Santos II: Ojalá que se pase de las promesas a los hechos

Al hoy presidente reelecto, Juan Manuel Santos le pasa lo que al equipo de Colombia, en algunos partidos: que los primeros tiempos no son buenos.

 

Por tanto, la esperanza es que el segundo tiempo de Santos sea realmente un mandato claro, consistente, eficaz, capaz. Que pase de los anuncios a las obras, porque, pese al balance realizado por el propio Jefe de Estado, sobre la realización de sus promesas de campaña, lo cierto es que en la calle ven al Mandatario como un hombre que promete mucho y no cumple casi nada.

 

O si no que lo digan sus frustraciones, como la reforma a la salud, la reforma a la justicia, la paz, la superación del campo, etc. Todas buenas intenciones, pero que se quedaron en eso.

 

Por tanto, la expectativa es que el segundo gobierno de Santos sea el de las realizaciones, y no el del titu, titu, titubeo. Sin duda, el mayor reto será llevar a buen puerto el barco de la terminación del conflicto con los grupos armados, llámense Farc o Eln. Una meta que se ve cada día más cercana, pese a las posiciones duras de las partes y a los atentados reiterados de la guerrilla contra la población civil y contra la infraestructura, tanto energética, como petrolera.

 

Otra de las metas, que espero que se CUMPLAN, es la de mejorar el paupérrimo sistema de salud. Que se acaben las interminables filas y el reino del acetaminofén. Aunque, siendo sincero, soñar no cuesta nada.

 

El tercer punto, que sin duda será duro de roer, es el de sacar adelante una reforma a la educación, y ahora más cuando somos los últimos del continente, en algunas de las disciplinas formativas importantes, como por ejemplo la cultura financiera.

 

De lograr la meta de ser un país muchos más y mejor educado, Santos ‘podrá irse tranquilo a la tumba’, como dice el dicho.

 

No obstante, entre los problemas más inmediatos está el de paliar con el Fenómeno de El Niño, que ha comenzado a hacer de las suyas en 20 departamentos colombianos.

 

Y ni se diga de la crisis del agro, un punto de honor para el reelecto Presidente, que, según las dignidades agrarias, sigue en deuda con el campo.

 

Sin embargo, un enano que se le creció al país, el de la inseguridad ciudadana, es un ‘chicharrón’ al que debe prestársele toda la atención, ya que las bandas delincuenciales locales, han exacerbado sus acciones en detrimento de los ciudadanos. Por lo que Santos II deberá hacer más que un ministerio de la seguridad ciudadana, para golpear estas manifestaciones criminales.

 

Y bueno, que siga bajando el desempleo, bien, pero que se haga realmente una política de Estado para mejorar la calidad del empleo de la gente, pues el 60% de los trabajadores está inmerso en la informalidad, un porcentaje preocupante, y sin soluciones a la vista.

 

En fin, la esperanza es que Santos II sea mucho mejor que Santos I, o por lo menos, que se vean de verdad sus obras de gobierno.

 



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