Recetas de una abuela asturiana: Gazpacho de manzana (con este calor, quien encienda la cocina ye porque tiene una cuenta pendiente con la familia)

Recetas de una abuela asturiana: Gazpacho de manzana (con este calor, quien encienda la cocina ye porque tiene una cuenta pendiente con la familia)

Ay, fíos, qué manera de apretar el calor. Esto ya no ye verano: esto ye tener Asturias metida dentro de una olla exprés. Salí esta mañana a tender una sábana y, cuando volví, casi podía doblarla sola de lo tiesa que estaba. ¡Ni en Benidorm, ho!

Así que hoy no voy a poner fabes, ni pote, ni nada que necesite fuego, porque bastante cocidos estamos ya nosotros. Voy a preparar un gazpacho de tomate y manzana asturiana, bien fresquín, ligero y con ese puntín dulce que le da la manzana. Entra solo, alimenta y no te deja sudando como si hubieras subido al Angliru con madreñas.

Y que nadie me venga diciendo que el gazpacho no ye asturiano. Asturiano ye todo lo que lleva una buena manzana, se come con gusto y no se desperdicia. ¡Faltaría más!

Ingredientes para cuatro personas

  • 750 gramos de tomates bien maduros
  • 1 manzana asturiana, mejor si es ligeramente ácida
  • Medio pepino
  • Un trocito pequeño de pimiento verde
  • Un cuarto de cebolla
  • Medio diente de ajo
  • 2 cucharadas de vinagre de sidra
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Sal al gusto
  • Medio vaso de agua muy fría
  • Unos cubitos de hielo, si el calor está especialmente faltoso
  • Cebollino, pepino y manzana picados para decorar

Cómo lo preparo yo

1. Dejo los tomates como Dios manda

Primero lavo bien los tomates, que una cosa ye comer del campo y otra comer el campo entero. Los corto en trozos grandes y los echo en el vaso de la batidora.

Yo no suelo pelarlos porque luego lo trituro y lo cuelo. Ahora bien, si tienes más paciencia que yo —que tampoco ye difícil algunos días—, puedes escaldarlos y quitarles la piel.

2. Añado la manzana

Pelo la manzana, le quito el corazón y la corto en trozos. La echo junto al tomate.

La manzana le da frescor, un punto ácido y una suavidad estupenda. Pero no pongáis dos, que entonces en vez de gazpacho hacemos una compota con ínfulas.

3. Meto las verduras

Añado el pepino pelado, el pimiento verde, la cebolla y medio diente de ajo.

Con el ajo hay que tener juicio. Medio diente anima; tres dientes te dejan hablando solo y espantando mosquitos desde la otra punta del concejo.

4. Aliño sin miedo, pero con conocimiento

Echo el vinagre de sidra, un poco de sal, el aceite de oliva y medio vaso de agua fría.

Lo trituro todo durante dos o tres minutos, hasta que queda bien fino. Si lo veo demasiado espeso, añado otro poco de agua, pero de poco en poco. Que esto tiene que ser gazpacho, no agua de fregar la pumarada.

5. Lo cuelo y lo dejo reposar

Paso el gazpacho por un colador para que quede suave, sin pieles ni semillas.

Después lo meto en la nevera durante un mínimo de dos horas. Este plato necesita estar frío de verdad. Servir un gazpacho templado ye como bailar una muñeira con zapatillas de estar por casa: poder, se puede, pero no luce nada.

Cómo lo sirvo

Cuando llega la hora de comer, lo remuevo bien y lo pruebo por si necesita un poco más de sal o vinagre.

Lo sirvo en cuencos o vasos y le pongo por encima unos dadinos de manzana, pepino y un poco de cebollino. También podéis añadir huevo cocido picado, unas migas de bonito del norte o unos trocinos de queso asturiano suave.

Y si el día está de esos que derriten hasta las ideas, añado un cubito de hielo. Eso sí, se bebe antes de que el hielo agüe el asunto.

El consejo de la abuela Albina

Preparadlo por la mañana y dejadlo en la nevera hasta la comida. Al reposar, los sabores se conocen, se hacen amigos y dejan de discutir entre ellos. Como en las familias, pero bastante más rápido.

También podéis guardarlo en una botella de cristal durante dos días. Antes de servirlo, se agita bien y queda estupendo.

Y ya está, fíos: comida hecha sin encender un solo fogón, que hoy acercarse a la cocina ye deporte de riesgo. Os tomáis un cuencu de este gazpacho, os sentáis a la sombra y dejáis que trabaje el aire, si tiene a bien presentarse.

Yo voy a cerrar las persianas, poner los pies en un barreñu y esperar a que vuelva el clima asturiano de toda la vida. Porque una se queja de la lluvia, sí… pero después vienen cuatro días de calor y ya estamos todos llamando a las nubes por su nombre.

¡Comed fresquín, bebed agua y no salgáis al sol a lo loco, que el verano ye muy guapo visto desde una ventana!

 

Dejar un comentario

captcha