Greenpeace denuncia que la central nuclear de Garoña contamina térmicamente el río Ebro

Greenpeace denuncia que la central nuclear de Garoña contamina térmicamente el río Ebro

Greenpeace demanda a Rubalcaba, Chacón, Aguilar y Sebastián la necesidad de incorporar más pruebas en los 'stress test' a las centrales nucleares

 

Greenpeace ha presentado hoy un informe que demuestra que la actividad de refrigeración de la central nuclear de Garoña (Burgos) produce contaminación térmica en el río Ebro. Por ello, Greenpeace ha pedido a la Ministra de Medio Ambiente, Rosa Aguilar, que revoque de forma inmediata la autorización de vertido de aguas de refrigeración de la central nuclear de Garoña. La central no cumple los criterios de dicha autorización a causa de sus problemas de refrigeración, lo que provoca esa importante contaminación térmica del agua del río Ebro.

La autorización del pasado 18 de octubre de 2007 de vertido de aguas otorgada a Nuclenor (titular de la central nuclear de Santa María de Garoña) por la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), organismo de cuenca dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, especifica que “en el río [Ebro] el máximo incremento admisible para la temperatura tras la zona de dispersión térmica, respecto a la temperatura aguas arriba, será en cualquier caso de 3ºC”.

Sin embargo, el informe encargado por Greenpeace a entidades homologadas por la Administración para la recogida y análisis de muestras termométricas concluye que la actividad de refrigeración de la central produce una notable contaminación térmica en el río Ebro que se transmite incluso aguas arriba de la propia central. De hecho, el embalse de Sobrón sufre, en gran medida por esta causa, una gran eutrofización.

De acuerdo con el informe, “la temperatura del río Ebro el día del muestreo era de 6,5 ºC y en ausencia de la actividad de la central lo esperable habría sido encontrar a lo largo del río temperaturas de ese orden, y desde luego inferiores a los 10 ºC”. Sin embargo, Asimismo la temperatura de las aguas del embalse del Sobrón, tras la zona de dispersión térmica, era de entre 17 ºC y 21 ºC. Este notable incremento de la temperatura supera con creces los 3ºC permitidos por la autorización de vertido.

El informe señala también que entre la estación de muestreo en el río Ebro a 10 km de la localidad de Frías, aguas arriba de la central, y la del embalse de Sobrón (separadas por 6,8 Km.), se registró un incremento de temperatura de 15,7 ºC, lo que supone un incremento medio de 2,3 ºC por kilómetro. El embalse de Sobrón también registraba temperaturas superiores en unos 10 ºC a las esperables .

Un informe del Ministerio de Medio Ambiente de fecha 1 de julio de 2009 ya alertaba de los problemas actuales de refrigeración de Garoña y del previsible empeoramiento de esa situación en el corto y medio plazo (el 25 de julio de 2006 la central tuvo que parar por imposibilidad de asegurar la refrigeración). En este informe se manifestaba que “Debe evitarse que se produzcan alteraciones significativas en el estado ecológico de las aguas como consecuencia de la temperatura de salida del agua de refrigeración [de Garoña]; manteniendo el vertido por debajo de los umbrales máximos exigidos por la legislación vigente, (…)”.

Greenpeace considera que los datos de temperatura del agua que toma Nuclenor no se ajustan a la realidad y que están orientados a ocultar la enorme contaminación térmica que provoca su actividad. Nuclenor cuenta para ello con la connivencia de la Confederación Hidrográfica del Ebro, la cual reconoce en un escrito enviado a Greenpeace el pasado 31 de enero de 2011 que la CHE no realiza controles termométricos propios en el entorno de la central “ya que se consideran suficientes los que realiza el usuario [Nuclenor]”.

Necesidad de más pruebas en los 'stress test'
Greenpeace, además, se ha dirigido por escrito al Ministro de Interior, Alfredo  Pérez Rubalcaba, a la Ministra de Defensa, Carme Chacón, a la Ministra de Medio Ambiente, Rosa Aguilar, y al Ministro de Industria, Miguel Sebastián para exigirles la realización urgente de los 'stress tests' obligatorios para todas las centrales nucleares y el cierre inmediato de las que no los superen.

  • Greenpeace señala que estos 'stress test', además de frente a terremotos e inundaciones, deben realizarse para probar:
  • Análisis de resistencia y grado de vulnerabilidad de las instalaciones nucleares frente a posibles ataques terroristas y sabotajes
  • Análisis de resistencia y grado de vulnerabilidad frente a ciberataques.
  • Resistencia de los sistemas de contención ante impacto de aeronaves o misiles (por accidente o ataque terrorista).
  • La integridad y resistencia del conjunto del sistema primario ante situaciones de emergencia como las vividas en Fukushima (falta de refrigeración del combustible, daño al núcleo, fusión parcial del núcleo…)
  • La integridad y resistencia y la capacidad de respuesta de los sistemas de refrigeración de emergencia ante situaciones de emergencia por falta de suministro eléctrico como las vividas en Fukushima
  • La resistencia de los sistemas de contención primaria y secundaria en situaciones de emergencia como las vividas en Fukushima, entre otros componentes
  • Comprobación exhaustiva del estado del circuito primario y del conjunto de equipos y elementos relacionados con la seguridad (especialmente dada la avanzada edad de nuestro parque nuclear, con una vida media de 29 años), frente a problemas de envejecimiento y agotamiento de los materiales, problemas de corrosión, estado de las soldaduras…


Greenpeace apoya las movilizaciones sociales antinucleares que continúan siendo convocadas y que muestran el rechazo social a esta tecnología. El próximo sábado 9 de abril hay manifestaciones en Burgos y Valencia para exigir el inmediato cierre de las centrales nucleares de Garoña y Cofrentes.

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