Cuba, la isla que espera la luz: los asturianos que viven entre apagones, colas y miedo a que mañana sea peor

Cuba, la isla que espera la luz: los asturianos que viven entre apagones, colas y miedo a que mañana sea peor

En Cuba ya no se mide el día por las horas, sino por la electricidad. Hay quien cocina cuando vuelve la corriente, quien guarda agua como si fuera oro, quien calcula si podrá llegar al hospital antes de que el transporte se pare y quien mira la nevera con resignación, porque conservar comida se ha convertido en una pequeña heroicidad doméstica.

En esa Cuba agotada viven alrededor de 18.000 asturianos o descendientes de asturianos con pasaporte español, una comunidad que observa el colapso desde dentro, sin épica y sin consignas: con cansancio, con miedo y con una sensación compartida de estar atrapados en una isla donde todo —la comida, el transporte, la sanidad, el agua, la seguridad— depende de algo tan elemental como que haya combustible y luz.

La crisis energética ha entrado en una fase crítica. El ministro cubano de Energía reconoció esta semana que el país se había quedado sin diésel ni fuel oil, mientras los apagones se extendían durante horas y provocaban protestas en barrios de La Habana. Reuters describió caceroladas, cortes de calles y basura ardiendo en plena noche; Associated Press informó además de un fallo grave en la red eléctrica que dejó sin suministro a provincias del este de la isla.

La falta de combustible ya no es solo un problema de movilidad. Es la pieza que derrumba todo lo demás. Sin energía fallan los hospitales, se paraliza el bombeo de agua, se acumula la basura, se encarece la comida y se vacían las gasolineras. Reuters informó de que Cuba casi duplicó el precio de la gasolina y el diésel el 15 de mayo, aunque muchas estaciones públicas seguían cerradas por falta de suministro.

Desde la comunidad asturcubana, el relato es de pura supervivencia. Una mujer cuenta que llevó a su tía al hospital con síntomas compatibles con una isquemia, pero el tomógrafo estaba roto. Otro testimonio resume la vida diaria como una cadena de fallos: sin electricidad no se cocina bien, no llega el agua, no funcionan bancos ni correos, escasean medicamentos y el transporte se vuelve incierto.

La dimensión sanitaria es especialmente dura. La OMS alertó el 15 de mayo de que la crisis energética en Cuba ha retrasado 100.000 cirugías y aumenta el riesgo de enfermedades como dengue, malaria y chikunguña. La OPS ya había advertido en marzo de que los apagones prolongados, la falta de suministros médicos y los problemas de transporte estaban afectando a la continuidad de los servicios esenciales.

La libreta de racionamiento, durante décadas símbolo de una seguridad mínima, tampoco alcanza ya para sostener la vida cotidiana. AP describía hace dos semanas tiendas estatales casi vacías y familias dependientes de un sistema que ofrece cada vez menos productos. En paralelo, los cortes de agua y electricidad han obligado incluso a quienes tenían rutinas más estables a renunciar a gestos básicos: arreglarse, conservar alimentos, desplazarse o lavar con normalidad.

Y luego está el miedo. No solo al apagón, sino al deterioro de la convivencia. “La seguridad que tuvimos en una etapa ya no existe”, advierte uno de los testimonios recogidos entre asturianos en la isla. La acumulación de basura por falta de combustible para los camiones de recogida ya venía agravándose desde febrero en La Habana, con riesgos sanitarios evidentes.

El Primero de Mayo dejó una imagen oficial de movilización y normalidad. Pero, a pie de calle, algunos asturianos en Cuba lo vieron de otra manera: rostros cansados, gente sin dinero, una representación de estabilidad que no encaja con la angustia diaria. “El pueblo no aguanta más”, dice una de las voces consultadas. No lo plantea como proclama política, sino como frase de cocina, de cola, de hospital y de noche sin ventilador.

La isla vive así entre dos fuegos: un Gobierno que no cede, unas sanciones estadounidenses que asfixian aún más la vida material y una población que paga la factura completa. Reuters informó de una oferta estadounidense de 100 millones de dólares en ayuda, mientras Díaz-Canel señalaba que las prioridades serían combustible, alimentos y medicinas, aunque calificó la propuesta de contradictoria por mantenerse las sanciones.

Para los asturianos que siguen allí, Cuba ya no es solo memoria familiar, centro asturiano, apellido heredado o nostalgia de emigrantes. Es una espera larga: esperar la luz, esperar el agua, esperar una medicina, esperar que el transporte pase, esperar que el hospital pueda atender, esperar que la noche no sea peor que el día.

Y esa es quizá la imagen más fiel de la Cuba actual: una isla donde la vida continúa, sí, pero continúa en voz baja, con velas, con cubos de agua, con neveras apagadas y con una pregunta que nadie se atreve a responder del todo: cuánto más puede aguantar una sociedad cuando hasta lo básico empieza a parecer un lujo.

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