El fundador y presidente de Industrias Lácteas Asturianas recibe la condecoración a propuesta de Adrián Barbón, con el respaldo de los anteriores presidentes del Principado
El Rey Felipe VI ha concedido la Orden del Mérito Civil a Francisco Rodríguez, presidente de Industrias Lácteas Asturianas —Ilas-Reny Picot—, una de las grandes historias empresariales nacidas en Asturias. La distinción fue promovida por el presidente del Principado, Adrián Barbón, que cursó la solicitud con el aval y la firma de sus antecesores en el cargo, en un gesto poco habitual que subraya el carácter transversal del reconocimiento.
Barbón comunicó personalmente la concesión este lunes al propio Rodríguez, que desconocía tanto la candidatura como la decisión final de la Casa Real. Después informó también al Consejo de Gobierno. El homenaje llega para reconocer una trayectoria que va mucho más allá de una empresa concreta: la de un empresario asturiano que ayudó a transformar el sector lácteo, generó empleo, fijó actividad industrial en el Occidente y llevó una marca nacida en una aldea de Navia a mercados internacionales.
Un empresario de Cangas que vio futuro en Anleo
Francisco Rodríguez nació en Cangas del Narcea en 1937 y se licenció en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid. Antes de fundar su propia empresa, inició su trayectoria profesional en una firma familiar de El Escorial, dirigida por su tío. Pero su gran apuesta llegaría en 1960, cuando puso en marcha Industrias Lácteas Asturianas en Anleo, en el concejo de Navia.
El arranque tiene algo de leyenda empresarial asturiana. La actividad comenzó en un antiguo salón de baile reconvertido en quesería. Allí nació la marca Reny Picot, con la elaboración de quesos de pasta blanda tipo camembert, un producto de inspiración francesa que entonces apenas tenía competencia en España. El primer día de fabricación se utilizaron 124 litros de leche y se obtuvieron unos 15 kilos de queso.
La elección de Anleo no fue casual. Rodríguez vio en el valle del Navia un territorio con ganadería, leche y posibilidades industriales. En una Asturias todavía muy distinta, con el sector lácteo español en una fase inicial de desarrollo, aquella pequeña fábrica apostó por transformar en origen la materia prima de la zona. Primero llegó el camembert; después, otras variedades de queso y la mantequilla. Entre 1975 y 1985, la compañía se consolidó como uno de los principales fabricantes españoles de leche en polvo y mantequilla.
La marca asturiana que aprendió a hablar al mundo
Lo que empezó como una quesería local acabó convirtiéndose en una multinacional. Reny Picot se define hoy como la primera multinacional láctea española, con plantas y filiales en España, México, Estados Unidos, Francia, Polonia y presencia comercial en Portugal y China. La propia compañía resume su identidad con una frase muy clara: “From Asturias to the World”.
La dimensión actual de Ilas-Reny Picot explica por qué esta condecoración tiene tanto peso. El grupo cuenta con un volumen de negocio cercano a los 1.000 millones de euros y más de 2.000 empleos directos en sus fábricas de todo el mundo, según datos difundidos con motivo de la ampliación de Lácteas Castellano Leonesas, integrada en el grupo. En España, dispone de plantas de producción dedicadas a leche, quesos, mantequilla, nata, leche en polvo, productos infantiles y postres, además de una red comercial propia con delegaciones por todo el territorio nacional.
Anleo sigue siendo, sin embargo, el corazón simbólico e industrial del grupo. En 2025, Ilas inauguró allí una nueva planta de mozzarella con una inversión superior a los 15 millones de euros, capaz de producir hasta 20.000 toneladas anuales y de incrementar en un 25% la capacidad productiva del complejo. La planta de Anleo supera ya el millón de litros de leche procesados al día y mantiene una plantilla cercana a los 600 empleados.
Una empresa pegada al campo asturiano
El reconocimiento a Francisco Rodríguez tiene también una lectura rural. Reny Picot no es solo una marca de lineales de supermercado: es una pieza fundamental en la cadena láctea asturiana y del noroeste peninsular. Su crecimiento ha estado ligado a la recogida de leche, a la transformación industrial y a la creación de valor añadido en un sector que durante décadas ha sido clave para miles de ganaderos.
La compañía nació cuando en el Occidente asturiano apenas existía industria láctea moderna. Rodríguez apostó por recoger, transformar y comercializar la leche desde Asturias, en lugar de limitarse a vender materia prima. Esa decisión permitió que una parte del valor se quedase en el territorio y que Navia se consolidase como uno de los polos industriales más potentes del Principado.
Su hijo, Juan Rodríguez, actual CEO de Ilas, resumió recientemente esa filosofía al presentar la nueva planta de mozzarella: “La despensa de un país es sagrada y hay que cuidarla”. La frase encaja bien con la historia de Francisco Rodríguez: industria, sí; internacionalización, también; pero sin perder el vínculo con el campo y con la leche como materia prima esencial.
Una trayectoria ya reconocida por Asturias
No es la primera vez que Asturias distingue la trayectoria del fundador de Reny Picot. Francisco Rodríguez recibió en 2001 la Medalla de Plata del Principado, en reconocimiento a su labor profesional y a su contribución al desarrollo económico y social de la comunidad. Ahora, la Orden del Mérito Civil eleva ese reconocimiento al ámbito estatal.
La Orden del Mérito Civil fue instituida por Alfonso XIII en 1926 para premiar virtudes cívicas y servicios extraordinarios a la nación. Su reglamento actual establece que puede concederse a personas que hayan prestado servicios relevantes al Estado, realizado trabajos extraordinarios o desarrollado iniciativas provechosas en beneficio del interés general. El Rey es el Gran Maestre de la Orden y las condecoraciones se confieren en su nombre.
El asturiano que hizo internacional una marca nacida en una aldea
La historia de Reny Picot tiene además capítulos muy reconocibles para varias generaciones. En los años ochenta y noventa la marca creció con fuerza dentro y fuera de España, y llegó incluso a lucir en la camiseta del Real Madrid en la temporada 1989/1990, cuando el club blanco acabó proclamándose campeón de Liga. Fue una de esas operaciones de visibilidad que ayudaron a situar el nombre de una empresa asturiana en el escaparate nacional.
Pero el gran mérito de Rodríguez no está solo en haber creado una marca conocida. Está en haber construido una industria donde antes había muy poco, en haber apostado por el Occidente asturiano cuando no era lo fácil, en haber convertido la leche en tecnología, exportación y empleo, y en haber demostrado que una multinacional también puede tener raíz de aldea.
Una condecoración con sentido asturiano
La concesión de la Orden del Mérito Civil a Francisco Rodríguez es, en el fondo, un reconocimiento a una forma de entender la empresa: crecer sin renunciar al origen. De Cangas del Narcea a Anleo. De un salón de baile clausurado a una red internacional de fábricas. De 124 litros de leche en el primer día a más de un millón de litros procesados diariamente en Navia.
Asturias no anda sobrada de historias industriales capaces de resistir seis décadas, crear miles de empleos, competir fuera y seguir manteniendo su centro emocional en el territorio. La de Francisco Rodríguez y Reny Picot es una de ellas. Por eso esta distinción no premia solo a un empresario. Premia también a una Asturias que supo producir, transformar, vender y mirar al mundo sin moverse de casa.
