Incumplimiento presupuestario

Malgastar los fondos públicos del estado, autonomías o municipios, produce el mismo daño al erario público que no pagar los impuestos y por lo tanto, tal conducta, merece la misma reprobación social y general. Desgraciadamente también el despilfarro suele ir acompañado por capítulos de corrupción como los que han invadido los más diversos rincones de España.
Malgastar los fondos públicos tiene caras distintas: hacer obras faraónicas de utilidad marginal, construir aeropuertos sin aviones, auditorios fantasiosos y demás aunque su presupuesto fuese aprobado por un parlamento o asamblea, pero cargando su coste a las generaciones venideras. Otras formas son mantener plantillas excesivas, viajes turísticos, protocolos innecesarios, macrofestivales que corresponden al riesgo e iniciativa privada, subvenciones a ONGs extrañas, y toda una larga serie de malos usos que promueven la cultura de la barra libre y el todo gratis,  porque las cuentas públicas lo aguantan todo.
Se repite hasta la saciedad que no se puede gastar más de lo se ingresa. El presupuesto es el instrumento de garantía para los ciudadanos frente al libre dispendio de los gestores. Es la línea roja que no se puede traspasar mas que en circunstancias excepcionales y en cualquier caso por poco tiempo.
Allá por el año 55 antes de Cristo, Cicerón se interpelaba: “¿En qué país estamos?”y añadía : “El presupuesto debe equilibrarse. El Tesoro debe ser reaprovisionado. La deuda pública debe ser disminuida. La arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe de aprender nuevamente a trabajar en lugar de vivir a costa del Estado.”
Poco se han enmendado los políticos desde aquella lejana fecha , siguen los desafueros, se falsean las cuentas públicas, se esconden facturas en los cajones o se tarda una eternidad en pagar a los proveedores, llegando a morosidades que crean situaciones dramáticas. Según datos recientes, las administraciones adeudan 50.000 millones de euros al sector privado y los plazos medios de pago del sector público ascienden a 160 días,  frente al señalado por la ley de 40 días.  La U E llama la atención a España por los retrasos en los pagos, a la vez que señala como incongruente que la Generalitat de Cataluña participe con 130 millones de euros en la deficitaria empresa privada Spanair. Claro que en este desmadre parece caber todo. Así se publicó el otro día que Josep Carod Rovira ha sido nombrado asesor del Hospital Santa Tecla de Tarragona con nómina de 6.000 euros al mes,  coincidiendo con la instrucción de la Consejería de Salut recortando los presupuestos de los centros sanitarios. Sin comentarios.
La opinión pública tiene que valorar el propósito del Gobierno para enderezar estas situaciones de descontrol, porque no parece que sea prudente esperar a nuevas transmisiones de carteras y de otros gestores para encontrar desagradables sorpresas en los cajones. Porque hay algo muy claro, quien paga los desmanes son los ciudadanos.
Ahora se está discutiendo, si son galgos o podencos, si hay o no delito, si las acciones deben ser administrativas o penales y si la futura ley de Transparencia y Buen Gobierno, que podría configurar el delito de “incumplimiento presupuestario”, debiera  alcanzar también a los funcionarios que hagan la vista gorda, no denunciando infracciones, quizás porque han sido marginados por unos políticos de paso, repletos de arrogancia, como decía Cicerón.
Suena a tirar balones fuera para no abordar seriamente el problema. Es inadmisible que un líder de la izquierda como Llamazares diga que las responsabilidades se resuelven simplemente en las urnas. Seguro que no se atrevería a decírselo a los ciudadanos de Islandia que acabaron sentando en el banquillo a los políticos y banqueros que llevaron al país  a la ruina y a una deuda de 3.500 millones de euros que tenían que pagar de forma colectiva todas las familias islandesas en plazos mensuales durante 15 años. No se conformaron con echarlos en las urnas y marcaron un interesante precedente.

                                                                                                      jlpoyal@telecable.es



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