Mira, rapacinos, hoy vengo con una receta pa esos días en los que una llega a casa con menos ganas de cocinar que de subir al Angliru marcha atrás.
Yo hoy no tengo tiempo. Cero. Ni pa picar una cebolla con dignidad.
Así que fui al Mercadona, agarré una de esas bolsas de wok de verduras, la miré y pensé:
—Balbina, esto así solo está muy moderno… pero muy poco asturiano.
Y claro, una cosa es ir con prisa y otra perder las raíces.
Así que vamos a convertir un wok de verduras de bolsa en un plato con fundamento, con gracia y con ese puntín de casa que hace que nadie sospeche que tardaste quince minutos.
Ingredientes
Para 2 personas:
- 1 bolsa de wok de verduras de Mercadona
- 2 dientes de ajo
- 80-100 g de chorizo asturiano
- 1 chorrito de sidra natural
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- Un poco de queso de cabrales, muy poco, opcional pero glorioso
- Aceite de oliva
- Sal
- Pimienta negra
- 1 huevo por persona, si queréis rematar la faena
El truco de Balbina
El secreto no está en hacer más cosas.
Está en hacer dos cosas muy bien.
La primera: dorar el chorizo.
La segunda: echar sidra y dejar que reduzca.
Con eso ya pasamos de “verduras de bolsa” a “esto igual lo puso una paisana en una casa de aldea y no me estoy enterando”.
Vamos al lío
Yo cojo una sartén grande, que luego las verduras parecen cuatro y de repente salen veinte.
Echo un chorrito pequeño de aceite y pongo el chorizo cortado en trocinos.
Que sude bien.
Cuando empieza a soltar esa grasina roja que ya huele a Asturias aunque estés cocinando en Alcorcón, echo los ajos laminados.
Y aquí cuidado: el ajo no se quema.
Porque ajo quemado es una desgracia y después sabe todo a penitencia.
Cuando empieza a dorar, añado la bolsa del wok.
Fuego fuerte.
Nada de cocer las verduras.
Hay que saltearlas.
Que cojan color.
Que hagan ruido.
Que parezca que está pasando algo en la cocina.
Y ahora viene la asturianada
Cuando las verduras ya están medio hechas, echo un buen chorrito de sidra natural.
No media botella, ¿eh?
Que esto es un wok, no el descenso del Sella.
La dejo reducir un par de minutos.
Después añado una cucharadita de pimentón dulce, remuevo rápido y bajo un poco el fuego.
Y aquí tenéis dos caminos.
El camino prudente: lo dejáis así.
El camino Balbina: echáis una puntina de cabrales, muy pequeña, y dejáis que se funda con la sidra y el jugo del chorizo.
No tiene que saber a salsa de cabrales.
Tiene que quedar ese sabor al fondo que hace que alguien diga:
—¿Qué demonios le echaste a esto?
Y tú:
—Nada, hija, cuatro tonterías.
Mentira.
Pero queda estupendo.
El huevo: porque a mí me da la gana
Yo, si lo quiero convertir ya en cena seria, pongo encima un huevo frito.
Con la yema blandina.
Y cuando la rompes y se mezcla con las verduras, el chorizo y ese fondo de sidra...
Mira.
Eso ya no es wok.
Eso ya es patrimonio emocional.
El resultado
Quedan las verduras crujientes, el chorizo mete potencia, la sidra da acidez y perfume y el cabrales, si lo usáis, deja un fondo cremoso que lo cambia todo.
Y lo mejor:
nadie necesita saber que empezamos con una bolsa del Mercadona.
Eso queda entre nosotros.
Porque como decía mi güela:
“La cocina buena no ye la que más tarda, ye la que fai callar a la mesa.”
Y si además os sobra tiempo después…
Pues sentaivos.
Que eso también alimenta.

