Los controles de velocidad, los fotorrojos y las cámaras de acceso a calles peatonales dibujan el nuevo mapa de la multa en la capital asturiana. La avenida de Santander, Santullano, San Julián de los Prados y Los Avellanos concentran algunos de los puntos más sensibles para los conductores.
Oviedo no solo tiene cuestas, rotondas imposibles, prisas de hora punta y conductores que creen que el semáforo en ámbar es una invitación filosófica a decidir rápido. También tiene ya un mapa muy definido de puntos donde el tráfico queda retratado, literalmente, por radares, fotorrojos y cámaras de control de acceso. Y el balance de 2025 deja una conclusión clara: la ciudad sanciona cada vez más por medios automáticos.
Los controles de velocidad, los sistemas que detectan semáforos en rojo y las cámaras de calles peatonales tramitaron durante el año pasado más de 35.000 denuncias. Si se cuentan solo los tres grandes bloques principales —radares, fotorrojos por luz roja y cámaras peatonales— la cifra alcanza 35.953 expedientes. Y si se añaden otras infracciones asociadas a los fotorrojos, como rebasar la línea de detención o incumplir la flecha de carril, el volumen se eleva todavía más.
La consecuencia también se nota en la caja municipal. Las multas de tráfico dejaron en las arcas del Ayuntamiento 4,73 millones de euros en 2025, casi dos millones más que el ejercicio anterior. Traducido a una media diaria, el sistema sancionador generó cerca de 13.000 euros al día. No todo procede de radares, ni mucho menos, pero la fotografía general es evidente: Oviedo ha entrado de lleno en la era de la vigilancia automatizada del tráfico.
Los dos radares más activos: Santander y Santullano
En el capítulo de velocidad, los dos puntos más sancionadores fueron la avenida de Santander y el bulevar de Santullano. Entre ambos sumaron 5.761 denuncias por exceso de velocidad. El primero cerró el año con 3.304 expedientes y el segundo con 2.457.
Eso significa que solo estos dos radares detectaron una media de casi 16 conductores al día circulando por encima del límite permitido. Dicho de otra manera: entre Santander y Santullano, Oviedo tramitó una denuncia por velocidad aproximadamente cada hora y media durante todo el año. Así, sin ponerse dramáticos, pero con el velocímetro haciendo sudar.
El tercer radar urbano con más actividad fue el de Muñoz Degraín, con 1.641 denuncias. Por detrás aparecen otros puntos como Adelantado de la Florida, con 478; la avenida de Galicia, con 300; la avenida del Cantábrico, con 175; La Tenderina, con 158; y la avenida de los Monumentos, con 104.
En total, los radares de velocidad generaron 14.131 denuncias en Oviedo. La inmensa mayoría fueron calificadas como infracciones graves: 14.116. Solo 15 entraron en la categoría de muy graves, lo que indica que la mayor parte de las sanciones no corresponden a excesos extremos, sino a conductores que superan el límite en tramos urbanos donde cualquier despiste se paga. Literalmente.
El fotorrojo gana al radar
Aunque los radares de velocidad concentran buena parte de la atención pública, el sistema más sancionador en Oviedo no fue el cinemómetro, sino el fotorrojo. Las cámaras instaladas en semáforos tramitaron 14.700 sanciones por no respetar la luz roja. A ellas se suman 571 denuncias por rebasar la línea de detención y 182 por no obedecer la flecha de carril.
Los fotorrojos no miden velocidad. Su función es otra: detectar a los vehículos que cruzan cuando el semáforo está en rojo. En la práctica, el sistema suele funcionar con imágenes del vehículo antes y después de la línea de detención, con el semáforo visible en fase roja y la matrícula identificable. Es decir, no es una bronca de palabra contra palabra. Aquí la cámara habla, y normalmente habla con bastante mala leche para el bolsillo.
Por ubicaciones, el punto que más sanciones concentró fue el bulevar de San Julián de los Prados, con 9.792 denuncias. Es, con diferencia, uno de los grandes puntos negros del mapa sancionador de Oviedo. Le siguen la plaza de Castilla, con 2.316, y la Ronda Sur, con 2.003.
También aparecen en el listado la avenida de Santander, con 823 sanciones por semáforo en rojo; Independencia, con 313; y General Elorza, con 276. La lectura es clara: el problema no está solo en correr, sino también en apurar los cruces. Ese “me da tiempo” que tantas veces se piensa al volante en Oviedo se convirtió en 2025 en miles de expedientes.
Los Avellanos, la calle peatonal que más multas genera
El tercer gran bloque de sanciones corresponde a las cámaras que controlan accesos indebidos a calles restringidas al tráfico. En este apartado, Oviedo tramitó 7.122 multas durante el año pasado.
La calle con más denuncias fue Los Avellanos, con 3.672 sanciones, más de la mitad del total de este tipo de infracciones. Es el gran punto sensible del control de accesos en zona peatonal. Le siguen León y Escosura, con 649; Manuel Pedregal, con 617; Mendizábal, con 600; y La Luna, con 434.
También se registraron sanciones en Pérez de la Sala, con 236; la plaza del Fresno, con 222; y Fermín Canella, con 107.
Este dato tiene interés más allá de la multa individual. Las cámaras peatonales no persiguen la velocidad ni el semáforo en rojo, sino el uso indebido de espacios urbanos reservados, restringidos o pacificados. En una ciudad que ha ido ganando zonas peatonales y reorganizando el tráfico en el centro, estos sistemas se han convertido en una herramienta cada vez más importante. Y también en una fuente creciente de enfado vecinal cuando la señalización no se entiende o cuando el conductor ocasional entra donde no debe pensando que “solo es un momentín”. El momentín, en 2025, salió caro.
Estacionamiento, alcohol, móvil y drogas
La vigilancia automática no lo explica todo. La Policía Local también tramitó 7.492 denuncias por estacionamiento irregular, una cifra que confirma que el aparcamiento sigue siendo uno de los grandes campos de batalla urbanos. Oviedo no es Manhattan, pero a ciertas horas encontrar sitio puede exigir paciencia, suerte y una negociación espiritual con el destino.
Además, se registraron 429 denuncias por alcoholemia, 120 por uso del teléfono móvil al volante, 37 por conducción bajo los efectos de las drogas y 22 por negativa a realizar la prueba de alcoholemia.
Estos datos son especialmente sensibles porque afectan directamente a la seguridad vial. Una cosa es una multa por acceder a una calle restringida o por superar ligeramente el límite en una avenida, y otra muy distinta conducir bebido, drogado o mirando el móvil. En ese terreno, la sanción no es solo recaudación: es prevención pura y dura.
La recaudación se dispara: de 2,84 a 4,73 millones
El salto económico es uno de los elementos más llamativos del balance. Las sanciones de tráfico dejaron 4,73 millones de euros en las arcas municipales durante 2025. En 2024, la cifra conjunta de ingresos en periodo voluntario y vía ejecutiva rondaba los 2,84 millones. El incremento, por tanto, se acerca al 67%.
La mayor parte del dinero llegó por pagos en periodo voluntario, que pasaron de 2,46 millones en 2024 a 4,29 millones en 2025. Es decir, muchos conductores optaron por pagar pronto, probablemente para beneficiarse de la reducción correspondiente y cerrar el expediente cuanto antes. La vía ejecutiva también aumentó, aunque de forma más moderada: de 381.064 euros a 444.470.
A todo ello se suma el servicio de grúa, que aportó alrededor de 650.000 euros. Aquí conviene matizar algo importante: la grúa no es una multa automática ni tiene la misma lógica que un radar, pero forma parte del ecosistema sancionador y de ordenación del tráfico. Y, para quien se encuentra el coche desaparecido, la diferencia administrativa importa entre poco y nada: el disgusto es igual de democrático.
Oviedo frente al espejo de Asturias
Para entender la dimensión real del fenómeno, conviene comparar los datos municipales con los de los radares de carretera. En la red estatal, el gran radar asturiano sigue siendo el de la A-66 a la altura de El Caleyo, en Oviedo. Según el último informe de Automovilistas Europeos Asociados con datos de la DGT, este dispositivo registró 19.794 denuncias en 2024, aunque redujo su actividad respecto al año anterior.
La comparación es interesante. El radar urbano más activo de Oviedo, el de la avenida de Santander, generó 3.304 denuncias en 2025. El de El Caleyo, en carretera estatal, multiplicó varias veces esa cifra en el último ranking disponible. Son ámbitos distintos, administraciones distintas y tipos de vía diferentes, pero ayudan a situar el tamaño del fenómeno: dentro de la ciudad, los radares ovetenses tienen un impacto notable; en el mapa asturiano de la DGT, los grandes puntos sancionadores siguen estando en autovías y carreteras de alta circulación.
Asturias, además, no es una comunidad ajena al despliegue de controles. La DGT mantiene en el Principado dispositivos fijos, móviles y de tramo en autovías, carreteras nacionales y vías autonómicas. En 2025, el Anuario Estadístico General de la DGT atribuye a Asturias 152.852 denuncias formuladas dentro de su ámbito competencial. No son datos municipales, sino estatales, pero muestran que el control del tráfico en la región tiene ya una escala muy considerable.
España: pocos radares concentran muchísimas multas
El caso ovetense encaja en una tendencia nacional. Los informes de actividad sancionadora muestran desde hace años que una parte pequeña de los radares concentra un porcentaje muy elevado de denuncias. En 2024, los radares de la DGT formularon 3,44 millones de denuncias por exceso de velocidad y los 50 dispositivos más activos concentraron más del 30% del total.
El radar más sancionador de España en ese ranking fue el situado en la M-40 de Madrid, con 74.873 denuncias. Por detrás aparecieron puntos de la A-7 en Málaga, la A-15 en Navarra y la A-381 en Cádiz, todos ellos con cifras que superan de largo las decenas de miles de expedientes anuales.
Eso coloca a Oviedo en una posición peculiar. Sus radares urbanos no están, ni de lejos, en los niveles de los grandes radares nacionales de autovía. Pero cuando se suman fotorrojos, cámaras peatonales y controles de velocidad, la ciudad presenta una presión sancionadora muy visible para el conductor cotidiano. No es el gran radar de carretera que “caza” miles de coches de paso, sino una red urbana que detecta infracciones pequeñas, repetidas y muy repartidas por la ciudad.
¿Seguridad vial o afán recaudatorio? La pregunta inevitable
Cuando una ciudad recauda casi cinco millones de euros en multas de tráfico en un año, la pregunta aparece sola: ¿estamos ante una política de seguridad vial o ante una maquinaria recaudatoria?
La respuesta no admite brocha gorda. Hay infracciones que son claramente peligrosas: saltarse un semáforo en rojo, conducir con alcohol, usar el móvil al volante o circular demasiado rápido en una vía urbana. En esos casos, la sanción tiene un fundamento evidente. La velocidad, además, agrava cualquier siniestro: a mayor velocidad, menos tiempo de reacción y mayor gravedad de las lesiones.
Pero también hay una cuestión urbana que el Ayuntamiento no debería ignorar. Cuando un punto acumula miles de denuncias, conviene preguntarse si todos los conductores son imprudentes o si el diseño de la vía, la señalización, la visibilidad del semáforo o la configuración del tráfico están generando errores repetidos. Un radar o una cámara pueden sancionar, sí. Pero si sancionan demasiado, también están señalando un problema de diseño, de comunicación o de hábitos que quizá necesita algo más que multas.
El ejemplo de San Julián de los Prados, con casi 10.000 sanciones, obliga a mirar más allá del expediente. Lo mismo ocurre con Los Avellanos en el control de calles peatonales. Son cifras lo suficientemente altas como para que el debate no se quede solo en “el conductor lo hizo mal”. La ciudad también debe preguntarse si está explicando bien sus reglas.
Una ciudad 30 necesita algo más que cámaras
Desde la reforma de los límites urbanos, muchas calles de un solo carril por sentido tienen velocidad máxima de 30 km/h, mientras que las vías de plataforma única quedan limitadas con carácter general a 20 km/h y las de dos o más carriles por sentido pueden mantener los 50 km/h. La filosofía es clara: calmar el tráfico, proteger al peatón y reducir la gravedad de los accidentes.
Pero una ciudad 30 no se construye solo con señales ni con radares. Necesita diseño urbano, pasos seguros, semáforos comprensibles, señalización visible y una pedagogía constante. Si el conductor percibe la norma como lógica, la cumple mejor. Si la percibe como una trampa, aumenta el conflicto. Y en Oviedo, con este volumen de multas, el Ayuntamiento tiene ante sí una oportunidad: explicar mejor, señalizar mejor y revisar los puntos donde la sanción se ha convertido en rutina.
El perfil del infractor: muchos ovetenses, pero no solo
El balance municipal también recoge el origen de los titulares o conductores sancionados. 22.623 denuncias correspondieron a conductores de Oviedo. A continuación aparecen los de Gijón, con 4.764, y Avilés, con 1.484. También hay un volumen importante de expedientes vinculados a otros municipios y a titulares de vehículos procedentes de fuera de Asturias.
Este dato es relevante porque Oviedo no sanciona solo a quienes viven en la ciudad. También a quienes llegan por trabajo, por gestiones, por ocio, por estudios o por compras. Y ahí las cámaras de acceso a calles peatonales pueden resultar especialmente conflictivas: quien no conoce bien el centro o circula siguiendo un navegador puede acabar dentro de una zona restringida sin entender del todo en qué momento cruzó la línea invisible entre “voy bien” y “me acaba de caer una receta”.
La memoria policial va más allá del tráfico
El balance de la Policía Local no se limita a la circulación. También recoge la actividad en materia de violencia de género y violencia doméstica. La Policía Judicial protegió a 461 víctimas a lo largo del año y 237 seguían bajo protección al cierre del ejercicio. Además, se gestionaron 473 órdenes de protección, 270 órdenes de alejamiento por violencia de género y 34 por violencia doméstica.
En cuanto a detenciones, los agentes arrestaron a 29 personas por violencia doméstica, dos por delitos contra la seguridad vial y otras dos por agresiones sexuales y maltrato infantil. Son datos que recuerdan que la labor policial va mucho más allá del tráfico, aunque las multas sean, por su volumen y su impacto directo en el bolsillo, una de las partes más visibles para la ciudadanía.
Oviedo ya tiene su mapa de la multa
El balance de 2025 deja una ciudad mucho más vigilada y una recaudación claramente al alza. La avenida de Santander y el bulevar de Santullano son los dos radares urbanos más activos. San Julián de los Prados domina el mapa de los fotorrojos. Los Avellanos lidera las sanciones por acceso indebido a calles peatonales. Y el conjunto de radares, semáforos con cámara y controles de acceso supera ampliamente las 35.000 denuncias.
La lectura fácil sería decir que Oviedo multa mucho. La lectura completa es más interesante: Oviedo está cambiando su forma de controlar el tráfico, apoyándose cada vez más en tecnología automática. Eso puede mejorar la seguridad vial, pero también exige transparencia, buena señalización y revisión constante de los puntos más sancionadores.
Porque una ciudad más segura no debería medirse solo por lo que recauda, sino por lo que consigue evitar: atropellos, choques, sustos, carreras absurdas y esa vieja costumbre tan humana de pensar que el semáforo en rojo, si nadie mira, quizá no cuenta. En Oviedo, en 2025, sí contaba. Y la cámara también.
