Asturias descubre el problema menos esperado con los fondos europeos: ni siquiera logra gastarlos a tiempo

Asturias descubre el problema menos esperado con los fondos europeos: ni siquiera logra gastarlos a tiempo

El Principado pide una prórroga a Bruselas mientras cientos de millones siguen sin llegar a la economía real y Cogersa se convierte en el símbolo de una gestión atrapada entre burocracia, plazos imposibles y lentitud política

Durante años, el gran debate político en España giró alrededor de cómo conseguir dinero europeo. Ahora Asturias empieza a enfrentarse a un problema completamente distinto y casi surrealista: qué hacer cuando el dinero llega… pero las administraciones no son capaces de gastarlo a tiempo.

Ese es el escenario que empieza a dibujarse alrededor de los fondos Next Generation en el Principado. Una situación incómoda, políticamente explosiva y cada vez más difícil de disimular. Porque mientras Bruselas aprieta con los plazos finales del Plan de Recuperación, Asturias reconoce ya públicamente algo que hace apenas unos meses era casi tabú: ejecutar el 100% de los fondos europeos “es imposible”.

La frase no salió de la oposición. La verbalizó el propio consejero de Hacienda y portavoz del Gobierno asturiano, Guillermo Peláez, al admitir las dificultades crecientes para absorber en plazo todo el dinero asignado al Principado. Y detrás de esa afirmación hay una realidad mucho más profunda: proyectos retrasados, licitaciones eternas, obras sin arrancar, ayudas sin destinatarios suficientes y una maquinaria administrativa que, en muchos casos, avanza más lenta que los calendarios impuestos por Bruselas.

Casi 285 millones siguen sin aterrizar en la economía real

Los números empiezan a dibujar un panorama incómodo.

Desde 2020, Asturias recibió o tiene asignados alrededor de 791 millones de euros vinculados al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR), el gran instrumento financiero europeo nacido tras la pandemia. De esa cifra, el Principado reconoce haber ingresado efectivamente unos 762,8 millones.

Sobre el papel, los datos parecen positivos:

  • el 93% ya estaría “adjudicado”,
  • y cerca de dos tercios estarían en fase de pago.

Pero debajo de esas cifras aparece el verdadero debate.

Porque una cosa es comprometer administrativamente un gasto y otra muy distinta que el dinero esté realmente transformando la economía. Y ahí es donde empiezan las grietas.

Según los propios datos oficiales, todavía hay alrededor de 285 millones de euros pendientes de convertirse en pagos efectivos o inversiones plenamente ejecutadas. Dinero que sigue atrapado entre expedientes, trámites, licitaciones o proyectos sin rematar.

Y el reloj corre.

El grueso del calendario europeo obliga a ejecutar actuaciones antes del 30 de junio y certificarlas definitivamente antes del 31 de agosto. Asturias, igual que otras comunidades, está intentando ahora ganar tiempo y negociar una cierta flexibilidad con el Estado y con Bruselas.

El problema es que la situación empieza a generar una sensación política demoledora: hay administraciones que ya no tienen dificultades para conseguir financiación. Tienen dificultades para gastarla.

Cogersa: el caso que hizo saltar todas las alarmas

Hasta hace pocas semanas, el debate sobre la baja ejecución de fondos europeos sonaba técnico, burocrático y bastante abstracto.

Pero entonces apareció Cogersa.

El consorcio de residuos, participado por el Principado y los 78 ayuntamientos asturianos, se ha convertido en el gran ejemplo visible de lo que puede ocurrir cuando los tiempos administrativos chocan contra los calendarios europeos.

Cogersa había recibido o tenía asignados alrededor de 26 millones de euros vinculados al Plan de Recuperación. Sin embargo, una parte muy importante de esas inversiones no llegará a ejecutarse dentro del plazo comunitario.

La cifra impresiona:

  • cerca de 14,7 millones podrían terminar perdiéndose o renunciándose,
  • incluyendo proyectos estratégicos que ni siquiera llegaron a arrancar completamente.

Entre ellos aparece el futuro Centro de Preparación para la Reutilización en Siero, considerado clave para mejorar los objetivos de reciclaje. Finalmente tendrá que financiarse con fondos propios del consorcio porque el dinero europeo no llegará a tiempo.

Y ahí es donde el asunto deja de ser puramente técnico.

Porque si una infraestructura considerada “estratégica” termina fuera del paraguas europeo por problemas de ejecución, la pregunta política aparece sola:
¿qué falló realmente?

El gran cuello de botella español: la burocracia

Lo que ocurre en Asturias no es un fenómeno aislado.

En toda España empiezan a multiplicarse las advertencias sobre la dificultad real para ejecutar el gigantesco volumen de dinero europeo movilizado tras la pandemia.

Economistas, consultoras y organismos independientes llevan meses alertando de un problema estructural: las administraciones públicas europeas fueron diseñadas para gestionar ritmos normales de inversión, no avalanchas multimillonarias con calendarios ultrarrígidos.

Y eso ha provocado un fenómeno extraño:
hay dinero disponible,
hay necesidades reales,
hay proyectos sobre el papel,
pero faltan capacidad administrativa, velocidad técnica y músculo burocrático para convertirlo todo en inversiones ejecutadas.

La situación se agrava todavía más en proyectos complejos:

  • infraestructuras,
  • residuos,
  • vivienda,
  • digitalización,
  • rehabilitación energética,
  • movilidad,
  • modernización industrial.

Porque cada actuación implica:

  • licitaciones,
  • permisos,
  • informes ambientales,
  • contratación pública,
  • revisiones técnicas,
  • recursos,
  • certificaciones,
  • auditorías,
  • controles europeos.

Y todo eso necesita tiempo.

Un tiempo que Bruselas no siempre concede.

Asturias, entre el optimismo político y las dudas de la AIReF

Mientras el Gobierno asturiano intenta transmitir tranquilidad, otros organismos empiezan a enfriar el relato oficial.

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) considera que Asturias está manejando previsiones excesivamente optimistas sobre la capacidad real de ejecución de fondos europeos.

El Principado calcula que la ejecución vinculada al PRTR podría equivaler al 0,9% del PIB regional, una de las previsiones más ambiciosas de toda España.

La AIReF, sin embargo, rebaja esa expectativa prácticamente a la mitad:
0,4% del PIB.

La diferencia no es menor.

Porque refleja algo que empieza a repetirse en muchas administraciones: una enorme distancia entre el dinero asignado oficialmente y la capacidad real para convertirlo en economía tangible.

El problema político más incómodo: el dinero existe… pero no fluye

Lo verdaderamente delicado de todo esto no es únicamente perder fondos europeos.

Lo más inquietante políticamente es la imagen que proyecta.

Durante años, buena parte del discurso institucional se centró en denunciar falta de inversión, escasez de recursos o insuficiente apoyo europeo. Pero ahora el escenario empieza a invertirse:
hay recursos históricos,
hay financiación récord,
y aun así cuesta ejecutar.

Y eso genera una sensación peligrosa para cualquier gobierno:
la de una administración lenta incluso cuando tiene dinero sobre la mesa.

De hecho, varios sectores llevan tiempo advirtiendo de que algunos programas europeos fueron diseñados con objetivos difíciles de absorber en territorios concretos.

El propio Ejecutivo asturiano ha puesto ejemplos:

  • ayudas para cableados,
  • conectividad,
  • banda ancha,
  • determinadas subvenciones tecnológicas,
    que no encontraron suficiente demanda o no pudieron desplegarse completamente. Parte de esos recursos acabaron reorientándose a otros fines, como ayudas vinculadas a la dana.

Pero eso no elimina la sensación de fondo:
Asturias tiene problemas incluso para gastar.

Y mientras tanto, Bruselas sigue contando los días

La gran incógnita ahora es qué margen real habrá para ampliar plazos.

El Gobierno español sostiene que ha cumplido hitos suficientes ante la Comisión Europea como para negociar cierta flexibilidad posterior.

Las comunidades autónomas presionan para ganar tiempo.
Y Asturias no es una excepción.

Porque detrás de cada retraso hay algo mucho más serio que una simple cuestión administrativa:
millones de euros,
proyectos estratégicos,
infraestructuras pendientes,
y una batalla política creciente sobre quién fue incapaz de transformar la mayor lluvia de dinero europeo de las últimas décadas en inversiones reales visibles para los ciudadanos.

Y ahí está la paradoja brutal de todo esto.

Europa abrió el grifo como nunca antes.
El dinero llegó.
Pero ahora algunas administraciones descubren que gestionar una avalancha de millones puede ser casi tan difícil como conseguirlos.

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