El técnico gijonés, fallecido a los 82 años, fue jugador, entrenador y director deportivo rojiblanco; dirigió más partidos que nadie al Sporting, llevó al equipo a una final de Copa, lo clasificó tres veces para la UEFA y dejó una huella decisiva en varias generaciones del fútbol asturiano
El fútbol asturiano despide a una de sus figuras mayores. José Manuel Díaz Novoa, histórico jugador, entrenador y director deportivo del Real Sporting de Gijón, falleció este domingo, 5 de julio, a los 82 años. Su muerte golpea de lleno la memoria sentimental del sportinguismo y, más allá de los colores rojiblancos, la historia reciente del fútbol asturiano. No fue solo un entrenador que ganó partidos. Fue un hombre de club, un técnico de cantera, un formador de futbolistas y uno de los nombres que explican por qué Mareo se convirtió durante décadas en una fábrica de talento reconocida en toda España.
La noticia fue confirmada por el propio Real Sporting, que mostró su pesar por el fallecimiento de quien definió como “una figura insustituible en la historia rojiblanca”. La entidad recordó que Novoa fue exfutbolista, exentrenador y exdirector deportivo del club, además del técnico que más veces dirigió al primer equipo. “Su legado en El Molinón y en la Escuela de Fútbol de Mareo perdurará para siempre”, señaló el Sporting en su comunicado oficial.
Fallecido en Gijón y velado en Cabueñes
Díaz Novoa falleció en Gijón el 5 de julio de 2026, a los 82 años. La esquela publicada en Esquelas de Asturias confirma la fecha de defunción y sitúa la capilla ardiente en el Tanatorio Gijón Cabueñes, sala número 8.
Hasta el momento, las fuentes oficiales y las informaciones consultadas no han detallado públicamente la causa del fallecimiento. Lo confirmado es el dato esencial: se va uno de los grandes nombres del banquillo asturiano, un hombre que atravesó casi todas las etapas posibles del fútbol: jugador, entrenador de filial, entrenador de Primera, técnico de otros clubes históricos, seleccionador asturiano y dirigente deportivo.
Un día triste para el sportinguismo
El fallecimiento provocó una inmediata oleada de mensajes de pesar. El Sporting no se limitó a una nota formal. En sus canales públicos subrayó que era “un día muy triste para el sportinguismo” y despidió a Novoa con un mensaje de enorme carga emocional: “Te echaremos mucho de menos. Eres una leyenda del Real Sporting de Gijón. Nos ayudaste a ser un club más grande. Nos enseñaste mucho. Te recordaremos siempre”.
La Federación de Peñas Sportinguistas también se sumó al duelo, recordando a Díaz Novoa como una figura que forma parte de la historia del Real Sporting. Desde la Real Federación de Fútbol del Principado de Asturias se trasladó igualmente el pésame a familiares y amigos, definiéndolo como un referente dentro del fútbol asturiano.
El pesar llegó también desde fuera de Asturias. El Málaga CF lamentó públicamente la muerte del técnico asturiano, que dirigió al conjunto blanquiazul en la temporada 1996/97. En Galicia, La Voz de Galicia recordó su doble vínculo con el Celta, club en el que fue jugador entre 1967 y 1970 y entrenador en el curso 1988/89. En Burgos, donde también dejó huella, se le recordó como el entrenador del Real Burgos “Matagigantes”, aquel equipo capaz de derrotar al Real Madrid en El Plantío y en el Santiago Bernabéu en la misma temporada.
El entrenador que más veces dirigió al Sporting
La dimensión histórica de Díaz Novoa se mide con un dato que lo dice casi todo: fue el entrenador que más partidos oficiales dirigió en la historia del Real Sporting. Las cifras difundidas tras su fallecimiento hablan de 284 encuentros oficiales al frente del primer equipo rojiblanco, repartidos entre 230 partidos de Primera División, 38 de Copa del Rey, 10 de Copa de la Liga y 6 de Copa de la UEFA.
Esa cifra lo coloca por encima de cualquier otro técnico en la memoria del banquillo de El Molinón. No fue una presencia circunstancial. Novoa volvió varias veces, en etapas distintas, casi siempre cuando el club necesitaba continuidad, conocimiento interno o una mano capaz de entender lo que significaba el Sporting por dentro. Era de los que sabían dónde estaban los despachos, los vestuarios, los campos de entrenamiento y también los silencios. Eso, en fútbol, vale más de lo que parece.
De jugador rojiblanco a técnico de referencia
Nacido en Gijón el 1 de enero de 1944, José Manuel Díaz Novoa empezó su relación con el Sporting como futbolista. Jugó en el club rojiblanco durante cinco temporadas en los años sesenta, entre 1962 y 1967. Después pasó por el Celta de Vigo, donde también dejó recuerdo como jugador antes de iniciar una carrera de entrenador que lo devolvería una y otra vez al Sporting.
Su paso por el fútbol como jugador no alcanzó la dimensión que sí tuvo su carrera en los banquillos. Ahí fue donde Novoa se convirtió en un nombre capital. Empezó en el filial sportinguista, en el entonces Deportivo Gijón, donde trabajó con una generación de futbolistas que terminaría alimentando al primer equipo. Aquel contacto permanente con la base no fue una etapa menor: fue la raíz de su legado.
Mareo, la gran obra invisible
Para entender a Díaz Novoa hay que mirar a Mareo. Su importancia no está solo en los resultados del primer equipo, sino en la forma de construirlos. Fue uno de los entrenadores que mejor entendió el valor de la cantera sportinguista y uno de los que más contribuyó a que los jóvenes diesen el salto.
AS recoge los testimonios de varios exjugadores que lo consideran una figura decisiva en sus carreras. Joaquín, Jiménez, Eloy, Mino, los hermanos Ablanedo, Marcelino y otros futbolistas de referencia aparecen ligados a su trabajo. Joaquín Alonso lo definió como “más que un amigo; era familia”, y recordó que Novoa fue quien lo vio en el Astur y pidió su fichaje por el Sporting.
Eloy Olaya recordó que Novoa dio mucha confianza a los jóvenes que crecieron en Mareo y apostó fuerte por ellos. Mino lo definió como un entrenador exigente y, sobre todo, valiente con la cantera. Esa es quizá la palabra que mejor resume su papel: valentía. Apostar por jóvenes nunca es gratis. Exige criterio, paciencia y aguantar ruido. Novoa lo hizo.
La herencia de los grandes años rojiblancos
El primer gran salto de Díaz Novoa en el banquillo sportinguista llegó en la temporada 1979/80. El equipo venía de ser subcampeón de Liga con Vicente Miera, un listón altísimo para cualquiera. Novoa no se arrugó. Clasificó al Sporting en tercera posición, mantuvo al club en la zona noble y confirmó que el equipo podía seguir compitiendo entre los grandes.
Después regresó al banquillo en la temporada 1981/82, tras la destitución de Miera, y dirigió al equipo en las últimas jornadas de Liga y en la segunda final de Copa del Rey de la historia del Sporting. Más tarde, entre 1984 y 1988, vivió su etapa más larga al frente del primer equipo, con dos nuevas clasificaciones europeas.
Bajo su mando, el Sporting disputó la final de Copa de 1982 y consiguió tres clasificaciones para la Copa de la UEFA: 1979/80, 1984/85 y 1986/87. Esa secuencia forma parte del mejor ciclo histórico del club, una época en la que El Molinón no miraba a Europa como una fantasía, sino como una posibilidad real.
Un técnico asturiano en la Primera División española
Díaz Novoa no fue solo Sporting. También dirigió al Celta de Vigo, Real Burgos, Espanyol y Málaga. Su trayectoria fuera de Asturias confirma que no era únicamente un técnico de casa, sino un entrenador con prestigio en el fútbol español.
En el Celta, club con el que ya había tenido vínculo como futbolista, entrenó a finales de los años ochenta. En el Real Burgos vivió una etapa especialmente recordada: las temporadas 1990/91 y 1991/92. Bajo su dirección, el equipo castellano firmó algunas de las páginas más brillantes de su historia y se ganó el sobrenombre de “Matagigantes”, con victorias de enorme impacto ante Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid.
En el Espanyol afrontó una campaña difícil en 1992/93. Y en el Málaga, ya en la temporada 1996/97, llegó a un club que trataba de reconstruirse tras la desaparición del antiguo CD Málaga. Su etapa malaguista no salió como se esperaba y fue destituido a falta de tres jornadas, pero aun así su llegada había generado ilusión por el prestigio acumulado en Primera y por su pasado reciente en el Sporting.
Seleccionador de Asturias
Ya retirado del fútbol profesional de clubes, Díaz Novoa siguió ligado al balón como seleccionador asturiano. El Gobierno del Principado lo nombró para dirigir a la selección absoluta de Asturias en los partidos disputados ante Macedonia en 2000, Lituania en 2001 y Honduras en 2002.
Esa etapa tiene un valor simbólico evidente. Novoa representaba, como pocos, una idea de fútbol asturiano: trabajo de cantera, identidad local, exigencia, sobriedad y ambición competitiva. No era un personaje decorativo para ese cargo. Era casi una elección natural.
El último homenaje en vida
El reconocimiento a Díaz Novoa no llegó solo tras su muerte. En septiembre de 2025 recibió el Carnet de Oro del Comité de Entrenadores de la RFEF durante el Día del Entrenador organizado por la Real Federación de Fútbol del Principado de Asturias en Noreña. La RFEF destacó entonces “la gran contribución al fútbol” que realizó durante su etapa en los banquillos.
Aquel mismo acto dejó una frase significativa del presidente del Comité de Entrenadores de la RFEF, Iván Cancela, que le dio la enhorabuena y le agradeció “el legado” que había dejado. En la gala participaron también representantes de la federación asturiana y más de 200 técnicos.
Un día después, el 14 de septiembre de 2025, con motivo de la visita del Burgos a El Molinón, Díaz Novoa pisó por última vez el césped del estadio rojiblanco. Fue una de las primeras leyendas homenajeadas por el Sporting dentro de los actos del 120 aniversario del club. Joaquín y Jiménez le entregaron una camiseta conmemorativa que recordaba sus 284 partidos en el banquillo sportinguista.
El debate del reconocimiento pendiente
La muerte de Novoa reabre una pregunta que ya sobrevolaba el sportinguismo: cómo debe recordar el club a uno de los hombres más importantes de su historia. Eloy planteó públicamente que debería tener algún tipo de reconocimiento permanente en Mareo, ya fuera dando nombre a un campo, con una placa o mediante otra fórmula que explicase a las nuevas generaciones quién fue y qué significó. Joaquín también apuntó que habrá que pensar en algo porque “Novoa se lo merece”.
La propuesta tiene lógica. Si Mareo es una de las grandes señas de identidad del Sporting, pocos nombres encajan mejor allí que el de Díaz Novoa. No por sentimentalismo barato, sino por justicia histórica. Hay entrenadores que pasan por los clubes. Y hay entrenadores que ayudan a definirlos. Novoa pertenece al segundo grupo.
Un legado que no cabe solo en los números
Los números son poderosos: 284 partidos oficiales con el Sporting, 230 en Primera, una final de Copa, tres clasificaciones europeas, etapas en Celta, Burgos, Espanyol y Málaga, seleccionador de Asturias, Carnet de Oro de los entrenadores. Pero su legado no se agota ahí.
Lo más importante de Díaz Novoa fue su capacidad para unir tres mundos que no siempre conviven bien: el rendimiento inmediato, la apuesta por la cantera y el sentido de pertenencia. Quiso ganar, claro. Pero también quiso que el Sporting se reconociera a sí mismo. Que los chavales de Mareo tuviesen puerta de entrada. Que el primer equipo no fuese una isla desconectada de la escuela. Que el club mirase hacia fuera, incluso hacia Europa, sin dejar de mirar hacia abajo, hacia sus campos de entrenamiento.
Por eso su muerte pesa tanto. Porque no se va únicamente un exentrenador. Se va una forma de entender el Sporting y, por extensión, una forma de entender el fútbol asturiano: menos ruido, más trabajo; menos escaparate, más cantera; menos pose, más oficio.
José Manuel Díaz Novoa pertenece ya al territorio de las leyendas rojiblancas. Y las leyendas, cuando son de verdad, no necesitan exageraciones. Basta con mirar lo que dejan detrás.
