Familiares, clientes y voces de Asturias y Madrid recuerdan al hostelero valdesano como un “embajador” de la tierrina en la capital, mientras el futuro del restaurante que convirtió en refugio de la asturianía queda pendiente de una decisión familiar o empresarial
La muerte de Nicolás Parrondo García ya no es solo la noticia del fallecimiento de un conocido hostelero asturiano en Madrid. Es también el cierre de una etapa emocional para muchos asturianos que durante décadas encontraron en Casa Parrondo algo más que una sidrería: un lugar donde volver, aunque fuera por una comida, a la tierra que dejaron atrás.
El empresario valdesano, natural de El Faedal, falleció el lunes 29 de junio en Madrid. La ceremonia de despedida se fijó para este miércoles, 1 de julio, en el Tanatorio M40, en la Avenida de los Rosales de la capital, según la información funeraria pública.
La despedida ha tenido una dimensión que va más allá del ámbito familiar. En Madrid, donde levantó su trayectoria profesional, y en Asturias, donde nunca dejó de estar presente sentimentalmente, la figura de Parrondo ha sido recordada como la de uno de esos emigrantes que no rompieron nunca el cordón con su origen. Trabajó en la capital, triunfó en la capital y dio de comer a miles de personas en la capital, pero su bandera siguió siendo Asturias.
Una despedida con sabor a gratitud
Las reacciones conocidas dibujan un perfil muy claro: el de un hombre hecho a sí mismo, de carácter, de barra, de cocina, de conversación y de oficio. El alcalde de Salas, Sergio Hidalgo, trasladó su pesar y envió un abrazo a su mujer, hijos y familia. Su hermano Manuel Parrondo lo recordó como una persona “muy extrovertida y buena”, marcada por el esfuerzo y el afán de superación.
Desde el ámbito turístico asturiano, Evelio Sánchez, presidente de Turismo Luarca-Valdés, lo definió como “un embajador para Asturias”, una frase que resume probablemente mejor que ninguna otra lo que Nicolás Parrondo representó fuera del Principado.
No era solo el dueño de un restaurante asturiano. Era una presencia. Uno de esos hosteleros que convertían el local en prolongación de sí mismos. Por eso su ausencia plantea ahora una pregunta inevitable: ¿puede seguir siendo Casa Parrondo lo mismo sin Parrondo?
Casa Parrondo: una embajada asturiana junto a Sol
Casa Parrondo, en la calle Trujillos, 9, en pleno centro de Madrid, fue durante décadas una de las direcciones asturianas más reconocibles de la capital. OpenTable la describe como una sidrería asturiana emblemática fundada por Nicolás Parrondo, originario de Luarca, con platos tradicionales como fabada, cachopo y pescados del norte, además de una sidrería situada frente al restaurante.
El local llegó a ser mucho más que una casa de comidas. Fue refugio para asturianos emigrados, escaparate para el producto del norte y punto de encuentro de clientes anónimos, políticos, deportistas, empresarios y personajes de la vida social madrileña. El Cierre Digital recuerda que por sus mesas pasaron rostros de la política, la cultura, la farándula y el fútbol, y que Casa Parrondo llegó a convertirse en un escenario habitual de la vida social madrileña.
RTVE lo retrató en 2019 con una idea muy sencilla y muy certera: por muchos años que Nicolás Parrondo llevara en Madrid, seguía siendo “el asturiano”, con productos de su tierra siempre a mano y una identidad difícil de borrar.
El legado social de un hostelero de raza
La historia de Parrondo no fue solo gastronómica. En 2024, la World Kickboxing & Karate Association le rindió homenaje por su labor altruista. Relevo recogió entonces que llevaba 47 años al frente de Casa Parrondo y que diariamente daba de comer a unas diez personas sin recursos en la zona centro de Madrid, una ayuda que se hizo especialmente visible durante la pandemia.
Ese dato ayuda a entender por qué su muerte ha generado tantas reacciones. Nicolás Parrondo no se limitó a construir una marca hostelera. Construyó una forma de presencia asturiana en Madrid: abundante en la mesa, directa en el trato y con una dimensión humana que muchos clientes recuerdan ahora con afecto.
La gran pregunta: ¿qué pasará con Casa Parrondo?
Por ahora, no hay una comunicación pública clara sobre el futuro empresarial de Casa Parrondo tras la muerte de Nicolás Parrondo. Esa es la parte que conviene contar con prudencia, sin inventar continuidad ni anunciar un cierre que nadie ha confirmado.
La información pública disponible ofrece señales mixtas. La página principal del dominio de Casa Parrondo aparece actualmente como “sitio suspendido”. Sin embargo, páginas internas de reservas siguen mostrando horarios y llamada a reservar, con apertura de martes a domingo y horario ininterrumpido. Además, plataformas como TheFork indican que Casa Parrondo tiene disponibilidad para reservar, y OpenTable muestra igualmente el restaurante con opción de reserva para este 1 de julio.
La lectura prudente es esta: Casa Parrondo sigue apareciendo operativa en canales de reserva, pero el relevo al frente del negocio no está aclarado públicamente. La incógnita no es menor. Porque si el restaurante continúa, tendrá que afrontar algo muy difícil: mantener una casa que durante décadas estuvo profundamente ligada a la personalidad de su dueño.
Un restaurante puede seguir; un personaje no se sustituye
Casa Parrondo puede mantener cocina, carta, sala, sidra, clientela y nombre. Puede incluso seguir siendo una referencia de la gastronomía asturiana en Madrid si la familia o el equipo deciden continuar el proyecto. Pero lo que desaparece con Nicolás Parrondo es la figura que hacía de puente emocional entre Valdés y Madrid, entre la emigración asturiana y la mesa del centro de la capital.
Ese será el verdadero reto: convertir el legado en continuidad. Que Casa Parrondo no sea solo el recuerdo de lo que fue con Nicolás, sino una casa capaz de seguir representando a Asturias en Madrid.
De momento, la despedida deja una imagen poderosa: la de un hostelero asturiano al que se le dice adiós en Madrid, mientras en Asturias se le recuerda como uno de los suyos. Y deja también una pregunta abierta, casi inevitable para tantos clientes y paisanos: ¿seguirá Casa Parrondo siendo ese pedazo de Asturias en la capital ahora que falta el hombre que le dio alma?
