El misterio del cementerio de Castropol: alguien abrió un ataúd de madrugada y se llevó huesos humanos

El misterio del cementerio de Castropol: alguien abrió un ataúd de madrugada y se llevó huesos humanos

La Guardia Civil investiga la profanación de una tumba en San Juan de Moldes tras desaparecer parte del esqueleto de un vecino enterrado en 2015: “El pueblo está conmocionado”

El silencio del pequeño cementerio parroquial de San Juan de Moldes, en Castropol, se rompió esta semana de la forma más perturbadora imaginable.

Dos vecinas acudieron a visitar a sus familiares fallecidos y se encontraron una escena impropia de una aldea tranquila del occidente asturiano: una lápida destrozada, un ataúd parcialmente extraído del nicho y restos esparcidos junto a la estructura funeraria. Al acercarse, descubrieron algo todavía más inquietante: faltaban huesos humanos. Según las primeras informaciones recabadas en la investigación, también habría desaparecido el cráneo del difunto.

La víctima de esta macabra profanación era un vecino de la localidad fallecido en 2015. Su féretro estaba situado en uno de los nichos superiores del pequeño camposanto parroquial, en una zona visible junto al pasillo de entrada. Precisamente esa ubicación hizo que el destrozo fuese descubierto rápidamente por los primeros visitantes del día.

Desde ese momento, el estupor se extendió por todo el concejo y también por la vecina Ribadeo, donde el caso se comenta con mezcla de miedo, incredulidad y rumores de toda clase.

Un cementerio convertido en escenario policial

Agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil desplazados desde Luarca trabajaron durante horas en el cementerio buscando huellas, restos biológicos y cualquier indicio que permita identificar al autor.

Los investigadores sospechan que quien actuó conocía relativamente bien la estructura del cementerio o, al menos, sabía exactamente qué buscaba. No se trató únicamente de vandalismo. El nicho fue violentado con suficiente fuerza como para fracturar la lápida y desplazar parcialmente el féretro hacia el exterior. Después, alguien manipuló directamente los restos óseos.

Hasta el momento no consta ninguna detención.

En el pueblo cuesta encontrar explicaciones racionales. Algunos vecinos hablan de un acto macabro aislado. Otros mencionan posibles rituales esotéricos o prácticas vinculadas a supersticiones, aunque los investigadores mantienen total prudencia y no descartan ninguna hipótesis.

“Estamos hablando de una aldea muy pequeña donde prácticamente todo el mundo se conoce”, explicaba ayer un vecino visiblemente afectado. “Aquí jamás pasó algo parecido. La gente está asustada porque no entienden qué clase de persona hace algo así”.

“Es un hecho absolutamente condenable”

El alcalde de Castropol, Francisco Javier Vinjoy, condenó públicamente los hechos y trasladó el apoyo institucional a la familia afectada.

“Es un hecho absolutamente condenable. Es un suceso macabro. Confiamos en que las fuerzas de seguridad lo esclarezcan cuanto antes”, señaló el regidor.

Pero más allá del daño material, lo ocurrido ha dejado una herida emocional profunda en una zona donde los cementerios siguen siendo lugares enormemente ligados a la memoria familiar y al respeto comunitario.

En San Juan de Moldes apenas viven unas decenas de personas de manera permanente. Allí todo se sabe enseguida. Y precisamente por eso el impacto psicológico está siendo enorme.

¿Cada cuánto ocurren casos así en España?

Aunque extremadamente infrecuentes, las profanaciones de tumbas no son completamente excepcionales en España.

No existe una estadística oficial específica del Ministerio del Interior sobre robo de huesos o violación de sepulcros, ya que este tipo de delitos suele integrarse dentro de los delitos contra los sentimientos religiosos y el respeto a los difuntos.

Sin embargo, fuentes policiales y judiciales consultadas en distintos procedimientos apuntan a que cada año aparecen en España decenas de incidentes relacionados con vandalismo funerario, apertura de nichos, robos en cementerios o rituales esotéricos. La mayoría se limita a daños materiales, pintadas o robo de objetos metálicos, pero la manipulación directa de restos humanos sigue siendo extraordinariamente rara.

Precisamente hace solo unas semanas se conoció otro caso llamativo en Soria, donde se denunció una presunta profanación vinculada a un supuesto ritual de santería en un cementerio de El Espino.

Los expertos en criminología señalan que, cuando aparecen robos de huesos o cráneos, detrás puede haber motivaciones muy distintas: desde trastornos psicológicos hasta prácticas ocultistas, coleccionismo mórbido o incluso simples actos de vandalismo extremo.

El delito que puede acabar en prisión

En España, este tipo de hechos está recogido en el artículo 526 del Código Penal, que castiga a quienes violen sepulcros, profanen cadáveres o dañen nichos y urnas funerarias.

Las penas previstas incluyen prisión de tres a cinco meses o multas económicas. Pero más allá de la condena penal, los juristas recuerdan que la gravedad social de estos hechos suele ser enorme porque afectan a algo especialmente sensible: la memoria de los muertos y el duelo de las familias.

Y precisamente eso es lo que más pesa ahora en este rincón del occidente asturiano.

Porque mientras la Guardia Civil intenta averiguar quién entró en el cementerio y por qué alguien quiso llevarse huesos humanos de un ataúd cerrado hace once años, en San Juan de Moldes queda una sensación difícil de describir: la de haber visto cómo un lugar sagrado para el pueblo se convertía, de repente, en escenario de una pesadilla.

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