Cuando Asturias premió a los dioses del anime: qué es realmente Studio Ghibli y por qué medio planeta considera histórico este Princesa de Asturias

Cuando Asturias premió a los dioses del anime: qué es realmente Studio Ghibli y por qué medio planeta considera histórico este Princesa de Asturias

Hubo un tiempo en que mucha gente en Europa miraba el anime japonés como un simple entretenimiento infantil. Dibujos. Fantasía. Cosas “raras” de Japón. Y entonces apareció un estudio que cambió para siempre esa mirada. Un estudio que convirtió la animación en poesía, en filosofía, en denuncia ecológica, en memoria histórica, en melancolía y en arte puro. Ese estudio es Studio Ghibli. Y ahora acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026.

No es un premio cualquiera. Ni mucho menos.

En Asturias se ha premiado antes a gigantes de la comunicación, la cultura y el pensamiento mundial. Pero la concesión a Ghibli tiene algo especial: simboliza la entrada definitiva del anime en el Olimpo cultural occidental. Ya no como fenómeno pop exótico, sino como una de las expresiones artísticas más influyentes del último medio siglo.

Y lo fascinante es que este premio llega en un momento muy concreto: justo cuando el mundo vive obsesionado con la inteligencia artificial, la automatización y el contenido rápido generado a escala industrial. El jurado del Princesa de Asturias ha decidido responder premiando exactamente lo contrario: la animación artesanal, lenta, profundamente humana y dibujada casi plano a plano a mano.

¿Qué demonios es Studio Ghibli?

Para entender el impacto de este premio hay que comprender primero qué representa Ghibli.

Studio Ghibli nació en 1985 de la mano de tres figuras fundamentales:

  • Hayao Miyazaki
  • Isao Takahata
  • Toshio Suzuki

Miyazaki es el nombre más famoso. Para muchos críticos es sencillamente uno de los mayores cineastas vivos, al nivel de Kurosawa, Fellini o Spielberg. Sí, así de alto.

El nombre “Ghibli” procede de un avión italiano de reconocimiento usado en la Segunda Guerra Mundial. Miyazaki, obsesionado desde niño con la aviación, quería que el estudio “levantara un viento nuevo” en la animación japonesa.

Y vaya si lo levantó.

Hasta entonces, gran parte del anime televisivo funcionaba con ritmos industriales: producción rápida, series interminables y fórmulas repetidas. Ghibli decidió hacer justo lo contrario:

  • animación extremadamente cuidada,
  • historias lentas,
  • personajes complejos,
  • silencios larguísimos,
  • emociones ambiguas,
  • paisajes hipnóticos,
  • y una visión moral muy poco habitual.

En Ghibli casi nunca existen villanos absolutos. Nadie es completamente bueno ni completamente malo. Incluso los personajes más crueles suelen esconder dolor, contradicción o humanidad.

Eso, para millones de espectadores, fue una revolución.

El estudio que convirtió los silencios en espectáculo

Hollywood enseñó durante décadas que una película infantil debía ir rápido, hacer chistes constantes y subrayarlo todo.

Ghibli hizo lo contrario.

En las películas de Ghibli hay escenas enteras donde aparentemente “no pasa nada”:

  • alguien mira la lluvia,
  • un tren atraviesa un paisaje inundado,
  • una niña escucha el viento,
  • un personaje cocina en silencio,
  • o simplemente observamos cómo cae la tarde.

Y sin embargo ocurre muchísimo.

El jurado del Princesa de Asturias destacó precisamente eso: “la belleza de lo cotidiano” y los “instantes de silencio y contemplación”.

Esa sensibilidad ha terminado influyendo no solo en el anime, sino en videojuegos, publicidad, ilustración, moda, arquitectura visual e incluso redes sociales.

De hecho, en 2025 hubo una auténtica fiebre global de imágenes creadas “al estilo Ghibli” mediante IA, algo que volvió a demostrar hasta qué punto su estética se ha convertido en lenguaje universal.

Miyazaki: el genio que odia parte del mundo moderno

Hablar de Ghibli es hablar inevitablemente de Miyazaki.

Y Miyazaki es un personaje fascinante.

Tiene fama de gruñón, perfeccionista extremo y profundamente pesimista respecto al futuro de la humanidad. Durante años criticó:

  • el consumismo,
  • la destrucción medioambiental,
  • la industrialización salvaje,
  • la guerra,
  • y la dependencia tecnológica.

Paradójicamente, terminó convertido en un icono global de internet.

Miyazaki dibuja obsesivamente. Se conocen historias de jornadas maratonianas corrigiendo personalmente miles de fotogramas. Incluso con más de 80 años sigue trabajando. En 2026 continúan apareciendo nuevos proyectos y reediciones vinculadas a su obra.

Y aquí hay algo importante: Miyazaki nunca quiso hacer “películas infantiles simplificadas”.

Al contrario.

Creía que los niños podían enfrentarse a emociones complejas:

  • miedo,
  • muerte,
  • tristeza,
  • pérdida,
  • culpa,
  • guerra,
  • devastación ecológica.

Por eso sus películas emocionan tanto a adultos como a niños.

La gran obsesión de Ghibli: la naturaleza

Si hay un tema que atraviesa casi toda la filmografía del estudio es este:

La humanidad está rompiendo su vínculo con la naturaleza.

Y Ghibli lo lleva denunciando desde hace décadas.

Muchos investigadores consideran a Miyazaki uno de los grandes narradores ecologistas del cine contemporáneo.

En películas como:

  • La princesa Mononoke
  • Nausicaä del Valle del Viento
  • Ponyo
  • El viaje de Chihiro

la contaminación, la codicia y la ruptura del equilibrio natural son centrales.

Pero Ghibli no hace ecologismo panfletario.

Lo convierte en emoción.

El espectador no recibe una conferencia: siente que el bosque está vivo.

“El viaje de Chihiro”: la película que cambió todo

Si existe una obra que explica el fenómeno Ghibli es probablemente El viaje de Chihiro.

La película ganó:

  • el Oscar a Mejor Película de Animación,
  • el Oso de Oro de Berlín,
  • y durante años fue la película más taquillera de la historia de Japón.

Y ahí ocurrió algo clave:
Occidente dejó de mirar el anime como un género menor.

“Chihiro” era rara, compleja, lenta, espiritual, simbólica y profundamente japonesa… y aun así conquistó al planeta.

Eso cambió la percepción mundial del anime para siempre.

Totoro: probablemente el personaje más querido del anime

Hay personajes famosos. Y luego está Totoro.

Totoro no habla apenas.
No vende frases ingeniosas.
No tiene grandes monólogos.

Pero se convirtió en uno de los iconos culturales más reconocibles del planeta.

Es la mascota oficial del estudio y representa exactamente lo que Ghibli transmite:

  • ternura,
  • misterio,
  • naturaleza,
  • infancia,
  • refugio emocional.

En Japón, Totoro es casi un símbolo nacional sentimental.

La película que destrozó emocionalmente a generaciones enteras

Y luego está la otra cara de Ghibli.

Porque cuando alguien cree que el anime “es para niños”, aparece La tumba de las luciérnagas.

Muchos críticos la consideran una de las películas antibelicistas más devastadoras jamás hechas.

La historia de dos hermanos intentando sobrevivir tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial dejó traumatizados emocionalmente a millones de espectadores.

Y ahí Ghibli volvió a romper otro prejuicio:
la animación podía ser tan brutal emocionalmente como el mejor cine dramático real.

El detalle más simbólico de este premio

Quizá lo más poderoso del Princesa de Asturias 2026 no es solo premiar a Ghibli.

Es premiarlo ahora.

En plena explosión de:

  • contenido ultrarrápido,
  • IA generativa,
  • vídeos de segundos,
  • algoritmos,
  • y entretenimiento compulsivo.

Porque Ghibli representa exactamente lo contrario:

  • paciencia,
  • artesanía,
  • contemplación,
  • dibujo manual,
  • y emoción humana imperfecta.

Miguel Falomir, director del Museo del Prado y presidente del jurado, lo dijo de forma clarísima: este premio reivindica “la animación artesanal” en tiempos dominados por la inteligencia artificial.

Y eso convierte este galardón en algo mucho más profundo que un simple reconocimiento cinematográfico.

Asturias, Japón y un premio que conecta dos mundos

Hay además un detalle precioso:
Asturias llevaba tiempo intentando acercarse culturalmente a Miyazaki y Ghibli.

El CIFP de Imagen y Sonido de Langreo había impulsado apoyos para una candidatura vinculada a Miyazaki.

Y figuras asturianas vinculadas a la cultura japonesa celebraron el premio casi como una conquista emocional.

Porque Ghibli tiene algo raro:
gente de países, edades e ideologías completamente distintas siente que esas películas hablan directamente de su vida.

¿Por dónde empezar si nunca has visto Ghibli?

Si alguien jamás ha visto una película del estudio, probablemente estas son las puertas de entrada ideales:

PelículaQué transmite

Mi vecino Totoro Infancia, ternura y naturaleza
El viaje de Chihiro Fantasía, crecimiento personal y espiritualidad
La princesa Mononoke Ecologismo, violencia y conflicto humano
El castillo ambulante Amor, guerra y antimilitarismo
La tumba de las luciérnagas Guerra, hambre y devastación emocional

El premio que confirma una evidencia

La sensación general en el mundo cultural es que este premio no descubre a Ghibli.

Simplemente oficializa algo que mucha gente llevaba años pensando:
que Studio Ghibli ya pertenece a la historia grande del arte universal.

No del anime.
No de Japón.
No de la animación.

Del arte universal.

Y probablemente ahí reside la verdadera dimensión de este Princesa de Asturias:
Oviedo acaba de premiar a unos dibujantes que enseñaron a millones de personas que todavía merece la pena mirar despacio un bosque, escuchar el viento… y creer que la imaginación puede hacer un poco mejor el mundo.

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