El consumo de alcohol y de hipnosedantes entre chicas de 14 a 18 años supera al de los chicos y a la media nacional, mientras los expertos advierten de una tendencia ligada al malestar emocional y a la falta de control real
Lo que reflejan los últimos datos sobre consumo de drogas entre estudiantes de Secundaria en Asturias no es un fenómeno puntual ni una desviación estadística. Es un cambio de patrón profundo que preocupa cada vez más a los especialistas en salud pública: las adolescentes no solo están igualando a los chicos en el consumo de alcohol, sino que ya los superan, y además recurren con mayor frecuencia a hipnosedantes, en muchos casos sin receta médica.
La Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2025), elaborada a nivel nacional y analizada en Asturias por el Observatorio de Salud del Principado, dibuja un escenario claro. Aunque desciende el consumo de sustancias como el tabaco, el cannabis o incluso el alcohol en términos generales, hay dos tendencias que rompen esa dinámica: el aumento relativo del consumo femenino y la persistencia de los hipnosedantes.
Ellas beben más y empiezan antes
Uno de los datos más llamativos del informe es que las chicas asturianas presentan mayores tasas de consumo de alcohol que los chicos de su misma edad. Esta diferencia no solo se observa en el consumo general, sino también en los episodios de borracheras y en el llamado consumo en atracón.
El informe subraya que esta pauta lleva consolidándose desde hace años, pero en Asturias alcanza niveles superiores a la media nacional. Además, cerca del 30% de los adolescentes reconoce haberse iniciado en el consumo de alcohol antes de los 14 años, una edad especialmente sensible desde el punto de vista del desarrollo neurológico y emocional.
Los expertos advierten de que este inicio temprano multiplica los riesgos a medio y largo plazo, no solo en términos de dependencia, sino también en problemas de salud mental, rendimiento académico y desarrollo personal.
Las pastillas: la otra cara del problema
Si el alcohol preocupa, el consumo de hipnosedantes genera aún más inquietud entre los especialistas. A diferencia de otras sustancias, no se observa un descenso claro en su uso. Es, de hecho, la única categoría relevante que no sigue la tendencia a la baja.
En Asturias, las chicas consumen estos fármacos con una prevalencia significativamente superior a la de los chicos, con una diferencia media de unos ocho puntos porcentuales. Las edades con mayor incidencia se sitúan entre los 16 y los 17 años.
El dato más alarmante es que aproximadamente la mitad de ese consumo se produce sin receta médica. Es decir, no responde necesariamente a un diagnóstico clínico estructurado, sino a una utilización vinculada a problemas de sueño, ansiedad o malestar emocional.
Los expertos hablan de una medicalización temprana del malestar. En lugar de abordarse con herramientas psicológicas o educativas, se recurre a soluciones rápidas que pueden generar dependencia y agravar el problema a largo plazo.
Una legislación que no está funcionando
El propio informe reconoce una realidad incómoda: la normativa vigente, que prohíbe la venta y el consumo de alcohol en menores, no está siendo suficiente para reducir la prevalencia ni para retrasar la edad de inicio.
El acceso al alcohol sigue siendo sencillo para muchos adolescentes, que lo obtienen directamente o a través de terceros. La percepción social del consumo tampoco ayuda, ya que continúa estando normalizado en determinados contextos.
Esta desconexión entre la norma y la realidad práctica plantea un desafío importante para las autoridades sanitarias y educativas, que deberán replantear estrategias más eficaces.
Más allá de las drogas: el contexto emocional
El informe no se limita a analizar sustancias. También pone el foco en el entorno en el que crecen los adolescentes. En este sentido, los datos sobre uso de internet y redes sociales son reveladores.
Los jóvenes asturianos pasan una media de cinco horas diarias conectados entre semana, que se eleva a más de seis horas durante el fin de semana. Las chicas presentan un mayor uso compulsivo, con una prevalencia cercana al 20%, frente a algo más del 11% en los chicos.
Este entorno digital intensivo se asocia a mayores niveles de ansiedad, problemas de autoestima y dificultades para dormir, factores que pueden estar detrás tanto del consumo de alcohol como del uso de hipnosedantes.
Un problema que cambia de forma, no desaparece
Aunque los datos muestran un descenso en el consumo de algunas drogas tradicionales, los expertos advierten de que esto no implica una mejora global. El problema, señalan, está cambiando de forma.
El alcohol sigue siendo la sustancia más extendida, pero ahora se combina con nuevas dinámicas de consumo y con un uso creciente de medicamentos para gestionar el malestar emocional. A esto se suma el impacto de las redes sociales y el uso intensivo de internet, que introducen nuevos factores de riesgo.
Las recomendaciones: actuar antes de que sea tarde
El informe concluye con una serie de recomendaciones claras. La prioridad es retrasar la edad de inicio en el consumo de alcohol y reducir su prevalencia en menores. En paralelo, se insiste en la necesidad de prevenir el uso de hipnosedantes sin control médico.
Los expertos apuestan por reforzar la detección precoz del malestar emocional, potenciar las intervenciones psicológicas y mejorar la educación digital y el acompañamiento familiar y escolar.
Un aviso que va más allá de Asturias
Lo que ocurre en Asturias no es un fenómeno aislado, pero sí un reflejo especialmente claro de una tendencia más amplia. Una generación que crece con más estímulos, más presión y más exposición que nunca, pero que en muchos casos carece de herramientas suficientes para gestionar ese entorno.
El resultado es una combinación preocupante: consumo temprano de alcohol, aumento del uso de medicamentos sin control y un contexto emocional cada vez más exigente.
El desafío no es solo sanitario. Es social. Y el margen de reacción, según advierten los expertos, empieza a estrecharse.
