El concejo acogerá en septiembre un congreso internacional, veinte años después de la Declaración de Luarca, para sentar las bases de un futuro tratado frente al avance de los conflictos armados
Asturias quiere volver a colocar a Luarca/L.luarca en el mapa internacional de los derechos humanos. Veinte años después de la histórica Declaración de Luarca sobre el Derecho Humano a la Paz, el Principado promoverá desde Valdés un nuevo impulso político, jurídico y social para que la paz deje de ser solo una aspiración ética y pueda reconocerse como un verdadero derecho humano en el ámbito internacional.
Ese será el objetivo del Congreso Internacional sobre el Derecho Humano a la Paz, que se celebrará en Luarca/L.luarca del 19 al 21 de septiembre y que aspira a convertirse en el punto de partida de un futuro acuerdo internacional en esta materia. La cita reunirá a especialistas, representantes institucionales y sociedad civil en un momento marcado por la multiplicación de guerras, el aumento de la población desplazada y la fragilidad de los espacios multilaterales de diálogo.
El encuentro ha sido presentado por la viceconsejera de Derechos Ciudadanos, Beatriz González Prieto; el director general de Agenda 2030, Juan Ponte; el alcalde de Valdés, Óscar Pérez, y el presidente fundador de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, Carlos Villán. El congreso está financiado por la Consejería de Ordenación del Territorio, Urbanismo, Vivienda y Derechos Ciudadanos a través de la Agenda 2030, y cuenta con la coorganización de la AEDIDH.
De una declaración asturiana a un posible tratado internacional
La Declaración de Luarca, impulsada hace dos décadas desde Asturias, se ha convertido en una referencia para quienes defienden que la paz debe ser entendida como algo más que la ausencia de guerra. La nueva cita internacional pretende dar un paso más: utilizar ese texto como base para avanzar hacia un futuro tratado que reconozca de forma expresa el derecho humano a la paz.
La fecha elegida no es casual. El congreso se clausurará el 21 de septiembre, coincidiendo con el Día Internacional de la Paz, una jornada que este año tendrá en Asturias una carga simbólica especial. No se trata únicamente de conmemorar una declaración, sino de reactivar su ambición original: construir una arquitectura jurídica internacional que sitúe la vida, la dignidad y la protección de las personas por encima de la lógica de la guerra.
Durante tres días, 15 especialistas analizarán la situación global actual, marcada por el crecimiento de los conflictos armados, el debilitamiento de los consensos internacionales y el aumento de las personas obligadas a abandonar sus hogares por la violencia, la pobreza o la persecución.
Asturias, un territorio pequeño con una voz grande
La viceconsejera Beatriz González Prieto ha subrayado el valor de que una comunidad y un municipio pequeños sean capaces de contribuir a elevar un debate de alcance mundial. En un contexto que ha definido como de “guerra permanente”, con más de 120 conflictos activos, González Prieto ha defendido la necesidad de mantener viva la voz de la sociedad civil y de las organizaciones que trabajan por los derechos humanos.
La viceconsejera ha agradecido expresamente el papel de entidades como la AEDIDH, al considerar que permiten que se escuchen voces “más allá del poder institucional”. En su intervención, ha advertido de que el mundo asiste a una ruptura de los espacios de diálogo multilateral, especialmente en el seno de Naciones Unidas, mientras los intereses económicos y geoestratégicos de las grandes potencias prevalecen demasiadas veces sobre la vida de las personas.
González Prieto ha sido especialmente crítica con el aumento del gasto militar en detrimento de las políticas públicas orientadas al bienestar. A su juicio, esta deriva agrava la vulnerabilidad de millones de personas y resta recursos a ámbitos esenciales como la protección social, la educación, la sanidad o la cooperación internacional.
La guerra, las fronteras y las vidas rotas
El congreso llega también en un momento en el que las políticas restrictivas de fronteras afectan de lleno a quienes huyen de la guerra, la miseria o la persecución. La viceconsejera ha puesto el foco en esas personas obligadas a desplazarse y que, una vez lejos de su país, se encuentran con enormes dificultades para reconstruir un proyecto vital con dignidad.
Desde esa perspectiva, el reconocimiento del derecho humano a la paz no se plantea como una idea abstracta ni como una formulación retórica. Tiene consecuencias directas sobre la vida de las personas: sobre quienes viven bajo las bombas, quienes pierden su hogar, quienes atraviesan fronteras en condiciones extremas y quienes ven cómo los recursos públicos se orientan hacia la carrera armamentística mientras se debilitan los sistemas de protección.
Ante ese escenario, González Prieto ha reafirmado el compromiso del Gobierno de Asturias con las iniciativas que contribuyan a colocar la paz en el centro de la agenda internacional.
Un “rotundo no a la guerra”
El director general de Agenda 2030, Juan Ponte, ha defendido el papel de Asturias como referente en la promoción del derecho humano a la paz y ha reivindicado la necesidad de formular un “rotundo no a la guerra”.
Ponte ha incidido en que la paz no puede entenderse únicamente como la ausencia de enfrentamientos armados. La paz, ha señalado, exige construir sociedades inclusivas, cohesionadas y justas, sostenidas sobre inversiones sólidas en educación, sanidad, derechos sociales, protección ambiental y oportunidades económicas.
Desde ese enfoque, el congreso tendrá un importante “efecto multiplicador”, al abordar los derechos sociales, económicos y medioambientales como partes inseparables de una misma idea de justicia. No hay paz real sin dignidad, sin servicios públicos, sin igualdad de oportunidades y sin un entorno capaz de garantizar una vida segura y próspera.
La Agenda 2030 como herramienta para construir sociedades más justas
La financiación del encuentro a través de la Agenda 2030 refuerza precisamente esa visión amplia de la paz. El congreso no se limitará al análisis de los conflictos armados, sino que conectará la paz con los grandes desafíos contemporáneos: la pobreza, las desigualdades, el cambio climático, los desplazamientos forzosos, la discriminación y el acceso desigual a derechos básicos.
Asturias aspira así a proyectar desde Luarca/L.luarca una reflexión que va más allá de la diplomacia clásica. La paz no se construye solo en los despachos internacionales ni en las resoluciones solemnes. Se construye también en las políticas públicas, en la defensa de los derechos humanos, en la protección de las personas vulnerables y en la capacidad de las sociedades para garantizar futuro.
Luarca, veinte años después
Dos décadas después de aquella Declaración de Luarca, Valdés volverá a ser escenario de un debate que trasciende con mucho el ámbito local. La localidad asturiana acogerá una cita con vocación internacional en un momento en el que el mundo parece necesitar más que nunca espacios de diálogo, pensamiento crítico y compromiso con la vida.
El reto es ambicioso: sentar las bases de un futuro acuerdo internacional que reconozca la paz como derecho humano. Pero precisamente por eso el congreso tiene una dimensión simbólica tan poderosa. Desde un concejo asturiano, frente a un escenario global atravesado por guerras, desplazamientos y tensiones geopolíticas, Asturias quiere lanzar un mensaje claro: la paz no puede seguir siendo un deseo aplazado.
Debe convertirse en un derecho. Y Luarca quiere volver a ser uno de los lugares desde los que el mundo empiece a tomárselo en serio.
