Un informe revela una realidad estremecedora: niñas y adolescentes sufren especialmente el impacto del maltrato, el acoso y la violencia digital mientras los expertos alertan de que muchos casos llegan demasiado tarde
Detrás de cada llamada hay una historia que casi nunca se ve. Una niña encerrada en su habitación llorando tras semanas de ciberacoso. Un adolescente que convive con insultos y miedo dentro de su propia casa. Menores que se autolesionan, que sufren ansiedad, depresión o ataques de pánico mientras intentan pedir ayuda sin que nadie a su alrededor lo sepa.
El nuevo informe presentado por el Gobierno de Asturias y elaborado por la Fundación Anar ha puesto cifras a una realidad que llevaba años creciendo en silencio: la violencia está presente en más de la mitad de los casos de infancia y adolescencia atendidos en el Principado durante el último año.
El dato impresiona por sí solo. En 2025 se registraron 4.709 peticiones de ayuda de menores, familias o personas de su entorno. Detrás de esas comunicaciones hubo finalmente 316 casos considerados de vulnerabilidad, riesgo o desamparo, un 4,6% más que el año anterior. Pero lo verdaderamente inquietante no es solo la cantidad. Es la gravedad de muchas de las situaciones detectadas.
Porque, según el análisis, 174 menores eran víctimas directas de violencia y acumulaban hasta 665 problemas asociados. Es decir, casi cuatro situaciones graves simultáneas por cada niño o adolescente atendido. No se habla únicamente de un caso de bullying o de una discusión familiar aislada. Se habla de menores atrapados en espirales donde se mezclan violencia psicológica, miedo, aislamiento, ansiedad, autolesiones, abusos o amenazas constantes.
El sufrimiento invisible de muchos menores asturianos
El informe describe un patrón que preocupa especialmente a psicólogos, educadores y servicios sociales: gran parte de los casos llegan cuando el deterioro emocional ya es profundo.
Ansiedad, depresión, pensamientos autodestructivos, miedo constante o sensación de soledad aparecen de forma repetida en los testimonios recogidos por las líneas de ayuda de Anar. En muchos casos, los menores tardan meses —o incluso años— en verbalizar lo que les ocurre.
La consejera de Derechos Sociales y Bienestar, Marta del Arco, reconoció durante la presentación que el informe ayuda a entender “una realidad que a menudo permanece oculta”. Y esa es probablemente la frase clave de todo el estudio: oculta.
Porque muchas de las situaciones detectadas ocurren dentro de casa, detrás de una pantalla o en entornos donde los menores aprenden a callar por miedo, vergüenza o dependencia emocional.
El móvil ya es uno de los grandes escenarios de la violencia
Uno de los aspectos más alarmantes del análisis tiene que ver con el entorno digital. Las tecnologías están presentes en el 67,1% de los casos de violencia atendidos.
El teléfono móvil, las redes sociales y las aplicaciones de mensajería aparecen cada vez más como herramientas desde las que se agrede, se controla, se humilla o se acosa.
El ciberbullying, la difusión de contenido íntimo, las amenazas online y el hostigamiento constante a través de redes sociales forman ya parte habitual de los casos detectados. Los expertos advierten además de que el acoso digital tiene un efecto devastador porque acompaña a las víctimas las 24 horas del día, incluso dentro de su propia habitación.
Y hay otro dato especialmente significativo: las niñas y adolescentes representan el 59,2% de las víctimas atendidas.
La violencia empieza muchas veces en casa
El informe desmonta además una idea muy extendida: que el peligro siempre viene de fuera. En realidad, muchas de las situaciones más graves aparecen dentro del entorno familiar.
El maltrato psicológico en casa figura entre las problemáticas más frecuentes junto al acoso escolar, la violencia sexual y la violencia de género entre adolescentes.
Más de la mitad de los casos corresponden además a familias monoparentales, aunque los especialistas insisten en que la violencia infantil atraviesa todos los perfiles sociales y económicos.
Muchos menores continúan conviviendo diariamente con el entorno donde se produce el daño.
Casos cada vez más graves y complejos
Las cifras reflejan también un aumento de la complejidad de las intervenciones. Durante 2025 fue necesario realizar 1.209 derivaciones a recursos externos y activar 154 actuaciones consideradas de especial gravedad.
Eso implica movilizar servicios sociales, atención psicológica, recursos sanitarios, centros educativos e incluso actuaciones judiciales.
Desde el Principado admiten que uno de los grandes retos sigue siendo detectar antes las señales de alarma. Marta del Arco insistió precisamente en que “escuchar a la infancia e intervenir a tiempo es clave para evitar situaciones más graves”.
Y ahí aparece otro problema de fondo: muchos menores no saben identificar que están siendo víctimas de violencia hasta que la situación es extrema.
Una generación que pide ayuda de forma distinta
Las líneas de ayuda de Anar se han convertido en una especie de refugio silencioso para miles de menores. Teléfono, chat o correo electrónico permiten pedir ayuda de forma anónima y confidencial, algo que muchos adolescentes consideran más fácil que hablar cara a cara con adultos de su entorno.
Los profesionales que atienden estas consultas aseguran que cada vez llegan más casos relacionados con problemas emocionales severos, violencia digital y relaciones tóxicas entre adolescentes.
El informe deja una conclusión incómoda pero difícil de ignorar: Asturias no está ante casos aislados, sino ante una realidad estructural que afecta a cientos de menores y que muchas veces solo se descubre cuando el sufrimiento ya lleva demasiado tiempo creciendo en silencio.
