El combustible vuelve a subir desde julio: cuánto nos costará llenar el depósito y por qué puede empujar la inflación este verano

El combustible vuelve a subir desde julio: cuánto nos costará llenar el depósito y por qué puede empujar la inflación este verano

El Gobierno retira por tramos las rebajas fiscales aprobadas por la crisis de Oriente Medio: el IVA vuelve al 21% y el descuento general en hidrocarburos se reduce mes a mes hasta desaparecer en octubre

El alivio en la gasolinera empieza a acabarse. El Gobierno aprobó este lunes, 29 de junio, un nuevo real decreto-ley para mantener parte del escudo energético, pero ya no con la misma intensidad: desde el 1 de julio desaparece la rebaja del IVA al 10% en gasolina, gasóleo y biocarburantes, y se sustituye por una reducción decreciente del impuesto especial de hidrocarburos. En la práctica, los conductores van a notar una subida inmediata al repostar y otra escalonada durante el verano.

La medida no llega precisamente en un momento cómodo para los hogares. El IPC adelantado de junio se mantiene en el 3,2%, la misma tasa que en mayo, mientras que la inflación subyacente baja solo una décima, hasta el 2,9%. Es decir: los precios no se están desinflando con claridad. Según el INE, en junio ayudaron a contener el dato los combustibles y lubricantes para vehículos personales, que bajaron frente a la subida registrada un año antes; justo ese colchón es el que ahora puede empezar a desaparecer.

Qué cambia desde el 1 de julio

Hasta el 30 de junio estaba vigente una rebaja fiscal más potente, aprobada en marzo por la crisis energética derivada de la guerra en Irán. A partir de julio, el IVA de los combustibles vuelve al tipo general del 21% y el descuento en el impuesto de hidrocarburos queda así: 15 céntimos por litro en julio, 10 céntimos en agosto y 5 céntimos en septiembre. En octubre, salvo que se active la cláusula de emergencia, el descuento desaparece.

El impacto inicial ya tiene números. Con los precios de referencia de finales de junio, la gasolina 95 pasaría a situarse en torno a 1,55 euros por litro, unos 11 céntimos más, lo que encarecería entre cinco y seis euros llenar un depósito medio. En el caso del gasóleo A, el precio medio subiría hasta unos 1,56 euros por litro, alrededor de cinco céntimos más, con un sobrecoste cercano a los tres euros por depósito.

Dicho de forma sencilla: julio será el primer golpe; agosto, septiembre y octubre pueden traer otros pequeños mordiscos. No será una bofetada única, sino una subida por escalones. Y eso, para muchas economías familiares, duele igual, solo que con anestesia administrativa.

Cuánto puede pagar de más una familia

Con un depósito de 50 litros, la subida inicial de julio puede suponer aproximadamente entre tres y seis euros más por repostaje, según se use diésel o gasolina. Si se hacen dos repostajes al mes, el sobrecoste inicial se movería entre seis y doce euros mensuales. Si además se mantiene el calendario previsto y se reduce el descuento otros cinco céntimos en agosto y otros cinco en septiembre, el incremento acumulado será mayor.

Para un conductor que consuma unos 60 o 70 litros al mes —un uso normal entre trayectos urbanos, trabajo y desplazamientos de fin de semana— el sobrecoste puede empezar en torno a los 4-8 euros mensuales en julio y acercarse a los 12-18 euros mensuales al final del trimestre si los precios internacionales no compensan la subida fiscal. No arruina a nadie por sí solo, pero se suma a la compra, la luz, la hipoteca o el alquiler. Y ahí está la madre del cordero.

Por qué puede alimentar la inflación

El Gobierno defiende que la retirada es gradual porque los mercados internacionales se han estabilizado tras la desescalada en Oriente Medio, pero el riesgo está en el calendario: si el petróleo no baja lo suficiente, la retirada fiscal se traducirá directamente en precios más altos en el surtidor. La inflación de junio se sostuvo, entre otras cosas, porque los carburantes ayudaron a la baja; si en julio, agosto y septiembre pasan a empujar al alza, el IPC tendrá un nuevo foco de presión.

El efecto directo sobre el IPC no debería disparar por sí solo la inflación varios puntos, pero sí puede añadir varias décimas en un verano de mucha movilidad. Además, hay un efecto psicológico evidente: cuando sube la gasolina, el ciudadano percibe que todo vuelve a subir. Y cuando esa percepción se instala, también aumentan las tensiones en tarifas, servicios y pequeños márgenes comerciales.

La buena noticia, dentro de lo malo, es que el Gobierno mantiene el descuento equivalente a 20 céntimos por litro para transporte, agricultura y pesca hasta el 30 de septiembre. Eso reduce el riesgo de una traslación inmediata a los precios de los alimentos y de la distribución, aunque no lo elimina del todo.

Tres escenarios para los próximos meses

Escenario central: subida gradual, inflación pegajosa.
Es el más probable si el crudo se mantiene relativamente estable. La gasolina y el diésel subirán por el calendario fiscal, pero sin un shock adicional. En este caso, julio será el mes más visible para el bolsillo y agosto-septiembre añadirán nuevos incrementos más pequeños. La inflación podría mantenerse en la zona del 3% o algo por encima, con dificultades para bajar con claridad.

Escenario adverso: petróleo al alza y nuevo golpe al bolsillo.
Si vuelve la tensión en Oriente Medio, se encarece el Brent o se estrechan los márgenes de suministro, el surtidor puede subir bastante más que esos escalones fiscales. Aquí el problema ya no serían cinco céntimos arriba o abajo, sino una nueva oleada energética que afectaría al transporte, las vacaciones, la logística y parte de la cesta de la compra.

Escenario favorable: el crudo baja y tapa parte del ajuste fiscal.
Si el petróleo continúa relajándose y hay competencia real entre estaciones de servicio, parte del impacto puede quedar amortiguado. En ese caso, el consumidor vería subidas menores o incluso diferencias muy grandes según dónde reposte. El Geoportal de Hidrocarburos ya muestra diferencias amplias por zonas y operadores, y en grandes ciudades pueden superar varias decenas de céntimos por litro entre gasolineras.

La cláusula de emergencia: cuándo volverían las ayudas

El real decreto incluye una válvula de seguridad: si el IPC de la gasolina o del gasóleo sube más de un 15% interanual, el Gobierno podrá reactivar la rebaja de 20 céntimos por litro. También se prevén mecanismos similares para electricidad y gas si se produce un encarecimiento superior al 15%.

El problema es que esa cláusula no evita la primera subida: actúa después, cuando el deterioro ya aparece en los datos. Es un airbag, no un cinturón de seguridad. Protege si hay golpe fuerte, pero no impide que el conductor empiece a pagar más desde esta semana.

Qué puede hacer el consumidor

La primera recomendación es comparar. No todas las gasolineras trasladan los precios igual ni al mismo ritmo. Las diferencias entre estaciones low cost, grandes marcas, áreas urbanas y estaciones de carretera pueden ser enormes. En Madrid, Barcelona o Valencia, los rangos publicados este martes muestran diferencias muy relevantes dentro de la misma ciudad o provincia.

La segunda es planificar los repostajes largos. En viajes de verano, llenar antes de entrar en autopistas o zonas turísticas puede ahorrar más que cualquier cupón. La tercera es revisar consumos: presión de neumáticos, carga innecesaria, velocidad y conducción suave. No es glamuroso, ya. Pero ahorrar combustible rara vez lo es; si lo fuera, tendría influencer y código descuento.

Menos escudo y más exposición

El mensaje de fondo es claro: el Estado empieza a retirar el paraguas justo cuando la inflación sigue sin bajar de forma convincente. La retirada es gradual, pero el consumidor medio la notará desde julio. Si el petróleo acompaña, el impacto será asumible; si no acompaña, el combustible puede volver a convertirse en uno de los grandes enemigos del bolsillo familiar este verano.

El Gobierno gana margen fiscal y mantiene ayudas a sectores sensibles. Los hogares, en cambio, entran en una fase de mayor exposición al precio real de la energía. Y eso, con el IPC todavía en el 3,2%, no es una anécdota: es una nueva presión sobre una economía doméstica que lleva demasiado tiempo haciendo malabares.

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