El Gobierno interpreta el giro del presidente estadounidense como una reacción al compromiso español de alcanzar el entorno del 2%-2,1% del PIB en defensa, muy lejos del 5% que exige Washington. La clave: no hay un cheque directo a Trump ni a la OTAN, sino un aumento masivo del gasto militar español
Donald Trump pasó en pocas horas de amenazar a España con cortar relaciones comerciales a afirmar que el país “se ha redimido por completo”. La explicación oficial del Gobierno español es sencilla: el presidente estadounidense no se refería a un pago extraordinario a Washington, sino al aumento del gasto en Defensa que España ya ha puesto sobre la mesa para cumplir con sus compromisos dentro de la OTAN.
El episodio, con el estilo habitual de Trump —primero la llamarada, luego el abrazo de oso—, se produjo tras la cumbre de la Alianza Atlántica en Ankara. El mandatario estadounidense había acusado a España de ser un mal socio por no aceptar el salto al 5% del PIB en gasto militar. Horas después, en el Air Force One, cambió el tono y aseguró que España había aceptado una “importante solicitud de pago”. No precisó a qué se refería. Y ahí está la clave: Moncloa sostiene que ese “pago” no es nuevo, ni va a las arcas de Estados Unidos, ni supone una transferencia directa a la OTAN. Es el compromiso español de elevar de forma sostenida el gasto en Defensa.
¿A qué se ha comprometido realmente España?
España defiende que puede cumplir sus obligaciones militares con la OTAN destinando el 2,1% del PIB a Defensa. Esa fue la cifra que Pedro Sánchez pactó y defendió en junio de 2025, cuando Moncloa aseguró que los técnicos de las Fuerzas Armadas habían estimado que ese porcentaje bastaba para adquirir y mantener el personal, el equipamiento y las infraestructuras exigidas por la Alianza. “El 2,1%, ni más, ni menos”, resumió entonces el presidente.
El problema es que la OTAN, bajo presión de Estados Unidos, elevó el listón político. En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados asumieron como objetivo general llegar al 5% del PIB anual en 2035: un 3,5% para defensa estricta y un 1,5% adicional para seguridad, infraestructuras críticas, ciberdefensa, resiliencia e industria militar. La propia OTAN recuerda que antes ya existía el compromiso del 2% y que, desde Vilna 2023, ese mínimo dejó de verse como techo para pasar a considerarse suelo.
España se desmarcó de ese 5% y defendió una excepción o flexibilidad propia. Reuters resumió entonces la situación de forma clara: España optó por no incorporarse al objetivo del 5% y Sánchez alegó que asumirlo obligaría a recortes sociales.
La cifra real: unos 35.000 millones al año
El Gobierno español habla de unos 35.000 millones de euros para situarse en el entorno del 2% del PIB. Según la Cadena SER, Sánchez defendió en Ankara que España ya ha alcanzado ese nivel, frente al 0,9% que registraba al inicio de su mandato, y subrayó que el 44% de esos 35.000 millones se destina a nuevo equipamiento.
Los datos de la OTAN van en esa dirección. Su informe de inversión en defensa 2014-2026 estima para España un gasto de defensa de 41.767 millones de dólares en 2026, frente a los 24.555 millones de 2024 y los 38.107 millones de 2025. En términos de PIB, la OTAN sitúa a España en el 2,00% en 2026, por debajo de la media de Europa y Canadá dentro de la Alianza, que alcanza el 2,53% en defensa estricta.
La subida es brutal. El SIPRI calculó que España aumentó su gasto militar un 50% en 2025, hasta 40.200 millones de dólares, y que por primera vez desde 1994 superó el 2% del PIB. RTVE recogió además que en la última década el gasto militar español se ha incrementado un 122%.
El acelerón de junio: 6.287 millones más para Defensa
El gesto más visible antes de la cumbre fue la transferencia aprobada por el Consejo de Ministros el 7 de julio: 6.287,53 millones de euros para el Ministerio de Defensa. Hacienda explicó que el dinero se dirige especialmente al capítulo de inversiones y a cubrir necesidades de varios programas del presupuesto de Defensa.
Ese movimiento no fue aislado. En 2025, el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa ya movilizó 10.471 millones de euros para alcanzar el 2% del PIB. El propio plan repartía esa inversión en cinco grandes áreas: condiciones laborales, preparación y equipamiento de las Fuerzas Armadas; telecomunicaciones y ciberseguridad; nuevos instrumentos de defensa y disuasión; refuerzo industrial; y ajustes de programas especiales de modernización.
Dicho de otra manera: España no ha hecho un “gran pago” improvisado para calmar a Trump. Ha acelerado una estrategia de rearme que ya estaba en marcha y que se ha convertido en una de las mayores reorientaciones presupuestarias de los últimos años.
¿Cuánto cuesta por español?
Aquí conviene separar el titular político de la cuenta real.
Con una población de 49.687.120 habitantes a 1 de abril de 2026, según el INE, un gasto anual de 35.000 millones equivale aproximadamente a 704 euros por habitante al año. La transferencia extraordinaria de 6.287 millones aprobada esta semana equivale a 126 euros por habitante.
Si España aceptase literalmente el objetivo del 5% tomando como base el compromiso del 2,1%, la factura anual equivalente se iría a unos 83.300 millones de euros, alrededor de 1.677 euros por habitante. Es decir, el salto al 5% supondría unos 973 euros adicionales por español respecto al esfuerzo actual.
Traducido al lenguaje de calle: atender el mínimo que España dice haber pactado con la OTAN cuesta unos 700 euros por cabeza al año. Hacerle caso completo a Trump en el 5% costaría más del doble.
La comparación con sanidad, educación y pensiones
La dimensión del gasto se entiende mejor al compararlo con otras partidas públicas. El gasto sanitario público en España alcanzó en 2024 los 101.739 millones de euros, un 6,4% del PIB. Por tanto, los 35.000 millones de Defensa equivalen a alrededor de un tercio de todo el gasto sanitario público anual.
En educación, el gasto público superó en 2024 los 71.300 millones de euros. La factura anual de Defensa equivale a casi la mitad de esa cantidad.
La comparación con pensiones también es elocuente. El gasto total en pensiones en junio de 2026 fue de 14.397,52 millones de euros en una sola nómina mensual. Los 35.000 millones de Defensa equivalen aproximadamente a dos meses y medio de pensiones contributivas.
Y la transferencia extraordinaria de 6.287 millones aprobada esta semana equivale, por sí sola, al 6,18% de todo el gasto sanitario público anual de 2024 o al 8,8% del gasto educativo público de ese mismo año.
España sigue lejos de los países más militarizados de la OTAN
Aunque el salto español es enorme, España continúa por debajo de los aliados que más gastan. Según la OTAN, España se sitúa en el 2,00% del PIB en 2026, frente al 3,17% de Estados Unidos, el 2,69% de Alemania, el 2,56% del Reino Unido, el 2,22% de Francia o el 4,68% de Polonia. Los bálticos, con Rusia mucho más cerca en el mapa y en la memoria histórica, están en otra liga: Lituania aparece en el 5,33%, Estonia en el 5,10% y Letonia en el 4,92%.
La comparación per cápita también deja a España en la zona media-baja. La OTAN estima para 2026 unos 700 dólares por habitante en gasto de defensa español, frente a 1.427 dólares en Alemania, 1.274 en Reino Unido, 1.071 en Francia y 2.481 en Estados Unidos, en dólares constantes de 2021.
Moncloa opta por quitar hierro
La estrategia del Gobierno ha sido rebajar el choque. Sánchez aseguró que su conversación con Trump fue informal, cordial y centrada incluso en fútbol y golf. Moncloa insiste en que España mantiene una buena relación social, cultural, económica y estratégica con Estados Unidos, y recuerda además que cualquier conflicto comercial con España afecta al marco común de la Unión Europea, no solo a una relación bilateral.
Esa es otra parte importante del asunto. Trump puede amenazar con cortar el comercio con España, pero España no negocia sola su política comercial: lo hace dentro de la UE. Reuters recuerda que el comercio total entre España y Estados Unidos alcanzó los 74.500 millones de dólares en 2025 si se incluyen bienes y servicios, con superávit estadounidense en bienes. Una guerra comercial contra España sería jurídicamente compleja y políticamente explosiva.
Mucho más que una bronca con Trump
El fondo de la noticia no es solo la volatilidad verbal de Trump. Es que España ha entrado de lleno en una etapa de rearme acelerado. El Gobierno quiere presentar el aumento como compatible con el Estado del bienestar y como una inversión industrial, tecnológica y de seguridad. La derecha y buena parte de los aliados de la OTAN consideran que España sigue corta y debe acercarse al esfuerzo del resto. Y Trump, como siempre, convierte el desacuerdo en espectáculo.
Pero los números son testarudos: España ya está gastando mucho más en Defensa que hace apenas dos años. La factura ronda los 35.000 millones anuales, se ha aprobado una inyección adicional de 6.287 millones y el coste por habitante supera los 700 euros al año. No es un cheque a Trump. Pero sí es, en la práctica, el precio político y presupuestario de seguir dentro del nuevo clima de seguridad impuesto por la guerra de Ucrania, la presión de Estados Unidos y una OTAN que ya no se conforma con el viejo 2%.
La pregunta, a partir de ahora, no será solo cuánto gasta España en Defensa. Será qué se deja de hacer, qué industria se beneficia, qué parte retorna en empleo y tecnología, y hasta dónde está dispuesta la sociedad española a subir la factura militar sin tocar otros pilares del gasto público.
