Vecinos y personas vinculadas al concejo están aportando dinero a una campaña de micromecenazgo para cubrir más de 50.000 euros de costes y evitar que el Festival Iberoamericano Ribadedeva En Danza busque otra sede en 2027
Hay festivales que desaparecen en silencio. Y hay otros que, cuando parece que pueden marcharse, provocan que un pueblo entero se pregunte cuánto vale realmente mantenerlos.
Eso es lo que está ocurriendo estos días en Ribadedeva.
El Festival Iberoamericano Ribadedeva En Danza (FIBRED), que acaba de celebrar su décima edición, atraviesa una situación económica delicada. La organización ha reconocido que el modelo actual no puede mantenerse indefinidamente sin apoyo institucional y ha comenzado a estudiar otras posibles sedes para 2027.
La respuesta, sin embargo, ha sido inesperada.
Vecinos de Ribadedeva y personas vinculadas al territorio están sumándose a una campaña de micromecenazgo para intentar que el Festival no se marche del concejo donde nació y donde lleva una década desarrollándose.
Quedan apenas cuatro días.
Y el debate ya no es solo económico.
Es casi sentimental: ¿puede una comunidad pequeña impedir que uno de sus proyectos culturales más reconocibles desaparezca o se vaya a otro lugar?
Más de 50.000 euros de coste y facturas aún pendientes
La décima edición del FIBRED se celebró entre el 16 y el 30 de agosto y ha supuesto ya más de 50.000 euros de gasto.
La organización reconoce que todavía mantiene numerosos pagos pendientes relacionados con esas dos semanas de actividad.
Durante el Festival participaron más de cuarenta jóvenes artistas, que convivieron y se formaron junto a figuras de la danza y la música.
Hubo espectáculos, conciertos, exposiciones, talleres, actividades sociales y patrimoniales y el VI Certamen Ribadedeva En Danza, repartidos entre espacios del propio concejo y del vecino municipio cántabro de Val de San Vicente.
Ahora la prioridad es mucho menos vistosa que un escenario lleno.
Hay que pagar lo que ya se ha hecho.
Y de conseguirlo depende en buena medida poder empezar inmediatamente a preparar la edición de 2027.
El Festival había empezado a mirar fuera
La advertencia de la organización fue clara.
Después de diez años en Ribadedeva, el FIBRED comenzó a estudiar alternativas porque considera inviable mantener el proyecto en las mismas condiciones sin ninguna ayuda institucional.
Eso abría una posibilidad hasta ahora impensable: que el Festival continuara, sí, pero fuera del concejo.
Y ahí cambió el tono de la historia.
La noticia de una posible marcha movilizó a vecinos que comenzaron a entrar en la campaña de Goteo, hacer pequeñas aportaciones y difundirla entre familiares y conocidos.
No se trataba ya solo de financiar un evento.
Se trataba de evitar perderlo.
“Nada me haría más ilusión que fuera la propia gente de Ribadedeva quien consiguiera que el Festival se quedara”
La directora del FIBRED y del Encuentro Con Los Maestros, María Herrera, reconoce que esa respuesta vecinal ha cambiado incluso su forma de mirar el futuro.
Su deseo es que sean precisamente los habitantes del concejo quienes permitan mantener el proyecto allí donde nació hace diez años.
Y la organización ha establecido un compromiso concreto.
Si la campaña alcanza su objetivo óptimo y permite afrontar los costes pendientes de FIBRED 2026, la XI edición del Encuentro Con Los Maestros y el FIBRED 2027 permanecerán en Ribadedeva.
Es decir: la campaña no solo sirve para cerrar las cuentas de este año.
Puede decidir también dónde se celebrará el siguiente.
Una reflexión incómoda sobre quién paga la cultura
La movilización ha abierto además una cuestión más profunda.
¿Cómo se sostiene un proyecto cultural en el medio rural cuando las instituciones no cubren sus necesidades?
La dirección del Festival plantea ahora explorar un modelo menos dependiente exclusivamente de las subvenciones públicas y más apoyado en una red de pequeñas aportaciones de espectadores, familias, ciudadanos y personas que sienten el proyecto como propio.
María Herrera plantea la posibilidad de construir el Festival “de otra manera”: muchas personas aportando un poco, sin que eso elimine —subraya— la responsabilidad de ayuntamientos, comunidades autónomas y Estado en la promoción de la cultura.
Las aportaciones realizadas a través de Goteo pueden además generar beneficios fiscales para los donantes, que pueden solicitar el correspondiente certificado de donación.
Un festival que ya forma parte del paisaje
Después de diez años, el FIBRED no es simplemente una cita anual en el calendario.
Ha llevado a Ribadedeva a artistas, jóvenes intérpretes, familias, maestros, compañías y público procedentes de distintos lugares.
Ha utilizado iglesias, espacios patrimoniales, escenarios rurales y rincones del concejo como parte de su identidad.
Y las fotografías incluidas en la propia comunicación del Festival lo resumen bien: músicos, bailarines y artistas actuando en interiores históricos, escenarios y espacios abiertos del territorio. La cultura aparece casi mezclada con el paisaje de Ribadedeva.
Por eso su posible marcha tiene una dimensión que va más allá de perder un evento.
Significaría también perder parte de una actividad cultural que durante una década ha utilizado el propio concejo como escenario.
El precedente de los ciudadanos que salvaron una universidad
La organización incluso ha encontrado una referencia histórica para explicar lo que está sucediendo.
Recuerda el caso de la Sociedad de Condueños de Alcalá de Henares, creada en el siglo XIX cuando un grupo de ciudadanos decidió aportar su propio dinero para evitar la desaparición de los edificios de la antigua Universidad.
Las dimensiones son, evidentemente, incomparables.
Pero la idea que inspira al FIBRED es la misma: una comunidad que decide que algo forma parte de su patrimonio y que merece ser protegido colectivamente.
Cuatro días
La campaña entra ahora en su recta final.
Quedan cuatro días para participar.
Cuatro días para cubrir parte de los costes de una edición que ya se ha celebrado.
Cuatro días para empezar a construir la siguiente.
Y, sobre todo, cuatro días para comprobar si Ribadedeva está dispuesto a hacer algo que pocas veces puede medirse con claridad:
ponerle precio al valor que tiene para un territorio conservar uno de sus proyectos culturales.
Dentro de unos años, quizá el FIBRED siga allí.
O quizá haya tenido que marcharse.
Pero la decisión que se está tomando estos días tiene algo extraordinariamente sencillo detrás:
si suficiente gente decide que quiere que se quede, todavía puede quedarse.
