El accidente en la carretera del Infanzón no ha sido un susto aislado. Es el síntoma más grave de un problema enquistado en Gijón: carreras ilegales, exhibiciones temerarias y una sensación de impunidad que ha hecho que los vecinos cambien rutas… por miedo a no volver.
Un autobús volcado y una pregunta incómoda: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?
La imagen es tan potente como inquietante: un autobús de línea volcado en plena carretera, pasajeros saliendo como pueden, coches destrozados y un silencio posterior que pesa más que el propio impacto.
El siniestro ocurrido en la N-632, a la altura del Infanzón, dejó varios heridos —dos de ellos graves— y ha abierto una investigación clave: ¿estaban los vehículos implicados participando en una carrera ilegal o realizando maniobras temerarias?
Esa es la pregunta oficial.
Pero en Somió, la pregunta real es otra:
¿Por qué nadie lo evitó si todos sabían que iba a pasar?
“Esto se veía venir”: el grito de un barrio harto
Los vecinos no han tardado en hablar. Y lo han hecho sin filtros.
“Esto es demencial. Llevamos veinte años con lo mismo”, denuncian.
No es una exageración. Es una cronología.
Durante años, la carretera del Piles-Infanzón y la N-632 han sido escenario de:
- Acelerones nocturnos
- Derrapes en curvas
- Concentraciones de coches modificados
- Quedadas con público incluido
Y lo más preocupante: una normalización progresiva del riesgo.
Muchos residentes han dejado directamente de utilizar esas vías. No por comodidad.
Por supervivencia.
“Hay verdadero miedo”, reconocen.
Un patrón que se repite: control policial… y vuelta a empezar
La tarde del accidente no era una jornada cualquiera.
Horas antes, la Policía Local había desplegado un control en la zona:
- 27 vehículos inspeccionados
- 3 sancionados
Y aun así, ocurrió.
Aquí está la clave del problema:
los controles funcionan… pero no solucionan el fenómeno.
Lo dispersan. Lo aplazan.
Pero no lo eliminan.
Porque las carreras ilegales en Gijón ya no son un acto puntual.
Son un ecosistema itinerante que se mueve según la presión policial.
De la exhibición al peligro real: cuando el espectáculo se convierte en tragedia
El caso del autobús no es el primero. Ni mucho menos.
Hace apenas unos meses, otro episodio dejó helada a la ciudad:
un joven de 19 años arrolló a nueve personas durante una concentración ilegal en Somonte.
El escenario era casi idéntico:
- Vehículos modificados
- Maniobras de riesgo
- Público cerca
- Falta de control real
Resultado: heridos graves y una línea que ya no se puede cruzar más.
Porque a partir de ahí, el debate cambia.
Ya no es ruido. Ya no es incivismo.
Es un problema de seguridad pública.
Datos que preocupan: cuando la estadística confirma el miedo
Las cifras no dejan lugar a dudas:
- 139 denuncias en 15 meses relacionadas con estas prácticas
- 39 dispositivos policiales específicos
- 6 investigados o detenidos
Y aún así, el fenómeno sigue vivo.
A nivel general, el contexto tampoco ayuda:
- 3 de cada 4 fallecidos en carretera en España ocurren en vías convencionales
- La velocidad está presente en más del 20% de los accidentes mortales
Y la N-632 cumple todos los ingredientes de riesgo:
carretera convencional, tráfico mixto y visibilidad variable.
Un cóctel perfecto para que un error se convierta en tragedia.
Somió, zona cero: de las pintadas en el asfalto al miedo cotidiano
Lo que ocurre en esta zona no es anecdótico.
Es estructural.
En los últimos años se han detectado:
- Pintadas marcando “salida” y “meta”
- Badenes arrancados
- Concentraciones con decenas de vehículos
- Avisos vecinales constantes
La sensación es clara:
quien participa en estas carreras actúa como si estuviera por encima de la norma.
Y eso, para un vecino que solo quiere volver a casa, es inasumible.
El fallo de fondo: cuando las medidas no llegan o llegan tarde
Aquí es donde el reportaje se vuelve incómodo.
Porque no basta con señalar a los conductores.
Hay que mirar también al sistema.
Las medidas aplicadas hasta ahora han sido:
- Controles puntuales
- Sanciones económicas
- Elementos físicos como badenes
¿El problema?
No han sido suficientes ni sostenidas en el tiempo.
Y eso ha generado una percepción peligrosa:
que las multas son asumibles… y el riesgo, tolerable.
La investigación sigue, pero el problema ya está diagnosticado
La Guardia Civil trabaja ahora para esclarecer si hubo conducción temeraria o una carrera ilegal detrás del accidente.
Ese informe será clave.
Pero no cambiará lo esencial:
Somió lleva años avisando.
Y el autobús volcado no es el origen del problema.
Es su consecuencia más visible hasta ahora.
Un punto de inflexión: o se actúa ahora o habrá otro titular peor
Este accidente puede marcar un antes y un después.
O quedarse en otro episodio más dentro de una lista creciente.
Los vecinos lo tienen claro:
No quieren más controles puntuales.
No quieren más promesas.
Quieren soluciones que funcionen de verdad.
Porque cuando un autobús lleno de pasajeros acaba volcado tras cruzarse con una conducción temeraria, ya no estamos hablando de civismo.
Estamos hablando de vidas.
El día que el miedo ganó a la rutina
En Somió hay una frase que se repite estos días:
“Estamos vivos de milagro”.
Y cuando una ciudad empieza a usar esa expresión con naturalidad, es que algo se ha roto.
No en una carretera.
No en un coche.
En la confianza.
Y eso, a diferencia de un guardarraíl o un badén,
no se arregla con una reparación rápida.
