Un paso en falso y 80 metros de caída: Cabrales pierde a un vecino que ya era parte del alma del pueblo

Un paso en falso y 80 metros de caída: Cabrales pierde a un vecino que ya era parte del alma del pueblo

La muerte de F. P. M., de 73 años, sacude Arenas de Cabrales tras días de incertidumbre: un operativo masivo, una búsqueda contrarreloj y un desenlace que deja al barrio del Riu en silencio

Hay noticias que no se leen, se sienten. Y esta ha caído como una losa en Cabrales.

F. P. M., de 73 años, ha sido hallado sin vida en la zona de Las Estazadas, tras varios días desaparecido. Su cuerpo apareció al mediodía del martes en una ladera abrupta, en un terreno que no perdona errores: una caída de gran altura —en torno a 80 metros— habría sido el trágico desenlace de una desaparición que tenía en vilo a todo el concejo.

Porque aquí no se buscaba a un desconocido. Se buscaba a uno de los suyos.

La señal que lo cambió todo: un coche con las llaves puestas

El misterio comenzó a tomar forma el lunes por la tarde. Dos vecinas del barrio del Riu, extrañadas por no verle desde hacía días, decidieron salir a buscarle. No era propio de él desaparecer así. No sin avisar. No sin dejar rastro.

Entonces apareció la primera pieza que no encajaba: su coche, estacionado en el entorno de Llaneces, con las llaves puestas.

Ahí saltaron todas las alarmas.

A las 20:56 horas, el aviso llegó al 112 Asturias. Lo que hasta ese momento era una inquietud vecinal se convirtió en una operación de emergencia.

Un despliegue total: tierra, aire y tecnología para encontrarle

La respuesta fue inmediata y contundente. Durante horas, Cabrales se convirtió en un tablero de búsqueda milimétrica.

Bomberos del SEPA, Guardia Civil, unidades caninas, drones, el Grupo de Rescate, helicópteros, agentes de distintas especialidades y voluntarios peinaron la zona sin descanso. Se rastrearon caminos, fincas, zonas boscosas y áreas de difícil acceso.

No era una búsqueda cualquiera. Era una carrera contra el tiempo.

Y había un dato clave que condicionaba todo: su movilidad reducida. Eso estrechaba el cerco, pero también hacía más inquietante el escenario.

El hallazgo: silencio en Las Estazadas

El martes, poco después del mediodía, llegó la noticia que nadie quería escuchar.

Desde el aire, en una zona escarpada de Las Estazadas, se localizó el cuerpo. Minutos después, la confirmación oficial. A las 14:29 horas, la Guardia Civil comunicaba el hallazgo al puesto de mando.

El lugar no dejaba margen a muchas dudas: terreno irregular, pendiente extrema y un entorno donde un solo paso en falso puede ser definitivo.

El GREIM se encargó de la recuperación del cuerpo, en una operación compleja, propia de alta montaña, antes de su traslado a Oviedo.

Ahora, la investigación sigue abierta para determinar con exactitud las circunstancias de la caída. Pero el golpe ya es irreversible.

Un hombre sencillo, una vida integrada, un vacío enorme

F. P. M. no había nacido en Cabrales. Pero eso, aquí, importa poco cuando alguien se gana su sitio.

Llegó en 2017 al barrio del Riu, aunque su relación con la zona venía de antes: había trabajado como albañil allí durante años. Con el tiempo, dejó de ser “el de fuera” para convertirse en uno más.

De los de saludo diario. De los de rutina tranquila. De los que bajan cada mañana a Arenas a hacer vida.

Y eso es exactamente lo que hoy duele.

Era muy querido”, repiten los vecinos.
Se integró muy bien”, recuerdan.
Un buen paisano”, resumen con esa precisión tan asturiana que lo dice todo sin adornos.

Tenía dos hijas. Y una vida discreta que, sin hacer ruido, había echado raíces profundas.

Más allá del suceso: cuando un pueblo pierde algo suyo

Hay tragedias que no salen de los mapas, pero se quedan para siempre en la memoria de quienes las viven.

Cabrales no solo ha perdido a un vecino. Ha perdido una presencia cotidiana, una de esas que parecen invisibles hasta que desaparecen.

Durante días, el pueblo miró hacia el monte esperando una respuesta. Hoy la tiene. Y no gusta.

Porque cuando el final llega así, sin aviso y sin despedida, lo único que queda es el silencio.

Un silencio pesado.

De los que se quedan.

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