La sima de la cumbre

Las simas marinas son las cumbres terrestres al revés. La sima más profunda del planeta está en la fosa de las Marianas - el Abismo de Challenger- con 10.924 metros hasta llegar al fondo, es decir, más altura -o más hondura- que el Everest (en nepalí Sagarmatha y en chino Qomolangma Feng) con 8.848 metros. Las cumbres casi siempre se ven, a veces deslumbran demasiado. Las simas no suelen verse, quizá sólo en la oscuridad, cuando ya estás hundido.

Las simas y las cumbres son una unidad de contrarios, geológica y socialmente hablando. La reciente cumbre de la OTAN en Madrid ha generado una monstruosa sima. Y en ese abismo se encuentra España. La agresión rusa a Ucrania ha brindado la inesperada oportunidad a Washington. Paradójicamente, la agresividad del imperialismo ruso y la criminal invasión de Putin han prestado un inestimable servicio a los planes de Estados Unidos para Europa y para el mundo.

La invasión de Ucrania no sólo ha lanzado a dos países neutrales -Suecia y Finlandia- a los brazos de la OTAN, sino que han convertido a una Alianza que hace un año -con la bochornosa salida de Afganistán- estaba de capa caída y cuya utilidad estaba siendo cuestionada, en una OTAN renovada, unida, fortalecida, movilizada y encuadrada al servicio de los planes de Washington.

Cavando la sima atlantista para España

Para España, la Cumbre de la OTAN en Madrid -que se ha hecho coincidir de forma nada casual con el 40 aniversario del ingreso de nuestro país en la Alianza Atlántica- supone un salto en el encuadramiento a todos los niveles -político y militar, pero también económico, comercial, y hasta ideológico- de España en la geopolítica norteamericana.

De la Cumbre de Madrid sale el firme compromiso de Pedro Sánchez de aumentar el actual gasto militar de 14.875 millones al año (algo más del 1% del PIB) a cerca de 30.000 millones anuales (el 2% PIB). Una decisión para la que el PP -como todo lo que tenga que ver con la OTAN- le ha ofrecido su total disposición.

De la Cumbre de la OTAN sale el compromiso de que Estados Unidos ampliará su presencia militar en nuestro país. El Pentágono aumentará de cuatro a seis los destructores desplegados en la base naval de Rota (Cádiz), así como el número de militares. Estos buques -dotados del sofisticado sistema Aegis- forman parte del escudo antimisiles de la OTAN, pero también realizan misiones unilaterales del Pentágono, por lo que han patrullado con frecuencia en el Mar Negro y han intervenido en operaciones de castigo en la guerra de Siria. También se reformará el convenio de cooperación de defensa con Estados Unidos para aumentar el acuartelamiento militar de sus tropas en nuestro país.

Gas políticamente tóxico

Para ello -antes, durante y después de la Cumbre- asistimos a una ofensiva política, propagandística e ideológica con el objetivo de conseguir que los españoles aceptemos la mayor sumisión de nuestro país a EEUU. Una ofensiva encabezada por el PSOE de Pedro Sánchez -que está enarbolando enérgicamente la bandera del atlantismo y de la sintonía con la Casa Blanca como el gran éxito de la política internacional española- pero integrada por la gran mayoría de los grupos mediáticos, tanto progresistas como conservadores.

“España es un aliado indispensable” ha dicho Biden ante las cámaras. España es, efectivamente, imprescindible para el despliegue militar estadounidense en el Mediterráneo, Oriente Medio, el norte de África y el Sahel. Y la crisis energética ha añadido que España -con sus plantas regasificadoras que transforman el gas licuado proveniente de Estados Unidos- también sea muy útil para los beneficios económicos de Washington sobre Europa.

Se está dando un salto en el grado de subordinación y encuadramiento de España en los planes de la superpotencia estadounidense. Un salto con múltiples implicaciones económicas, diplomáticas, políticas y militares, tanto en la política internacional como en la nacional.

Una sima puede convertirse en una fosa

La OTAN no ha sido nunca otra cosa que el bloque militar dirigido y hegemonizado por Estados Unidos. La OTAN es el “brazo militar expandido” de la superpotencia estadounidense -que destina 811.140 millones de dólares al año a gastos militares, el 3,52% de su PIB, lo que casi duplica el porcentaje de China (293.000 millones de dólares, el 1,8% de su PIB)- cuyo gasto militar supone el 39,8% del total del gasto militar mundial.

¿Y para qué usa todo ese poder militar Washington? ¿Para “asegurar la paz y la estabilidad”? Estados Unidos es -sin comparación posible- la principal fuente de guerra a escala mundial. En los últimos 30 años -sin olvidar ni justificar ni un momento los sangrientos crímenes de Putin- Estados Unidos ha promovido -directamente o a través de sus gendarmes como Israel y Arabia Saudí- decenas de guerras y conflictos que han provocado entre 6 y 7 millones de víctimas mortales, la destrucción de países enteros -Afganistán, Irak, Siria, Libia, Somalia, Yemen, Gaza...- y varias decenas de millones de refugiados.

Defender la soberanía nacional para salir de la fosa

La OTAN no sólo no nos protege, sino que nos condena a que nuestra soberanía nacional -nuestra independencia- sea permanentemente triturada. A que nuestra política exterior sea sumisamente obediente a los imperativos estratégicos y a las prioridades geopolíticas de EEUU.

Formar parte de la OTAN nos condena a ser cómplices -por activa y por pasiva- de las agresiones militares de EEUU contra los países y pueblos del mundo. Lo que necesitamos es una Europa y una España soberanas y libres de la política de bloques, y recuperar una política exterior propia e independiente, librándonos de las que nos dictan desde el otro lado del Atlántico.

Las aguas del Mar Báltico ya golpean las tierras españolas. ¿Las aguas de las Islas Marianas llegarán a golpear a nuestra gente?

 

Eduardo Madroñal Pedraza



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