La novena edición del concurso más veterano dedicado al pote asturiano abre inscripciones hasta el 21 de septiembre. Un jurado profesional recorrerá de incógnito los restaurantes participantes antes de la gran final del 23 de noviembre en Turón
Hay platos que alimentan y platos que cuentan de dónde venimos. El pote asturiano pertenece claramente a los segundos.
Berza, patata, chorizo, morcilla, carne de cerdo y, según la casa y la tradición, también fabes. Ingredientes humildes que durante generaciones han cocido lentamente en las cocinas asturianas y que este otoño volverán a protagonizar una competición muy particular: encontrar el pote asturiano perfecto.
Ya está abierta la inscripción para la novena edición de “Explorando el pote perfecto”, el concurso más veterano de Asturias dedicado específicamente a este plato. La final se celebrará el lunes 23 de noviembre en Turón, dentro de las Jornadas Gastronómicas del Pote, declaradas Fiesta de Interés Turístico Regional.
Pero antes de llegar a esa final habrá semanas de visitas secretas, cucharadas, comparaciones y puntuaciones.
Porque aquí el jurado no avisa.
Un desconocido entra en el restaurante, pide un pote y empieza el examen
Probablemente sea el elemento más atractivo de este concurso.
Entre el 13 de octubre y el 8 de noviembre, los establecimientos participantes recibirán la visita de miembros del jurado actuando como clientes misteriosos.
Entrarán, se sentarán, pedirán, comerán y pagarán como cualquier otro comensal.
El restaurante no sabrá que está siendo examinado hasta que la comida haya terminado.
Solo entonces el crítico, cocinero o periodista especializado revelará su identidad.
La organización pretende así comprobar algo que no siempre puede medirse en una final gastronómica: cómo es realmente el pote que recibe un cliente normal cualquier día en ese establecimiento.
No habrá posibilidad de preparar un plato excepcional exclusivamente para los jueces.
El pote tendrá que defenderse solo.
Sin voto popular: aquí deciden los profesionales
Hay otra característica que diferencia este certamen de buena parte de los concursos gastronómicos.
No existe votación popular.
El ganador será decidido exclusivamente por un jurado formado por cocineros de prestigio, críticos gastronómicos, periodistas especializados y otros expertos.
Todos puntuarán los platos siguiendo los mismos criterios que posteriormente se utilizarán en la final de Turón.
La fórmula busca eliminar uno de los problemas habituales en concursos abiertos al público: que gane el establecimiento con mayor capacidad para movilizar clientes, seguidores o votos.
Aquí, al menos sobre el papel, no importa cuántos amigos tenga el restaurante.
Importa lo que hay dentro del plato.
¿Existe realmente un pote perfecto?
La pregunta parece sencilla hasta que uno se sienta delante de varios.
Porque hay pocas recetas asturianas con tantas versiones domésticas.
Hay potes más caldosos y otros casi cremosos. Algunos dejan que domine claramente la berza. Otros dan más protagonismo al compango. Hay cocineros que incorporan fabes y otros que consideran que no son imprescindibles.
Después está la calidad de la materia prima.
La patata.
La berza.
La morcilla.
El chorizo.
El punto de cocción.
Y algo mucho más difícil de medir: esa transformación que ocurre después de horas de fuego lento y que convierte ingredientes bastante sencillos en un plato profundamente reconocible.
Por eso encontrar “el pote perfecto” es, en realidad, buscar un equilibrio.
Turón, convertido en capital del pote
Que la final se celebre en Turón tampoco es casual.
El concurso forma parte de las Jornadas Gastronómicas del Pote de Turón, una celebración que ha convertido este plato en uno de los elementos principales de promoción gastronómica del valle.
La iniciativa está organizada por el Ayuntamiento de Mieres, la Sociedad Turonesa de Festejos, la Asociación de Hostelería y Turismo del Valle de Turón y Gustatio, con el patrocinio de Embutidos Vallina.
El propósito declarado va bastante más allá de entregar un premio.
Los organizadores quieren recuperar los tiempos de esplendor del pote, divulgar su historia, mostrar sus diferentes posibilidades y contribuir a dinamizar la hostelería asturiana.
Y detrás de esa intención existe una cuestión económica nada menor.
Un plato tradicional puede convertirse también en un motivo para desplazarse, reservar una mesa, visitar un concejo y consumir en el territorio.
La gastronomía funciona cada vez más como un argumento turístico.
Y Asturias dispone aquí de una marca extraordinariamente reconocible.
Hasta el 21 de septiembre para entrar en la competición
Los establecimientos asturianos que quieran participar tienen hasta el 21 de septiembre para formalizar su inscripción.
Después comenzará la fase más interesante.
Durante casi un mes, cualquier persona sentada en una mesa probando un pote podría ser, en realidad, uno de los miembros del jurado.
Los restaurantes tendrán que mantener el nivel cada día.
No sabrán cuándo llega el examen.
El campeón al que todos quieren destronar
Hay además un plato que parte simbólicamente con la corona.
La edición anterior fue ganada por el restaurante Michem, de Villabona. La documentación remitida por la organización incluye incluso la fotografía del pote vencedor: un plato contundente, de caldo intenso, berza, patata y un compango que ocupa buena parte del centro de la composición.
Este otoño alguien intentará arrebatarle el título.
Y probablemente ahí esté la parte más hermosa del concurso.
No se busca reinventar la gastronomía.
No hay nitrógeno líquido, espumas imposibles ni platos que necesiten manual de instrucciones.
Se busca algo aparentemente mucho más sencillo y posiblemente mucho más difícil:
un pote que sepa exactamente como esperamos que sepa el mejor pote de nuestra vida.
La respuesta llegará el 23 de noviembre en Turón.
Hasta entonces, Asturias vuelve a ponerse una misión bastante seria.
Encontrar el pote perfecto.
