Tazones vuelve a abrir las puertas del tiempo: Carlos V desembarca entre sidra, pólvora, redes y una multitud entregada

Tazones vuelve a abrir las puertas del tiempo: Carlos V desembarca entre sidra, pólvora, redes y una multitud entregada

Más de quinientos años después de aquella llegada inesperada de 1517, Tazones volvió a convertirse este fin de semana en la puerta de entrada de Carlos de Habsburgo a España. Cientos de personas abarrotaron el pequeño puerto maliayés para asistir a una recreación que ya es mucho más que una fiesta histórica: es uno de los grandes rituales populares del verano asturiano.

Hay días en los que Tazones parece un pueblo detenido en el tiempo. Y hay otros, como este sábado, en los que directamente decide regresar al siglo XVI.

El puerto se llenó de pendones, soldados, pescadores, nobles, artesanos, redes, barcas y curiosos. El murmullo de la multitud se mezclaba con los gritos de alerta, el sonido de la caracola y la expectación de cientos de personas que esperaban la llegada de una embarcación muy especial.

Era Carlos.

No todavía Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ni siquiera el hombre que acabaría gobernando uno de los mayores imperios de su tiempo. Era aquel joven de apenas 17 años que, el 19 de septiembre de 1517, desembarcó casi por accidente en este pequeño puerto asturiano procedente de Flandes.

Más de cinco siglos después, Tazones volvió a recibirlo.

Una llegada que cambió la historia

La escena comenzó como dicta la tradición.

Los centinelas dieron la voz de alarma al comprobar que varias embarcaciones se acercaban a la costa. Desde tierra, los vecinos observaron con recelo a unos desconocidos que, a primera vista, podían parecer cualquier cosa menos una visita amistosa.

Las banderas de Castilla y Aragón terminaron despejando las dudas.

Un enviado real se adelantó para explicar que quienes se aproximaban no eran piratas ni invasores. Entre ellos viajaba un joven procedente de Flandes llamado Carlos, llamado a convertirse en rey.

La tensión dejó paso al recibimiento.

Y Tazones estalló.

Los vítores al rey, al príncipe y a la Corona devolvieron durante unos minutos al pueblo al ambiente que pudo vivirse hace más de quinientos años.

Carlos descubre la sidra

Entre todos los momentos de la representación hubo uno especialmente celebrado.

El recién llegado probó uno de los grandes símbolos de Asturias: la sidra.

Y el veredicto del joven monarca no pudo resultar más favorable.

En la recreación, Carlos destacó que aquella bebida asturiana poco tenía que envidiar a las mejores cervezas de las tierras de las que procedía.

Una frase que arrancó sonrisas entre el público y que sirve casi como metáfora perfecta del encuentro entre dos mundos.

El muchacho llegado desde Flandes descubría Asturias.

Y Asturias comenzaba a descubrir al hombre que marcaría buena parte de la historia europea del siglo XVI.

Un pueblo entero convertido en escenario

La grandeza del Desembarco de Carlos V no está únicamente en la llegada del protagonista.

Está en todo lo que ocurre alrededor.

Durante unas horas, Tazones deja de parecer una localidad costera del siglo XXI y recupera los oficios, costumbres y formas de vida de hace medio milenio.

Las redes de pesca vuelven a trabajarse a mano.

Se fabrican útiles tradicionales.

Los puestos recrean la actividad cotidiana de una comunidad marinera.

Los vecinos se visten de época.

Las calles se llenan de personajes que podrían haber salido de una pintura del Renacimiento.

Y el puerto entero se transforma en un enorme escenario sin necesidad de telón.

Medio país siguiendo las huellas del emperador

La recreación tiene además una dimensión que supera ampliamente las fronteras de Villaviciosa.

Hasta Tazones llegaron asociaciones procedentes de otros lugares vinculados históricamente al recorrido de Carlos por España.

Desde Laredo, miembros de la Asociación Palenque recrearon la vida cotidiana de las comunidades marineras de la época.

Sus integrantes mostraron cómo se reparaban redes, cómo se fabricaban instrumentos para la pesca y cómo era el trabajo diario en un puerto del siglo XVI.

También estuvo presente una representación de Aguilar de Campoo, otro de los enclaves relacionados con los primeros viajes del monarca por la Península.

Cada localidad recrea un capítulo distinto.

En unas, Carlos llega a caballo.

En Tazones, llega desde el mar.

Y ahí reside una de las singularidades que convierte este desembarco en una de las recreaciones históricas más reconocibles de Asturias.

Redes que todavía saben contar historias

Entre los participantes había también personas capaces de conectar directamente aquellos antiguos oficios con la Asturias actual.

Es el caso de María Margolles, conocedora del trabajo tradicional con redes de pesca.

Mientras a su alrededor se desarrollaba la representación, mostraba cómo un material que durante generaciones sirvió para ganarse la vida en el mar puede transformarse hoy en bolsos, piezas artesanales o bisutería.

Son pequeños detalles que dan profundidad a la fiesta.

Porque el Desembarco no recrea únicamente reyes y nobles.

También recuerda a quienes vivían del mar.

A quienes reparaban las redes.

A quienes esperaban la pesca.

A quienes hicieron posible que un pequeño puerto del Cantábrico estuviera preparado para recibir, sin saberlo, a uno de los personajes más importantes de la historia europea.

Barbón, pregonero vestido de época

La edición de este año contó además con la participación del presidente del Principado, Adrián Barbón, encargado de pronunciar el pregón.

Vestido de época y completamente integrado en la representación, dio la bienvenida al joven Carlos a una tierra que definió como hospitalaria y generosa.

La escena permitió unir el relato histórico con el presente.

Barbón recordó también a Aurelio Nava Peón, “Lelo”, uno de los grandes impulsores de una celebración que ha conseguido consolidarse durante décadas hasta convertirse en una referencia del calendario festivo asturiano.

También hubo espacio para cuestiones actuales del pueblo, incluida la regulación del aparcamiento, recordando que incluso cuando Tazones viaja al siglo XVI hay problemas muy del siglo XXI esperando a la vuelta de la esquina.

44 veranos regresando a 1517

La recreación lleva décadas reuniendo a vecinos y visitantes.

Y ese dato explica buena parte de su éxito.

No se trata únicamente de representar una escena histórica.

La fiesta ha ido creando su propia tradición.

Hay familias que llevan años participando.

Asociaciones que regresan edición tras edición.

Vecinos que preparan vestuario, decorados y actividades durante semanas.

Y visitantes que vuelven cada verano para contemplar una escena cuyo desenlace conocen perfectamente, pero que siguen queriendo vivir.

Carlos volverá a desembarcar.

Los vecinos volverán a desconfiar.

La caracola volverá a sonar.

Y el pueblo terminará celebrando la llegada del joven monarca.

Pero cada año parece diferente.

La historia continúa este domingo en Villaviciosa

El desembarco no pone fin al viaje.

La recreación continúa este domingo con la llegada del monarca a Villaviciosa.

El desfile está previsto a partir de las 19.00 horas, prolongando así el recorrido histórico iniciado en el puerto.

Durante la jornada también habrá mercado, animación musical y visitas teatralizadas a la Casa de los Hevia, uno de los lugares directamente relacionados con la estancia de Carlos en Asturias.

Será el segundo capítulo de este viaje al pasado.

Primero, el mar.

Después, Villaviciosa.

Y desde allí, el camino que terminaría llevando a aquel adolescente llegado de Flandes hasta el corazón de uno de los mayores imperios de su tiempo.

Tazones, el pequeño puerto que entró en la historia

Aquella llegada de 1517 pudo ser accidental.

Lo que ocurrió después, no.

Tazones convirtió aquel episodio en una parte esencial de su identidad y, cinco siglos más tarde, sigue recordándolo con una intensidad difícil de encontrar en cualquier otra celebración histórica.

Durante unas horas, el pequeño puerto asturiano vuelve a ser protagonista de la historia de Europa.

Las barcas se aproximan.

La caracola vuelve a sonar.

Los vecinos levantan la vista hacia el mar.

Y Carlos desembarca otra vez.

Como lleva haciendo cada verano desde hace décadas.

Y como probablemente seguirá haciendo mientras Tazones continúe dispuesto a abrir, una vez al año, una puerta directa hacia 1517.

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