La hostelería, la administración, el comercio y los cuidados tiran de la contratación en una economía cada vez más terciarizada, mientras la industria conserva peso estratégico, mejores empleos y capacidad tractora, pero ya no domina el mercado laboral como lo hizo durante décadas
Asturias sigue teniendo alma industrial, pero su mercado laboral se mueve cada vez más al ritmo de las barras de bar, las oficinas, los comercios, los hospitales, las residencias, los hoteles, los servicios administrativos y las actividades vinculadas a la atención a las personas. La fotografía que deja el último Informe del Mercado de Trabajo de Asturias, elaborado por el Servicio Público de Empleo Estatal con datos de 2025, es contundente: el 82,41% de los contratos firmados en la comunidad se concentraron en el sector servicios. Dicho de otro modo: más de ocho de cada diez contratos registrados en Asturias ya pertenecen a actividades terciarias. La noticia original aportada sitúa esa cifra en 209.256 contratos, frente a los 30.809 de la industria, los 10.806 de la construcción y los 3.053 de la agricultura.
La conclusión es clara: Asturias ya no contrata como una región industrial clásica, aunque conserve una industria relevante. Contrata como una economía moderna, envejecida, turística, administrativa, comercial y cada vez más dependiente de los servicios. No es necesariamente una mala noticia, pero sí una advertencia. Porque detrás del gran titular hay una pregunta de fondo: ¿qué tipo de empleo está creando Asturias y qué modelo económico quiere tener dentro de diez o quince años?
El informe del SEPE confirma que en 2025 se firmaron en Asturias 253.924 contratos con 115.420 personas contratadas, lo que supone un índice de rotación de 2,20 contratos por persona. La contratación aumentó un 3,37%, pero ese crecimiento no borra un dato esencial: durante el año volvieron a formalizarse muchos más contratos temporales que indefinidos. Los indefinidos fueron 76.561, el 30,15% del total, mientras que los temporales alcanzaron 177.363, el 69,85%.
La terciarización asturiana no es una intuición: es una estructura. El SEPE señala que el sector servicios engloba más de tres cuartas partes de la contratación provincial, con niveles muy similares a los de 2024, cuando ya representaba el 82,55%. En 2025, los servicios acumularon 209.256 contratos, la industria 30.809, la construcción 10.806 y la agricultura 3.053.
La Asturias que contrata: bares, comercios, oficinas y cuidados
La hostelería es el gran motor contractual. Según los datos recogidos en la información original, lidera la clasificación con 58.493 contratos. Le siguen las actividades administrativas, con 30.277, y el comercio, con 28.978. Después aparece la industria manufacturera, con 27.840 contratos, y las actividades sanitarias y de servicios sociales, con 25.820.
La imagen es poderosa: Asturias contrata camareros, dependientes, administrativos, auxiliares, personal de limpieza, profesionales sanitarios, cuidadores, trabajadores de apoyo y personal vinculado a actividades de temporada o de alta rotación. La fábrica sigue ahí, pero ya no es la puerta de entrada masiva al empleo. Hoy, para muchísimos asturianos, el primer contrato no llega con un mono azul, sino con una bandeja, un uniforme de comercio, una bata sanitaria, un ordenador de oficina o una jornada parcial.
Ese cambio tiene consecuencias. El sector servicios puede generar mucho empleo, pero también concentra una parte importante de la temporalidad, la parcialidad y la rotación. No todos los servicios son precarios, ni mucho menos: sanidad, educación, finanzas, tecnología, logística, administración o servicios profesionales pueden ofrecer empleo estable y cualificado. Pero en el agregado asturiano pesan mucho actividades donde los contratos cortos son habituales.
El propio informe del SEPE advierte una realidad que conviene no maquillar: hay ámbitos económicos que acumulan muchos contratos sin que eso signifique necesariamente un gran aumento de empleo estable. La sanidad y los servicios sociales, por ejemplo, pueden generar contratos de días o sustituciones muy breves. En la industria, en cambio, las relaciones laborales suelen ser más largas y, por tanto, más estables.
Mucha contratación, pero no siempre mucho empleo nuevo
Aquí está una de las claves de lectura. Contrato no equivale siempre a empleo sólido. Puede haber más contratos porque hay más actividad, pero también porque una misma persona encadena varios vínculos laborales en un año. El dato del SEPE es ilustrativo: 253.924 contratos para 115.420 personas. La media de 2,20 contratos por persona revela movimiento, pero también rotación.
La jornada parcial añade otro matiz. En Asturias, la jornada completa sigue siendo mayoritaria, con 145.900 contratos, el 57,46% del total. Pero la jornada parcial alcanza 90.300 contratos, el 35,56%, y los fijos discontinuos suman 17.724, el 6,98%.
El sesgo de género también es relevante. La noticia original destaca que la contratación femenina es muy mayoritaria en la jornada parcial, con un 65,2%. También señala que las actividades de los hogares como empleadores de personal presentan una tasa femenina del 91,28%, mientras que en la construcción, de cada cien contratos, 92 fueron firmados por hombres.
Esto no es un detalle menor. Asturias no solo está cambiando de sectores; también reproduce una división laboral muy marcada: hombres más presentes en construcción e industria; mujeres más concentradas en cuidados, hogares, comercio, servicios personales, sanidad, atención social y parcialidad. El mercado laboral crece, sí, pero no reparte las condiciones de la misma manera.
La industria ya no manda en los contratos, pero sigue pesando en la economía
Sería injusto, y además falso, decir que Asturias ha dejado de ser industrial. La industria ya no domina la contratación, pero sigue teniendo un peso económico muy superior al que tienen sus contratos en el total. IDEPA subraya que una de las características de la estructura económica asturiana es precisamente el importante peso del sector industrial en el Valor Añadido Bruto, situado en el 20,59% en 2024.
Ese contraste es la gran paradoja asturiana: la industria representa una parte relevante de la riqueza, pero no genera el volumen de contratos que producen los servicios. ¿Por qué? Porque la industria suele tener plantillas más estables, relaciones laborales más largas, mayor productividad por trabajador y menos necesidad de encadenar contratos de corta duración. Un empleo industrial pesa mucho más en términos económicos que muchos contratos breves en sectores de alta rotación.
Por eso la industria sigue siendo estratégica. No solo por nostalgia minera o metalúrgica, que también forma parte del ADN emocional de Asturias, sino por razones muy concretas: salarios, exportaciones, innovación, cadenas de suministro, empleo indirecto y capacidad de arrastre sobre otras actividades. Cinco Días ha situado el peso de la industria asturiana en torno al 20,6% del PIB regional y ha destacado su transformación hacia sectores como defensa, aeroespacial, digitalización, energía e I+D+i.
La lectura inteligente no es “servicios contra industria”. Ese debate es viejo y un poco de trinchera. La cuestión real es otra: cómo lograr que la expansión del sector servicios no se traduzca en un mercado laboral más débil, más parcial y más rotatorio, y cómo conseguir que la industria siga siendo un ancla de empleo cualificado en una región que no puede vivir solo de atender mesas, vender productos y cubrir turnos.
Asturias se parece cada vez más a la España que viene
El caso asturiano no es una rareza. España en conjunto también es una economía muy terciarizada. El informe estatal del SEPE sobre el mercado de trabajo con datos de 2025 recoge que el 76,50% de la población ocupada se concentra en el sector servicios.
Asturias va incluso más allá en contratación: 82,41% de los contratos en servicios. La diferencia no es casual. La comunidad combina varios factores que empujan en la misma dirección: envejecimiento demográfico, peso de los cuidados, servicios públicos, turismo, comercio urbano, hostelería, administración y una industria más productiva pero menos intensiva en nuevos contratos.
Los datos de ocupación también apuntan en esa dirección. El informe del SEPE señala que el 77,30% de la población ocupada asturiana trabaja en servicios, frente al 13,76% en industria, el 6,17% en construcción y el 2,77% en agricultura.
IDEPA ofrece una lectura muy similar para el primer trimestre de 2026: el sector servicios concentra el 77% del empleo en Asturias, mientras la industria representa el 14,2%, la construcción el 6,1% y el sector primario el 2,7%.
La tendencia, por tanto, no es una fotografía aislada de un año: es el nuevo mapa laboral asturiano.
El envejecimiento también contrata
Hay otro elemento que explica esta transformación y que rara vez se coloca en el centro del debate laboral: Asturias envejece, y una sociedad envejecida contrata servicios. Contrata sanidad, dependencia, ayuda a domicilio, residencias, limpieza, transporte adaptado, servicios sociales, administración pública, comercio de proximidad y actividades vinculadas a la atención cotidiana.
La noticia original ya recoge que las actividades sanitarias y de servicios sociales sumaron 25.820 contratos, una cifra muy significativa. En una región con una de las estructuras demográficas más envejecidas de España, este tipo de empleo no va a ser secundario: va a crecer, va a tensarse y va a exigir una reflexión seria sobre salarios, formación y estabilidad.
Aquí conviene decirlo claro: el sector de los cuidados no puede convertirse en el gran depósito de empleo barato de una Asturias envejecida. Si la región necesita cada vez más trabajadores para cuidar, atender y acompañar a mayores y dependientes, tendrá que dignificar esas profesiones. Si no, tendremos más contratos, sí, pero también más rotación, más agotamiento laboral y más dificultades para sostener servicios esenciales.
Un mercado con menos paro, pero con grietas
El informe del SEPE ofrece datos positivos: Asturias cerró 2025 con 51.197 personas inscritas como paradas en el Servicio Público de Empleo, lo que supone un descenso del 3,73% respecto al ejercicio anterior. Sin embargo, la EPA del INE elevaba el número de personas paradas en la provincia a 40.100, con una subida del 6,08% respecto a 2024.
La tasa de paro provincial cerró 2025 en el 8,42%, con un comportamiento desigual por sexo: la tasa masculina bajó, mientras que la femenina subió hasta el 10,32%.
El paro de larga duración sigue siendo otra grieta. El SEPE recoge una tasa de paro de larga duración del 47,21%, con 24.171 personas en esa situación, y más de seis de cada diez son mujeres. Además, los mayores de 45 años representan más de tres cuartas partes del paro de larga duración.
Es decir: Asturias mejora en algunos indicadores, pero mantiene problemas estructurales muy serios. El empleo se mueve, se contrata, hay actividad, pero una parte de la población sigue quedando fuera o atrapada en la inestabilidad. Y eso es especialmente grave en una comunidad que necesita retener población, atraer talento y evitar que los jóvenes sigan mirando hacia Madrid, Bilbao, Galicia o Europa como única salida.
Empresas pequeñas, mucho autoempleo y una economía muy atomizada
El tejido empresarial también ayuda a entender el tipo de empleo que se genera. IDEPA señala que Asturias contaba a 1 de enero de 2025 con 64.608 empresas activas, según el Directorio Central de Empresas del INE, un 0,22% más que el año anterior.
España, en conjunto, tenía 3.310.824 empresas económicamente activas a 1 de enero de 2025, con el comercio como el sector de mayor peso en la estructura empresarial nacional.
En Asturias, ese tejido está muy marcado por pequeñas empresas, autónomos, negocios familiares, hostelería, comercio y servicios de proximidad. Esta estructura da flexibilidad, capilaridad y vida a las ciudades y villas, pero también tiene límites: menos músculo financiero, menor capacidad de inversión, más dependencia de ciclos estacionales y mayor vulnerabilidad ante subidas de costes, cambios de consumo o falta de personal.
El dato de afiliación también muestra el peso de los autónomos. En el informe del SEPE, Asturias cuenta con 69.853 autónomos, el 17,76% de la afiliación por régimen de cotización.
La gran pregunta: ¿queremos una economía de contratos o una economía de carreras laborales?
Asturias no necesita demonizar el sector servicios. Sería absurdo. Los servicios son empleo, actividad, vida urbana, turismo, cuidados, comercio, tecnología, cultura, educación y sanidad. El problema no es que crezcan los servicios. El problema es que una parte de ese crecimiento pueda asentarse sobre contratos breves, jornadas parciales no deseadas, salarios modestos y rotación constante.
La diferencia entre una economía fuerte y una economía frágil no está solo en cuántos contratos firma. Está en si esos contratos permiten construir vidas: pagar un alquiler, formar una familia, quedarse en Asturias, consumir, ahorrar, cuidar hijos o mayores, proyectar un futuro. Una región no se sostiene solo con mucha actividad laboral si esa actividad no se traduce en estabilidad suficiente.
El dato central —82,41% de los contratos en servicios— debe leerse como una señal de transformación profunda. Asturias ya no puede pensarse únicamente desde la memoria industrial, pero tampoco puede permitirse renunciar a ella. Necesita una doble estrategia: reforzar la industria avanzada, tecnológica, energética y exportadora, y elevar la calidad del empleo en los servicios.
Porque el futuro asturiano no estará en elegir entre una fábrica y una terraza, entre una acería y una residencia, entre un laboratorio y una tienda. Estará en conseguir que todos esos espacios generen empleo digno, productivo y con capacidad de arraigo. La Asturias que viene tendrá más servicios, sí. La cuestión es si serán servicios baratos y rotatorios o servicios profesionales, estables y bien pagados.
Asturias está trabajando de otra manera. El viejo imaginario de región industrial sigue teniendo fundamento económico, pero ya no explica por sí solo el mercado laboral. Hoy, la comunidad contrata sobre todo en servicios. Hostelería, comercio, administración, sanidad y atención social son ya los grandes motores contractuales. La industria conserva peso estratégico, pero no domina el número de contratos.
El reto no es lamentarse por la terciarización, sino gobernarla. Convertir los servicios en empleo de calidad. Impedir que los cuidados se precaricen. Retener talento joven. Proteger a los mayores de 45 años atrapados en el paro de larga duración. Reducir la brecha de género en la parcialidad. Y sostener una industria fuerte, innovadora y tractora.
Asturias no se juega solo una estadística laboral. Se juega su modelo de sociedad. Y ahí el dato es menos frío de lo que parece: detrás de esos 209.256 contratos en servicios hay camareros, auxiliares, dependientas, administrativos, limpiadoras, técnicos, cuidadoras, sanitarios, recepcionistas, repartidores, autónomos y pequeños empresarios intentando sostener cada día una economía que ya ha cambiado. Ahora falta que ese cambio no deje a nadie colgado de un contrato breve y una vida a medias.
