentar motores. Ahora empieza a rugir de verdad. La última jornada ha servido para recordar una de esas verdades viejas del fútbol: los favoritos pueden empezar caminando… o pueden entrar tirando la puerta abajo. Alemania eligió lo segundo. Su 7-1 ante Curazao fue el primer gran estruendo del torneo, una goleada de las que no solo suman tres puntos, sino que colocan una pancarta gigantesca sobre la competición: cuidado, aquí estamos.
La selección alemana no tuvo piedad de una Curazao debutante que, pese al castigo, vivió también una noche histórica. Marcó su primer gol mundialista y dejó una imagen de orgullo en medio del vendaval. Pero Alemania fue demasiado. Mucho ritmo, mucha llegada, mucha pegada y la sensación de que, cuando las cosas se ponen serias, los alemanes siguen sabiendo cambiar el gesto del campeonato con una sola actuación.
No fue la única señal importante de las últimas horas. Países Bajos se atascó ante Japón en un 2-2 que sabe a advertencia. Los neerlandeses se adelantaron, volvieron a ponerse por delante y aun así no fueron capaces de cerrar el partido. Japón, competitivo hasta el último aliento, empató cerca del final y volvió a demostrar que ya no es una selección simpática que molesta un rato: es un equipo serio, intenso y capaz de incomodar a cualquiera.
En el Grupo E, Costa de Marfil también levantó la mano. Su victoria por 1-0 ante Ecuador dejó tocada a la selección sudamericana, que se estrelló contra los palos y contra una realidad muy incómoda: en un Mundial de grupos apretados, empezar perdiendo obliga a remar con el agua al cuello desde el primer día. Ecuador tuvo opciones, tuvo ocasiones y tuvo mala suerte, pero el marcador no entiende de lamentos. Costa de Marfil golpeó primero y se coloca en una posición magnífica.
Suecia, por su parte, también se dio un festín. El 5-1 ante Túnez confirma que el Grupo F no va a ser precisamente un paseo para nadie. Con Países Bajos y Japón empatados, el triunfo sueco tiene valor doble: puntos, goles y autoridad. En un Mundial donde la diferencia de goles puede acabar decidiendo vidas y muertes deportivas, ganar así en la primera jornada es oro puro.
Y ahora, España
Hoy le toca a España. Y no hay manera elegante de decirlo: La Roja debuta con la obligación de ganar. Cabo Verde merece respeto, muchísimo respeto, porque estas selecciones debutantes o poco habituales llegan al Mundial con una energía peligrosa, sin complejos y con el tipo de ilusión que a veces convierte un partido aparentemente desigual en una trampa. Pero España es favorita. Favorita clara. Y cuando una selección llega con ese cartel, el primer partido no se juega solo contra el rival: se juega contra los nervios, contra las expectativas y contra la necesidad de empezar sin sustos.
Luis de la Fuente lo ha expresado con una frase muy de seleccionador, pero cargada de sentido: el partido ante Cabo Verde es el más importante del Mundial. No porque sea el rival más poderoso, sino porque es el primero. Porque marca el tono. Porque una victoria ordena el grupo, baja pulsaciones y permite mirar a Arabia Saudí y Uruguay con otro cuerpo. Y porque un tropiezo en el estreno convertiría el Mundial español en una semana de incendios, tertulias, calculadoras y dramatismo nacional. Vamos, el pack completo.
España llega con una generación que mezcla oficio y talento joven. Rodri debe ser el faro. Pedri, la pausa. Fabián Ruiz, el equilibrio. Lamine Yamal, si finalmente entra en el plan de partido, el desorden luminoso. Cucurella aparece en el foco por su posible fichaje por el Real Madrid, pero dentro de la selección el mensaje es claro: concentración absoluta. De la Fuente ha tratado el asunto con naturalidad y ha dejado caer que el grupo está acostumbrado a convivir con el ruido exterior. Otra cosa es que el ruido, cuando viene del Madrid y en pleno Mundial, suene como una banda de tambores en una biblioteca.
La alineación más probable apunta a Unai Simón en la portería, defensa con Pedro Porro o Marcos Llorente en el lateral derecho, Cubarsí y Laporte como pareja de centrales, Cucurella en la izquierda, centro del campo para Rodri, Pedri y Fabián, y arriba Ferran Torres, Oyarzabal y una duda entre Dani Olmo, Baena u otra pieza ofensiva según el plan elegido por De la Fuente. No será un once menor. España quiere empezar mandando.
Cabo Verde: la trampa del debutante feliz
Cabo Verde jugará el partido más importante de su historia. Eso ya lo cambia todo. No tendrá la presión de España, pero sí tendrá una motivación descomunal. Para ellos, enfrentarse a una campeona del mundo y candidata al título es una oportunidad irrepetible de hacer ruido global.
Su partido pasa por resistir, juntar líneas, correr cuando España pierda el balón y convertir cada minuto sin encajar en una pequeña victoria psicológica. Si España no abre pronto la lata, el encuentro puede ir ganando nervio. Y ahí es donde La Roja debe demostrar madurez: paciencia sin dormirse, posesión con profundidad y presión tras pérdida para evitar contragolpes incómodos.
España no puede caer en la tentación de jugar el partido como si ya estuviera ganado. Ese es el único peligro real. Si mueve rápido, si pisa área, si roba arriba y si convierte la posesión en amenaza, debería imponer su jerarquía. Pero si entra lenta, decorativa y demasiado confiada, Cabo Verde puede convertir la noche en una de esas historias mundialistas que luego se cuentan durante décadas.
Lo que viene hoy
La jornada no termina con España. Después llegará el Bélgica-Egipto, otro partido con aroma interesante. Bélgica empieza un nuevo intento de demostrar que sigue teniendo peso competitivo internacional, mientras Egipto llega con capacidad de incomodar y la obligación de no limitarse a mirar.
Ya de madrugada, Arabia Saudí se enfrentará a Uruguay en el otro partido del grupo de España. Ese duelo interesa muchísimo a La Roja. Uruguay es, sobre el papel, el rival más duro del Grupo H, el partido que puede decidir el liderato. Arabia Saudí, en cambio, buscará exactamente lo mismo que Cabo Verde: convertir su aparente inferioridad en una noche incómoda para el favorito.
El cierre de la jornada será el Irán-Nueva Zelanda, un partido del Grupo G que puede parecer menor en el escaparate, pero que tendrá valor enorme para las cuentas de clasificación.
La lectura de las últimas 24 horas
El Mundial ha dejado ya varias señales claras. Primera: Alemania está lista. Segunda: Japón sigue siendo una selección peligrosísima. Tercera: las selecciones africanas han empezado con personalidad, con Marruecos empatando ante Brasil y Costa de Marfil ganando a Ecuador. Cuarta: los favoritos que entren dormidos van a sufrir.
Y quinta, la más importante para nosotros: España tiene hoy una oportunidad perfecta para empezar bien, pero también una obligación enorme de no regalar ni medio minuto. Un Mundial no se gana en el primer partido, pero se puede empezar a complicar de una manera absurda.
Hoy debuta La Roja. Hoy empieza el sueño de la segunda estrella. Y, como siempre pasa con España, entramos al Mundial con ilusión, talento, dudas razonables y esa sensación maravillosa y peligrosísima de que, si todo encaja, podemos hacer algo grande.
Lo malo es que eso también lo sabemos nosotros. Y cuando España se sabe buena, a veces necesita que alguien le recuerde que los Mundiales no se juegan con el currículum, sino con los tacos bien puestos en el césped.
