El Principado entra en juego para salvar Barros: comprará el taller de Duro Felguera para llevar allí la nueva fábrica militar de Indra

El Principado entra en juego para salvar Barros: comprará el taller de Duro Felguera para llevar allí la nueva fábrica militar de Indra

El Gobierno asturiano desbloquea una de las operaciones industriales más importantes de los últimos años en las Cuencas al asumir directamente la adquisición de las instalaciones de Barros. Pero la operación todavía no está cerrada: no se conocen el precio que pagará el Principado, la tasación del complejo, la fórmula mediante la que Indra utilizará posteriormente las instalaciones, la inversión que realizará la compañía ni los empleos comprometidos.

Asturias ha decidido intervenir directamente para que la fábrica de vehículos militares de Indra en Langreo no se pierda por el camino.

Después de meses de negociaciones frustradas entre Indra y Duro Felguera, el presidente del Principado, Adrián Barbón, ha anunciado la solución elegida por su Gobierno: será la Administración autonómica la que compre a Duro Felguera el histórico taller de Barros y facilite posteriormente su utilización por Indra.

Es un movimiento industrial de enorme alcance.

Pero todavía no es una compraventa cerrada.

Duro Felguera habla de un «principio de acuerdo», mientras que Indra agradece la iniciativa del Ejecutivo autonómico pero advierte de que ahora corresponde analizar sus condiciones y concretar el proyecto.

La diferencia no es semántica.

A fecha de hoy no se ha hecho público cuánto pagará Asturias por Barros, quién ha realizado o realizará la tasación, qué bienes concretos entrarán en la operación ni mediante qué fórmula jurídica y económica terminará utilizando Indra unas instalaciones adquiridas previamente con dinero público.

Y esas preguntas son ahora tan importantes como la propia llegada de la fábrica.

Un complejo industrial de más de 80.000 metros cuadrados

Barros no es una nave cualquiera.

La información industrial pública disponible sobre el polígono sitúa en 81.077 metros cuadrados la parcela correspondiente a Duro Felguera, dentro de un ámbito industrial que supera los 114.000 metros cuadrados.

Son instalaciones con décadas de historia industrial, grandes naves, capacidad para manipular estructuras metálicas de gran tonelaje y una ubicación situada en pleno corredor del Nalón.

Precisamente esas características explican por qué Indra llevaba meses considerando Barros una pieza especialmente adecuada para ampliar su división de vehículos militares terrestres.

La alternativa habría sido levantar una instalación nueva prácticamente desde cero.

Pero el desacuerdo económico entre Duro Felguera e Indra terminó bloqueando durante meses la compraventa.

El Principado sustituye a Indra como comprador

Aquí está la gran novedad.

Hasta ahora la operación era esencialmente empresarial: Indra quería comprar y Duro Felguera quería vender, pero ambas compañías no conseguían ponerse de acuerdo.

Ahora aparece un tercer actor.

Y no uno cualquiera.

El Gobierno del Principado pasa a asumir el papel de comprador.

Barbón asegura que se ha encontrado una solución «satisfactoria» para Duro Felguera, para Indra y para Asturias.

Pero esa solución introduce inmediatamente una nueva cuestión: si el taller será adquirido con recursos públicos para que posteriormente lo utilice una compañía privada, deberán conocerse con precisión las condiciones de esa utilización.

¿Se venderá después a Indra?

¿Se alquilará?

¿Se concederá mediante algún mecanismo de derecho de superficie?

¿Pagará Indra una renta?

¿Existirán compromisos mínimos de inversión y empleo vinculados a esa cesión?

Por ahora no hay respuesta pública.

El precedente del Tallerón: 3,65 millones y 156 trabajadores

Existe además un antecedente extremadamente útil para valorar Barros.

Hace poco más de un año, Indra compró también a Duro Felguera El Tallerón de Gijón por 3,65 millones de euros.

Aquella operación sí terminó concretándose con cifras.

El acuerdo incluyó las instalaciones, maquinaria y otros activos y la subrogación de más de 150 trabajadores, con una plantilla aproximada de 156 personas vinculadas a la fábrica.

El Tallerón ocupa aproximadamente 75.000 metros cuadrados.

Barros ronda los 81.000.

La comparación será inevitable cuando se conozca el precio que pagará ahora el Gobierno asturiano.

No porque ambas instalaciones tengan necesariamente el mismo valor —su estado, maquinaria, suelo, cargas y posibilidades industriales pueden ser diferentes—, sino porque Asturias necesitará conocer qué valoración objetiva justifica el desembolso público.

De Gijón a Langreo: empieza a dibujarse una auténtica industria militar asturiana

La operación tampoco puede entenderse de manera aislada.

Indra ha planteado ante el Principado un modelo industrial en el que Gijón y Langreo funcionen de manera complementaria.

Fabricación.

Integración.

Modernización.

Mantenimiento de vehículos militares terrestres.

La compañía ha solicitado además que el conjunto de sus actuaciones en Asturias sea considerado Proyecto de Interés Estratégico Regional.

El proyecto integra El Tallerón, las actividades tecnológicas de Indra existentes en Asturias y el futuro centro de Barros.

La ambición declarada es convertir el norte de España en uno de los principales polos europeos de plataformas militares terrestres.

Y Asturias ocuparía una posición central en ese mapa.

El Tallerón ya tiene trabajo: las barcazas del gran programa de artillería K9

La importancia de ese esquema puede entenderse observando lo que acaba de ocurrir en Gijón.

Indra ha comprometido en El Tallerón la fabricación española de las estructuras o barcazas correspondientes al nuevo sistema de artillería autopropulsada sobre cadenas basado en la familia surcoreana K9.

El programa contempla 128 vehículos de artillería, además de vehículos de municionamiento, mando y recuperación.

La compañía ha relacionado el desarrollo industrial del programa en Gijón con una inversión de aproximadamente 130 millones de euros y con la generación prevista de hasta 500 empleos directos y alrededor de 1.000 indirectos e inducidos.

Indra fabricará en España las barcazas e integrará sistemas de misión, comunicaciones, visión 360 grados y gestión del campo de batalla.

Eso significa que El Tallerón comienza a tener una especialización industrial concreta.

Y hace todavía más importante conocer qué trabajo se reservará exactamente para Barros.

Barros todavía no tiene apellido

Porque ahí está una de las grandes incógnitas.

Sabemos que Indra habla de una nueva fábrica para sistemas militares terrestres.

Sabemos que debe ser complementaria con Gijón.

Sabemos que el proyecto presentado al Principado contempla fabricación, integración y mantenimiento.

Pero todavía no sabemos qué familias concretas de vehículos pasarán por Langreo.

Y esa pregunta se ha vuelto todavía más interesante después de que Indra anunciara este verano una nueva planta en As Pontes, Galicia, donde prevé invertir unos 18 millones de euros y fabricar o integrar vehículos anfibios, lanzapuentes y sistemas de artillería sobre ruedas.

Por eso Barros ha cambiado incluso de posición dentro del tablero.

Lo que inicialmente se describía como la segunda fábrica de vehículos militares de Indra se presenta ahora por la propia compañía como su tercera fábrica dentro del corredor industrial del norte.

Gijón ya existe.

As Pontes está en marcha.

Y Barros sería la siguiente pieza.

Un corredor industrial que necesita carreteras, proveedores y logística

Si Barros termina entrando definitivamente en la estructura industrial de Indra, Asturias contará con dos grandes instalaciones de fabricación militar separadas por poco más de treinta kilómetros.

Eso abre oportunidades, pero también necesidades.

El movimiento de estructuras metálicas de gran tamaño entre centros industriales exigirá estudiar rutas de transporte, accesos, gálibos, capacidad viaria y conexión con el puerto de Gijón.

También será decisiva la cadena de suministro.

Asturias cuenta con empresas especializadas en metal, mecanizado, soldadura, ingeniería, electrónica y fabricación industrial capaces de convertirse en proveedores de los programas militares.

Pero para que el denominado polo de defensa produzca verdadero efecto tractor no bastará con que los vehículos se ensamblen físicamente en Asturias.

Será necesario conocer qué porcentaje del valor industrial permanecerá en empresas asturianas.

El gran interrogante: los empleos

Y aquí aparece probablemente la cifra que más interesa en Langreo.

¿Cuántas personas trabajarán en Barros?

Todavía no se sabe.

No existe públicamente una cifra comprometida de plantilla.

Tampoco se ha difundido la inversión que Indra realizará para adaptar las instalaciones.

Ni cuándo comenzará la producción.

Ni qué parte del empleo será directo.

Ni qué perfiles profesionales serán necesarios.

Esto contrasta con otras operaciones.

En El Tallerón estaba identificada la continuidad de más de 150 trabajadores.

En la nueva fábrica de As Pontes, Indra ha hablado públicamente de entre 70 y 120 empleos directos.

Barros todavía no tiene cifra.

Y precisamente por eso debería formar parte de las condiciones que acompañen cualquier utilización de unas instalaciones adquiridas previamente por el Principado.

De Duro Felguera a Indra: dos épocas industriales

La operación tiene además una enorme carga simbólica.

Barros pertenece a una empresa inseparable de la historia industrial asturiana.

Duro Felguera atravesó durante los últimos años una profunda crisis financiera y un complejo proceso de reestructuración mientras se desprendía de determinados activos.

Uno de ellos fue El Tallerón.

Ahora puede salir también de su patrimonio Barros.

Pero las instalaciones no desaparecerían.

Cambiarían de actividad.

De las grandes estructuras industriales de la ingeniería pesada tradicional a los vehículos, plataformas y sistemas militares del nuevo ciclo europeo de defensa.

Es probablemente una de las imágenes más claras de la transformación que está viviendo la industria asturiana.

Una oportunidad enorme que exige transparencia enorme

La intervención del Principado puede resolver definitivamente un bloqueo que amenazaba con dejar a Langreo fuera de una inversión estratégica.

Eso es lo relevante del anuncio.

Pero precisamente porque ahora entra directamente dinero público en la operación, el nivel de transparencia exigible también aumenta.

Asturias debería conocer, como mínimo:

el precio de compra de Barros;

la tasación utilizada para fijarlo;

los bienes y terrenos incluidos;

la situación jurídica y posibles cargas de los activos;

la fórmula mediante la que Indra ocupará posteriormente las instalaciones;

el alquiler, canon o contraprestación que corresponda, si existe;

la inversión comprometida por Indra;

el número mínimo de empleos;

los plazos para iniciar la actividad;

y las garantías previstas si el proyecto finalmente no se desarrolla.

Porque el anuncio conocido este martes puede acabar convirtiéndose en uno de los movimientos industriales más importantes de los últimos años en las Cuencas.

Pero todavía falta transformar una solución política en una operación económica cerrada.

Barbón ha encontrado la fórmula para que Barros continúe en la carrera.

Ahora queda conocer cuánto costará, qué recibirá Asturias a cambio y cuántos puestos de trabajo habrá realmente detrás de la palabra «fábrica».

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