Asturias quiere subirse al viento del mar: Barbón reivindica al Principado como potencia industrial de la eólica offshore

Asturias quiere subirse al viento del mar: Barbón reivindica al Principado como potencia industrial de la eólica offshore

El presidente defiende en Madrid que la región ya es “una referencia nacional” en la industria vinculada a la eólica marina y sitúa a los puertos de Avilés y El Musel, la innovación y el refuerzo eléctrico como piezas clave para no perder una oportunidad estratégica

Asturias quiere que el viento del mar no pase de largo. El presidente del Principado, Adrián Barbón, defendió este miércoles en Madrid que la comunidad “ya es una referencia nacional en la industria vinculada a la eólica marina”, un sector que se perfila como una de las grandes apuestas industriales de la próxima década y que puede encajar como un guante en el ADN productivo asturiano: metal, puertos, logística, ingeniería, energía y empresas acostumbradas a fabricar piezas grandes, complejas y con destino internacional.

Barbón participó en la jornada España ante la eólica offshore. Inversión, cadena de valor y el rol estratégico del norte peninsular, celebrada en el auditorio de la Oficina Económica y Comercial de Asturias en Madrid y organizada por la propia Oficina, la Cámara de Comercio de Oviedo y la Fundación Asturiana de la Energía, con presencia del IDAE en la clausura.

El mensaje del jefe del Ejecutivo fue claro: Asturias no puede mirar la transición energética como una amenaza, sino como una oportunidad industrial. Y tampoco puede seguir explicándose con fotografías antiguas. “La industria asturiana no es la de hace 50, 30 o 10 años”, advirtió Barbón, que pidió abandonar visiones desfasadas del pasado industrial para entender la transformación real del tejido productivo regional.

Una oportunidad sin repesca

El presidente asturiano situó la eólica marina como una “ventana de oportunidad” que debe aprovecharse cuanto antes. La frase tiene carga política, pero también económica: en la nueva carrera energética global, las regiones que consigan posicionarse primero en la cadena de valor serán las que capten inversión, contratos, empleo y tecnología. Las que lleguen tarde verán pasar los aerogeneradores desde la orilla. Y con prismáticos.

España se ha fijado como objetivo instalar entre 1 y 3 gigavatios de eólica marina en 2030, según la Hoja de Ruta estatal para el desarrollo de la eólica marina y las energías del mar. El Ministerio para la Transición Ecológica recuerda que Europa cuenta ya con 37 GW de eólica marina instalada, mientras que España parte con una dificultad añadida: la profundidad de sus costas obliga a apostar por tecnología flotante, todavía menos madura que la eólica marina fija, pero con enorme potencial industrial.

Ahí es donde Asturias quiere hacerse fuerte. No solo produciendo energía, sino fabricando parte de lo que otros necesitarán para producirla.

Avilés, El Musel y una industria que ya sabe fabricar para el mundo

La eólica marina no es únicamente instalar molinos en el mar. Es una cadena de valor gigantesca: cimentaciones, monopilotes, torres, subestaciones, cableado, logística portuaria, mantenimiento, ingeniería, ensamblaje, transporte marítimo y servicios auxiliares. Y Asturias tiene piezas muy relevantes en ese tablero.

Barbón destacó el papel de infraestructuras como los puertos de Avilés y El Musel, junto al protagonismo de empresas asturianas ya presentes en la cadena de valor del sector. El Principado cuenta, según el presidente, con una “ventaja competitiva” que otras regiones querrían para sí: puertos industriales, tradición logística, conocimiento metalúrgico y empresas capaces de operar en mercados internacionales.

El ejemplo más evidente es Windar Renovables, que ha iniciado en Avilés la adaptación de una nueva planta de monopilotes con una inversión prevista de más de 130 millones de euros y la creación de 600 empleos en la región. La compañía prevé fabricar estructuras de hasta 12,5 metros de diámetro, 3.500 toneladas y 130 metros de longitud, orientadas a parques del mar del Norte, el Báltico y la costa este de Estados Unidos.

El Musel también se mueve. La Autoridad Portuaria de Gijón obtuvo este año 7,17 millones de euros para impulsar la eólica marina a través del programa IDAE PORT-EOLMAR, una línea clave para adaptar instalaciones portuarias al nuevo tamaño y complejidad de los componentes offshore.

Asturias no parte de cero

El discurso de Barbón se apoya en una idea de fondo: Asturias no tiene que inventarse una industria desde cero, sino orientar parte de su capacidad productiva hacia nuevos mercados. La industria representa el 20,6% del valor añadido bruto de la economía asturiana, muy por encima del peso medio del sector en España, y sigue siendo una de las principales fuentes de empleo estable, cualificado y de alto valor añadido en la comunidad.

La eólica marina encaja precisamente en esa lógica de reconversión avanzada. No se trata de sustituir una Asturias industrial por una Asturias verde de postal, sino de hacer que la vieja fortaleza industrial encuentre nuevos contratos en sectores vinculados a la energía, la defensa, la siderurgia inteligente, la digitalización, la biomedicina o las renovables.

Por eso el presidente vinculó esta oportunidad con la Estrategia Industrial de Asturias, un documento que el Gobierno autonómico presenta como hoja de ruta para diversificar la economía regional sin renunciar a su base fabril. “No vamos a renunciar a uno solo de estos sectores”, defendió Barbón.

Tres zonas de potencial frente a la costa asturiana

El contexto nacional también empuja. El Ministerio para la Transición Ecológica ha activado los pasos previos para las primeras subastas de eólica marina en España. En el caso asturiano, el Plan de Ordenación del Espacio Marítimo del Cantábrico identifica tres áreas de alto potencial: una frente a la costa de Gijón, de 151 kilómetros cuadrados; otra frente a Valdés y Navia, de 80 kilómetros cuadrados; y una tercera frente a Tapia de Casariego y El Franco, de 104 kilómetros cuadrados.

Estas zonas abren posibilidades, pero también obligan a hilar fino. La eólica marina deberá compatibilizarse con la pesca, el medio ambiente, los usos del mar, la aceptación social y la capacidad de evacuación eléctrica. La propia Hoja de Ruta estatal fija entre sus objetivos que el despliegue sea compatible y sostenible desde el punto de vista ambiental y social.

La oportunidad es enorme, sí. Pero no basta con poner molinos donde sople el viento. Hay que ordenar el mar, escuchar a los sectores afectados y asegurar que la riqueza no se queda flotando lejos de la costa.

El gran cuello de botella: la electricidad

Barbón puso el foco en una prioridad que puede decidir buena parte del futuro industrial asturiano: el abastecimiento energético. En particular, reclamó la ejecución de las inversiones asociadas al anillo eléctrico, una infraestructura clave para que la industria regional pueda crecer, electrificarse y atraer nuevos proyectos.

El problema es muy concreto. Para que la eólica marina sea algo más que un mapa bonito, hace falta red. En el occidente asturiano, por ejemplo, la autopista energética entre Asturias y Galicia queda alejada de la costa, lo que exige nuevas conexiones si se quieren desarrollar proyectos frente a Navia, Tapia o el entorno occidental. Esa necesidad aparece entre las demandas asturianas de refuerzo de red con horizonte 2030.

Barbón lo resumió con una imagen muy gráfica: si se abre bien esa llave de paso, el porvenir industrial está asegurado. Y tiene sentido. Sin energía suficiente, estable y competitiva, la industria no se expande: se queda mirando los planos.

Un sector que puede cambiar la escala industrial del norte

La eólica marina flotante puede convertirse en uno de los grandes vectores de inversión de la próxima década. Según los estudios citados por el sector, el desarrollo de esta tecnología en España podría generar hasta 40.000 empleos y un impacto cercano a 10.000 millones de euros en el PIB en cinco años.

Para Asturias, la clave no está solo en cuántos megavatios se instalen frente a su costa, sino en qué parte de la cadena de valor se queda en la región. Ahí está la partida importante: fabricar componentes, operar desde los puertos, atraer inversión, reforzar proveedores locales, generar empleo técnico y consolidar una industria exportadora.

La comunidad tiene tradición industrial, empresas con músculo, puertos preparados para grandes cargas y una posición estratégica en el norte peninsular. Pero también necesita rapidez administrativa, seguridad regulatoria, red eléctrica, suelo industrial, formación especializada y coordinación entre Gobierno, puertos, empresas y centros tecnológicos.

La nueva industria asturiana mira al mar

La intervención de Barbón en Madrid fue, en el fondo, una reivindicación de autoestima industrial. Asturias no quiere ser solo una región que recuerda lo que fue. Quiere ser una región que fabrica lo que viene.

La eólica marina aparece como una de esas oportunidades que no se repiten muchas veces: mezcla transición energética, industria pesada, innovación, empleo cualificado y logística portuaria. Justo el tipo de cóctel que puede dar a Asturias un papel protagonista si se hacen bien las cosas.

El reto no es menor. Habrá competencia feroz de otras regiones, de otros puertos y de otros países. Habrá debate ambiental y pesquero. Habrá que resolver infraestructuras eléctricas. Habrá que asegurar que los proyectos se traducen en empleo real y no solo en grandes titulares.

Pero el viento ya se mueve. Y Asturias, esta vez, no quiere quedarse en la costa viendo pasar la oportunidad. Quiere estar en el taller, en el puerto, en el diseño, en el montaje y en la exportación. Quiere que la energía del mar también sea industria asturiana.

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