La Fiscalía pide 25 años de prisión para Francisco F., acusado de asesinar a puñaladas a su pareja en plena calle en Sama de Langreo, en el primer crimen machista de 2025 en España
Karilenia Charles González tuvo tiempo de entender el peligro. Tuvo tiempo de coger el teléfono. Tuvo tiempo de pedir ayuda. Lo que no tuvo fue una verdadera posibilidad de salvarse.
La noche del 31 de enero de 2025, en Sama de Langreo, una discusión en el interior de una vivienda acabó convertida en una persecución mortal por las escaleras, el portal y la calle. Karilenia, nacida en Cuba y madre de hijos menores, llamó a su expareja mientras el hombre con el que convivía, Francisco F., presuntamente avanzaba en un estado de agresividad creciente y con un cuchillo en la mano.
“Ven rápido, estoy en las escaleras. No sé qué le pasa a este hombre. Anda con un cuchillo”, llegó a decirle, según el relato incorporado a la investigación. Después, el horror se precipitó en segundos. Al otro lado del teléfono se escuchó la voz de Karilenia dirigiéndose al acusado: “¿Qué haces, Francisco?”. Luego, los gritos: “Socorro, socorro”.
La Fiscalía del Principado de Asturias solicita ahora 25 años de prisión para Francisco F., acusado de asesinar a puñaladas a su pareja en plena calle. El juicio se celebrará ante un tribunal del jurado, aunque todavía no hay fecha pública señalada. El Ministerio Fiscal sostiene que el acusado actuó movido por los celos, en un contexto de control, dominación y violencia, y que atacó a Karilenia sin darle opción alguna de defensa.
Una huida desesperada hacia la calle
El relato judicial reconstruye una secuencia de enorme crudeza. Karilenia trató de escapar del domicilio. Salió hacia el portal y después hacia la calle. Mientras huía, pidió auxilio a dos personas que se encontraban cerca. “¡Socorro, me quiere apuñalar! Tiene mi teléfono, ¡llamad a la Policía!”, habría gritado.
No le dio tiempo a más.
Según las acusaciones, Francisco F. la alcanzó en la vía pública, la agarró del pelo y le asestó varias puñaladas violentas en el tórax y el abdomen. Karilenia quedó tendida en el suelo, gravemente herida, sangrando y pidiendo ayuda. La agresión se produjo ante testigos, en una escena que convirtió una calle de Sama en el escenario del primer asesinato machista de 2025 en España.
Una de las heridas, localizada en la zona torácica, fue mortal. Pero la muerte, según el relato incorporado a la causa, no fue inmediata. Karilenia sufrió una pérdida masiva de sangre y una agonía que las acusaciones consideran especialmente relevante para valorar la gravedad del crimen.
Después del ataque, el acusado regresó a su domicilio. No auxilió a la víctima. No esperó junto a ella. La dejó en la calle.
“Le he metido una puñalada”
Cuando llegaron los agentes de Policía, alertados por testigos, algunos se dirigieron a comprobar el estado de la víctima. Otros subieron al edificio para localizar al presunto agresor. Lo encontraron en el rellano de la primera planta.
Al ser preguntado por la mujer que yacía en la calle, Francisco F. reconoció de forma espontánea la relación con ella. “Es mi pareja”, habría dicho. Y, según la investigación, añadió una frase que resume con una brutalidad seca el núcleo del caso: “Le he metido una puñalada”.
Durante el registro, los agentes localizaron el arma con la que presuntamente se cometió el crimen. Los informes posteriores descartan que el acusado presentara alteraciones psicopatológicas o deterioro cognitivo que afectaran de forma relevante a sus capacidades volitivas. Es decir, para la acusación, sabía lo que hacía y podía actuar de otra manera.
Francisco F. permanece en prisión provisional, comunicada y sin fianza desde el 3 de febrero de 2025. En su primera comparecencia judicial se acogió a su derecho a no declarar. La causa comenzó inicialmente abierta por homicidio o asesinato, a concretar durante la instrucción. La Fiscalía ya lo califica como asesinato.
Celos, control y una amenaza escuchada por testigos
Uno de los elementos centrales del procedimiento es el posible móvil del crimen. Las acusaciones sitúan el origen de la discusión en los celos del acusado por la relación que Karilenia mantenía con su expareja, residente en Mieres.
Durante la discusión, un testigo habría escuchado a Francisco F. gritar: “Yo voy presu pero lo mato”, en referencia a ese hombre. Esa frase, incorporada al relato de los hechos, refuerza para las acusaciones la existencia de una dinámica de celos, posesividad y control.
La relación entre Francisco F. y Karilenia se había iniciado meses antes. Convivían en Sama de Langreo desde hacía aproximadamente siete meses y, según la Fiscalía, en la vivienda residían también los hijos menores de la víctima. El Ministerio Fiscal sostiene que los enfados, gritos y comportamientos de control del acusado hacia Karilenia eran habituales y estaban marcados por una lógica de dominación.
Ese punto será clave en el juicio: no solo se analizará la agresión mortal, sino el contexto previo. La Fiscalía y las acusaciones intentarán probar que no fue un estallido aislado, sino el desenlace extremo de una relación atravesada por los celos y la violencia.
Primer crimen machista de 2025 en España
Karilenia Charles González se convirtió en la primera víctima mortal por violencia machista en España en 2025. Su muerte abrió la estadística más dolorosa del año y elevó a 1.294 el número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas desde que comenzaron los registros oficiales en 2003.
La dimensión del caso trascendió inmediatamente Langreo. Hubo concentraciones de repulsa, condenas institucionales y un mensaje de apoyo a la familia de la víctima. Asturias, que venía de un año sin víctimas mortales por violencia de género, arrancó 2025 con un crimen que dejó conmocionado al concejo y al conjunto de la comunidad.
El caso también encendió un debate incómodo sobre lo que muchas veces ocurre antes de que el asesinato se produzca: discusiones conocidas, gritos normalizados, celos minimizados, señales que parecen domésticas hasta que dejan de serlo y se convierten en una amenaza mortal.
Karilenia no era una cifra. Era una mujer con hijos, con una historia migrante, con vínculos familiares, con una vida reconstruida en Asturias y con un entorno que ahora tendrá que sentarse en un juicio para escuchar, otra vez, cómo se apagaron sus últimos minutos.
Las penas que se piden
La Fiscalía solicita para el acusado 25 años de prisión, inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena, prohibición de aproximación y comunicación respecto a los hijos, el marido y la hermana de Karilenia durante 30 años, y libertad vigilada durante cinco años.
En concepto de responsabilidad civil, el Ministerio Fiscal reclama una indemnización de 200.000 euros para cada uno de los hijos de la víctima y 60.000 euros para su hermana, además de los intereses legales correspondientes.
Las acusaciones particulares y populares coinciden en la gravedad del caso. Desde Abogadas por la Igualdad se incide además en la concurrencia de la agravante de desprecio de género, junto a la de parentesco. El procedimiento será juzgado por un jurado popular, que deberá escuchar a alrededor de una veintena de personas entre testigos presenciales, vecinos, familiares, agentes policiales, forenses, médicos y peritos.
Un juicio para reconstruir los últimos minutos de una mujer asesinada
El juicio no será solo la revisión de un crimen cometido en plena calle. Será la reconstrucción de una cadena de señales, voces y decisiones. La llamada de Karilenia. La amenaza escuchada por un testigo. La huida por las escaleras. Los gritos en la calle. Las personas que vieron cómo intentaba escapar. Los agentes que llegaron demasiado tarde. La frase que el acusado habría pronunciado al ser localizado.
Será también el momento de poner nombre judicial a lo que ocurrió: si el jurado considera probado que Francisco F. actuó de forma consciente, que atacó a su pareja sin posibilidad de defensa y que lo hizo en un contexto de dominación machista, la condena puede situarse en el máximo nivel reclamado por la Fiscalía.
La defensa, por su parte, tendrá ocasión de cuestionar el relato, discutir la calificación jurídica y tratar de introducir matices sobre la intencionalidad, el estado del acusado o las circunstancias del ataque. Pero la acusación llega al juicio con una versión especialmente sólida en lo esencial: una mujer pidió ayuda, huyó, fue alcanzada y murió apuñalada en la calle.
La violencia que empieza mucho antes del cuchillo
El caso de Karilenia obliga a mirar más allá del instante final. La violencia machista rara vez empieza en el golpe que mata. Muchas veces empieza antes: en el control, en la sospecha permanente, en los celos presentados como amor, en la vigilancia sobre las relaciones de la víctima, en los gritos que el entorno escucha pero interpreta como “cosas de pareja”, en la amenaza que no se toma del todo en serio hasta que ya es tarde.
Por eso este crimen golpeó con tanta fuerza. Porque Karilenia llegó a verbalizar el peligro. Porque llamó para pedir ayuda. Porque salió corriendo. Porque pidió a otros que avisaran a la Policía. Porque, pese a todo eso, fue asesinada.
La justicia decidirá ahora la responsabilidad penal de Francisco F. Pero la historia de Karilenia ya ha dejado una advertencia que no admite indiferencia: cuando una mujer dice que tiene miedo, cuando pide ayuda, cuando alguien “anda con un cuchillo”, no hay margen para relativizar nada.
La noche del 31 de enero de 2025, Karilenia no murió en silencio. Gritó. Pidió auxilio. Intentó salvarse. Y esa verdad, por dolorosa que sea, debe estar en el centro del juicio y de la memoria pública.
