Alemania se hunde en los penaltis y el Mundial estalla: Paraguay firma la gran bomba, Brasil sobrevive y Marruecos echa a Países Bajos

Alemania se hunde en los penaltis y el Mundial estalla: Paraguay firma la gran bomba, Brasil sobrevive y Marruecos echa a Países Bajos

La jornada de dieciseisavos dejó fuera a una de las grandes potencias históricas del fútbol mundial y convirtió a los porteros, los suplentes y los lanzadores de última hora en protagonistas absolutos

El Mundial vivió ayer una de esas jornadas que cambian el pulso de un torneo. Alemania, cuatro veces campeona del mundo, está fuera. No cayó por accidente menor ni por una mala tarde cualquiera: se estrelló en los penaltis ante Paraguay, que firmó la gran sorpresa de la ronda y mandó a casa a una selección alemana que, por historia, peso competitivo y costumbre, parecía diseñada para sobrevivir precisamente a este tipo de noches. Pero esta vez no. Esta vez el drama fue suyo.

Paraguay eliminó a Alemania tras el 1-1 del tiempo reglamentario y la prórroga, imponiéndose 4-3 en la tanda desde los once metros. José Canale marcó el penalti decisivo y el portero Orlando Gill se convirtió en héroe nacional con dos paradas clave ante Kai Havertz y Nick Woltemade. Alemania, que había igualado el partido por medio de Havertz después del gol paraguayo de Julio Enciso, acabó pagando una tanda cruelísima en la que Jonathan Tah mandó su lanzamiento a las nubes y Paraguay no perdonó la última oportunidad.

Alemania descubre que también puede romperse

La eliminación tiene una carga simbólica enorme. Alemania había ganado seis de sus siete tandas de penaltis en grandes torneos y llegaba con pleno en los Mundiales: cuatro de cuatro. Esa coraza psicológica, casi mitológica, saltó por los aires en Foxborough. Sky News subraya que es la primera vez que Alemania queda eliminada de un Mundial en los penaltis.

No es solo una derrota. Es una de esas caídas que obligan a revisar un proyecto entero. Alemania no perdió ante una favorita ni ante una selección llamada a dominar el campeonato. Perdió ante Paraguay, una selección que volvía al Mundial después de 16 años y que había comenzado el torneo con una derrota muy dura ante Estados Unidos. La Albirroja, dirigida por Gustavo Alfaro, ha pasado de sobrevivir como una de las mejores terceras a cargarse a uno de los gigantes del fútbol mundial. Ahí hay épica de la buena, de la que no necesita purpurina.

Paraguay, de invitada peligrosa a amenaza real

La victoria paraguaya no fue un milagro de cinco minutos. Fue resistencia, oficio y una tanda ejecutada con más nervio que belleza, pero con una fe descomunal. Orlando Gill sostuvo a Paraguay cuando el partido se convirtió en una ruleta rusa emocional. Canale, con el último disparo, hizo el resto.

El premio es mayúsculo: Paraguay se enfrentará ahora al ganador del Francia-Suecia por un puesto en cuartos de final. De pronto, una selección que parecía entrar de puntillas en los cruces aparece en el cuadro como un rival incómodo, emocionalmente desatado y con muy poco que perder. Alemania, en cambio, se marcha con la sensación de haber descubierto la fragilidad en el peor lugar posible: el punto de penalti.

Brasil se salva en el minuto 95

La otra gran historia de la jornada fue Brasil, que pasó, sí, pero con el susto metido hasta el hueso. Japón se adelantó y durante muchos minutos hizo temblar a la selección de Carlo Ancelotti. La reacción brasileña llegó en la segunda parte, con Casemiro empatando y Gabriel Martinelli marcando el 2-1 en el minuto 95 para evitar la prórroga y sellar el pase a octavos.

El dato no es menor: según Reuters, Brasil no remontaba una desventaja en una eliminatoria mundialista desde los cuartos de final de 2002 ante Inglaterra. Ancelotti explicó después que el cambio de estrategia al descanso —más centros al área y paciencia— fue clave para acabar rompiendo a una selección japonesa muy organizada.

Martinelli salió del banquillo para decidir. Casemiro volvió a ejercer de bombero con galones. Y Neymar, que estuvo preparado por si el partido se iba a la prórroga, ni siquiera tuvo que entrar. Brasil sigue viva, pero el aviso es serio: si concede tanto en las primeras partes, algún día puede no llegar a tiempo para el rescate.

Japón se va, pero deja una advertencia

Japón volvió a quedarse a las puertas de un gran salto en una eliminatoria mundialista, pero su partido ante Brasil confirmó que ya no es una selección simpática y ordenada: es un rival serio, físico, incómodo y tácticamente maduro. Brasil necesitó oficio, banquillo y una aparición de último minuto para sobrevivir.

La lectura para el torneo es clara: los grandes nombres ya no ganan solo por el escudo. Alemania está fuera. Brasil sufrió hasta el último suspiro. Y Japón demostró que las distancias entre favoritos y aspirantes se han reducido una barbaridad.

Marruecos agranda su leyenda y Países Bajos también cae

La noche terminó con otro golpe enorme al cuadro: Marruecos eliminó a Países Bajos en los penaltis tras un 1-1 resuelto desde los once metros por 3-2. Cody Gakpo adelantó a los neerlandeses en el minuto 72, pero Issa Diop empató en el descuento y mandó el partido a la prórroga. En la tanda, Yassine Bounou detuvo el penalti de Crysencio Summerville e Ismael Saibari convirtió el lanzamiento definitivo.

Marruecos vuelve a demostrar que lo suyo ya no es una sorpresa aislada, sino una tendencia competitiva. Tiene oficio, tiene portero, tiene carácter y tiene algo todavía más peligroso en un Mundial: cree de verdad. Países Bajos, por el contrario, se marcha después de haber rozado la clasificación y de haberse visto empujada al abismo en el tiempo añadido. Virgil van Dijk lo resumió con crudeza: el plan estaba funcionando, pero el equipo acabó hundido en el descuento y después en los penaltis.

La jornada de los héroes inesperados

El día dejó una fotografía muy clara del Mundial: no están mandando solo las estrellas. Están decidiendo los porteros, los suplentes, los jugadores que entran cuando el partido parece escrito y los futbolistas capaces de no temblar cuando todo un país les pesa en la pierna.

Orlando Gill cambió la historia de Paraguay. José Canale firmó el golpe más grande de la jornada. Martinelli rescató a Brasil en el minuto 95. Bounou volvió a vestirse de especialista cuando más quemaba la pelota. Saibari puso la firma al pase marroquí. Y Gakpo protagonizó uno de los momentos más emocionales de la noche, con un gol cargado de sentimiento personal antes de la eliminación neerlandesa.

Un Mundial que ya no perdona escudos

La gran conclusión de la jornada es demoledora: este Mundial no respeta jerarquías. Alemania está fuera en dieciseisavos. Países Bajos también. Brasil sigue, pero con el corazón en la boca. Paraguay y Marruecos avanzan no como comparsas, sino como selecciones capaces de romper el guion.

El torneo entra ahora en una fase mucho más salvaje. Cada tanda puede tumbar una historia centenaria. Cada suplente puede cambiar un país. Cada error puede mandar a casa a una favorita. Y después de lo de Alemania, ya nadie puede mirar el cuadro con suficiencia. En este Mundial, el escudo pesa, sí. Pero el miedo pesa más.

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