La balsa de Berbes no revela ningún rastro y el caso queda en suspenso, aunque la Policía mantiene viva una investigación marcada por sospechas, silencios y un principal sospechoso que nunca ha convencido
Asturias vuelve a enfrentarse a uno de esos casos que nunca terminan de cerrarse del todo.
El juzgado de Instrucción número 4 de Gijón ha decretado el archivo provisional de la desaparición de Maritrini Suardíaz y su hija Beatriz, un bebé de apenas 13 meses al que se le perdió la pista en 1987.
Casi cuatro décadas después, el caso sigue sin cuerpo, sin confesión y sin una verdad definitiva.
La última esperanza se hunde en una balsa… y no aparece nada
La investigación había girado en los últimos meses hacia un punto muy concreto:
una antigua balsa minera de espatoflúor en Berbes (Ribadesella).
Allí, según varios testimonios vecinales recogidos durante años, el principal sospechoso —Antonio María Da Silva, conocido como “el portugués”— habría arrojado vehículos al fondo.
La hipótesis era clara y estremecedora:
los cuerpos podrían estar dentro de esos coches.
Durante tres jornadas intensas, agentes de la Policía Nacional y efectivos de la UME removieron toneladas de agua, lodo y sedimentos en una operación técnicamente compleja y cargada de expectación.
El resultado fue devastador para la investigación:
- Se localizó una furgoneta
- No tenía relación con el caso
- No apareció ningún rastro de Maritrini ni de su hija
Con ello, se evaporaba la última gran línea de búsqueda activa.
Un archivo que no cierra nada
El juzgado ha optado por un sobreseimiento provisional, una figura jurídica que, en la práctica, deja el caso en pausa, no cerrado.
Esto significa que:
- La causa puede reabrirse en cualquier momento
- Basta con una nueva pista, un testimonio o una prueba
- La investigación policial sigue activa, aunque sin presión judicial directa
Y aquí entra un elemento clave:
la UDEV no da el caso por perdido
Una desaparición que nunca encajó como voluntaria
Los investigadores lo tienen claro desde hace años:
esto no fue una marcha voluntaria.
Las pesquisas acumuladas apuntan a:
- Ausencia total de actividad posterior de las víctimas
- Ningún contacto con familiares
- Objetos personales abandonados
- Una salida abrupta, sin planificación
Todo dibuja un escenario incompatible con una huida.
El principal sospechoso: sombras, contradicciones y un silencio que pesa décadas
El foco siempre ha estado sobre el mismo hombre:
Antonio María Da Silva.
Un perfil que, según distintas fuentes policiales y testimonios recogidos en la investigación, encaja con múltiples elementos inquietantes:
- Contrabandista habitual en la época
- Carácter violento descrito por su entorno
- Versiones contradictorias sobre la desaparición
- Nunca denunció la ausencia de su mujer y su hija
Una pregunta sigue siendo el eje del caso:
¿Cómo es posible que un padre y marido no comunique la desaparición de su familia?
Una casa detenida en el tiempo: la escena que desconcertó a los investigadores
Uno de los momentos más impactantes de la investigación se produjo al registrar la vivienda de Berbes.
Los agentes se encontraron con una escena casi congelada:
- Ropa en su sitio
- Cartas y documentos personales
- Juguetes infantiles
- Una cuna preparada
Como si alguien hubiese salido precipitadamente… y nunca hubiese vuelto.
Aún más inquietante fue el hallazgo de un zulo bajo el suelo, con dimensiones compatibles con un cuerpo humano.
Estaba vacío.
La pista de León: cemento, una nota de auxilio y una excavación sin resultado
La investigación también se trasladó a Matadeón de los Oteros (León), donde la familia residía por temporadas.
Allí se produjo otro episodio clave:
- Maritrini lanzó una nota pidiendo ayuda a los vecinos en 1987
- Se levantaron suelos y estructuras en busca de restos
- Vecinos aseguraron haber visto al sospechoso fabricar cemento
El escenario era casi de novela negra.
Pero, de nuevo:
no apareció nada
Un caso que empezó tarde… demasiado tarde
Uno de los aspectos más críticos del caso es el retraso en su activación.
- La denuncia no se presentó hasta 2002, quince años después
- En aquel momento, no se consideró prioritaria
- El caso quedó prácticamente olvidado durante años
No fue hasta que unidades especializadas en desaparecidos retomaron el expediente cuando la investigación cobró vida real.
Hoy: un sospechoso en una residencia y una verdad que se resiste
Antonio María Da Silva, ya octogenario, reside actualmente en un centro de mayores en Zamora.
Hasta allí han acudido en varias ocasiones agentes de la UDEV.
El resultado:
- Cambios constantes de versión
- Relatos inconexos
- Ninguna confesión
- Ningún dato útil verificable
Pero los investigadores siguen insistiendo.
Un caso abierto en lo emocional, aunque pausado en lo judicial
El archivo judicial no es el final. Ni mucho menos.
Porque este caso tiene todos los elementos que lo convierten en una herida abierta:
- Una madre y una bebé desaparecidas
- Un sospechoso que nunca ha convencido
- Escenarios que apuntan a algo grave
- Décadas de silencio
Y, sobre todo, una ausencia que sigue sin explicación.
La pregunta que sigue flotando casi 40 años después
No es solo dónde están.
Es qué ocurrió realmente en 1987.
Y esa respuesta, hoy por hoy, sigue enterrada en algún lugar que nadie ha logrado encontrar.
