“Se nos acabó el salmón de tanto usarlo.”
Ese es el lema —duro, incómodo, casi provocador— que empieza a instalarse entre pescadores y expertos tras un arranque de temporada que ya ha entrado en la historia negra de la pesca en Asturias.
Una semana después del inicio de la campaña del salmón, ni rastro del campanu. Ni una sola captura. Ni una señal. Solo agua corriendo y cañas en tensión… sin respuesta.
Un inicio que hiela la sangre
Lo que está ocurriendo en los ríos asturianos no es solo un mal arranque. Es algo más profundo.
- 2026: 0 salmones tras la primera semana
- 2025: 4 salmones a estas alturas
- 2008: 235 salmones antes del 1 de mayo
- 2007: 124 salmones
La comparación no admite matices emocionales: el desplome es brutal.
Sí, este año la temporada empezó más tarde (18 de abril), pero ese factor ya no sirve como excusa suficiente. La tendencia viene de lejos y es implacable: cada año hay menos salmones… y llegan más tarde.
De la abundancia al vacío: la caída de un símbolo
Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que Asturias superaba con facilidad los 1.500 salmones por temporada. Hoy esa cifra suena a ciencia ficción.
- En los años 2000 se rozaban los 2.000 ejemplares
- En 2016 aún se superaban los 1.100
- En 2025 se cerró con apenas 130, el peor dato histórico
Y ahora, en 2026, el arranque apunta a algo todavía más inquietante.
No es que haya pocos salmones. Es que empiezan a no aparecer.
Medidas desesperadas… sin efecto
La Consejería de Medio Rural ha intentado reaccionar:
- Retraso del inicio de temporada
- Eliminación del periodo sin muerte previo
- Reducción drástica de cupos
- Limitaciones por pescador
Pero la realidad es tozuda: los ríos siguen vacíos.
Esto abre una pregunta incómoda:
¿Estamos llegando tarde a todas las decisiones?
El problema no está solo en el río
Cada vez más voces apuntan a que la clave no está únicamente en Asturias.
Los pescadores lo dicen sin rodeos:
“El problema está en el mar.”
Y no les falta razón. Los expertos señalan varios factores críticos:
- Aumento de la temperatura del agua
- Cambios en las corrientes marinas
- Depredadores en aumento
- Ríos fragmentados por presas
- Pérdida de hábitat natural
El salmón atlántico, además, vive en Asturias en su límite sur europeo, lo que lo hace especialmente vulnerable.
De tradición a alarma: el cambio de relato
El campanu ya no es solo una tradición.
Se está convirtiendo en un indicador ecológico.
Antes, su ausencia generaba expectación.
Hoy, genera preocupación.
Antes era una fiesta.
Ahora empieza a parecer un síntoma.
¿Tiene sentido seguir pescando salmones?
La pregunta ya está sobre la mesa. Y cada vez suena más alto.
Algunos expertos plantean directamente la prohibición total de la pesca del salmón.
Otros defienden medidas aún más restrictivas.
Mientras tanto, el sector se divide:
- Pescadores que piden soluciones urgentes
- Administraciones que ajustan normas
- Científicos que alertan de un posible colapso
Pero hay algo en lo que todos coinciden:
esto ya no es normal.
El silencio del río
El dato más impactante no es un número. Es una sensación.
Ese momento en el que el pescador lanza la caña… y no pasa nada.
Ni un movimiento. Ni una señal.
Ese silencio se está repitiendo demasiado.
Y cuando un ecosistema deja de responder, no es casualidad.
El aviso que nadie quería escuchar
Asturias no está viviendo un mal año de pesca.
Está viviendo algo mucho más serio.
Un cambio de ciclo.
Un aviso.
Un punto de inflexión.
Porque si el campanu no sale…
quizá el problema no sea el campanu.
Quizá el problema es que el salmón, tal y como lo conocíamos, se está acabando.
Y entonces la frase deja de ser un lema para convertirse en una advertencia real:
