El mundo al revés

 

Si Fran Kafka, escritor checo nacido en el seno de una familia judía, hubiera tenido ocasión de conocer las circunstancias que rodean al juez Elpidio Silva, seguramente con su estilo lúcido e irónico, mezclando fantasía y realidad, hubiera mejorado la trama que desarrolla en su famosa novela “El proceso”.

Que el fiscal se ponga del lado del acusado, recurra la decisión del juez y estudie denunciarlo por prevaricación, seguramente constituye uno de los acontecimientos más extravagantes e insólitos de la historia reciente de la justicia española.

Si la situación de K en “El proceso” acuñó la frase “situación kafkiana”, ¿estaremos ahora asistiendo a la creación de la “situación elpidiana”?.

Seguramente la fiscalía querrá hacer buena aquella frase de Mahatma Gandhi cuando afirmaba “Ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria”.

O quizá estaba evocando a Francisco de Quevedo recordando su famosa afirmación “Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”.

También cabría pensar que leyó El Talmud y se inspiró en el episodio “Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados”.

Acaso, pensando en la posibilidad de que una mala instrucción pudiera beneficiar al culpable, rememoró aquella frase del poeta romano Publio Siro “La absolución del culpable es la condena del juez”.

Cabe pensar, también, que presa de un remordimiento de conciencia desenterró aquella reflexión de Sócrates “Es peor cometer una injusticia que padecerla, porque quien la comete se convierte en injusto y quien la padece no”.

Sea cual fuere la motivación que llevó al fiscal a invertir los papeles y defender al acusado, acusando al juez, la situación planteada denota que algo está fallando en el poder judicial.

Que un juez recusado haga caso omiso de la recusación, abra una pieza separada para evitarla y dicte un auto que el fiscal considera de contenido prevaricador, no dice nada a favor del sistema. Además, ésta no es la única irregularidad. Fue juzgado en su día por rebeldía, sobre él pesan varios expedientes disciplinarios y un intento de jubilación por incapacidad.

Seguramente el Sr. Blesa merece una condena penal por sus actuaciones en Caja Madrid. En todo caso, si hay delitos o irregularidades, los procedimientos para constatarlos tienen que ser ajustados a Derecho, no solo porque el interesado tienen derecho a un procedimiento y a un juicio justo, sino porque si los procedimientos no son los adecuados se puede provocar una nulidad de actuaciones que impida que quien tiene culpa, responda por ella.

No parece que sea muy edificante para el sistema judicial que un juez con estas características siga gozando del privilegio de la independencia.

Y ya que vamos de citas, recordemos a Paul Auster (poeta estadounidense) cuando proclamaba: “Si la justicia existe, tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justicia”.



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