Asturias abre la puerta a cobrar una tasa turística de hasta 2,5 euros por noche: el Principado defiende la “corresponsabilidad” y el sector estalla contra el “impuesto a las vacaciones”

Asturias abre la puerta a cobrar una tasa turística de hasta 2,5 euros por noche: el Principado defiende la “corresponsabilidad” y el sector estalla contra el “impuesto a las vacaciones”

El Gobierno asturiano plantea un modelo similar al de Galicia o Cataluña, con aplicación voluntaria en cada concejo, límite máximo de cinco noches y exenciones para menores, discapacitados y deportistas federados

Asturias ya debate abiertamente una medida que puede cambiar para siempre la relación entre el turismo y el territorio: el Principado prepara una futura tasa turística que podría alcanzar los 2,5 euros por noche y que empezaría a cobrarse en hoteles, apartamentos, viviendas vacacionales y alojamientos rurales de aquellos municipios que decidan implantarla.

La propuesta, presentada por la vicepresidenta y consejera de Turismo, Gimena Llamedo, durante la Mesa de Turismo de la Federación Asturiana de Empresarios (Fade), ha provocado un auténtico terremoto político y empresarial en la región. Mientras el Gobierno autonómico defiende que los visitantes deben contribuir económicamente al mantenimiento de la costa y los espacios naturales asturianos, empresarios y parte del sector turístico consideran que Asturias “no está saturada” y que imponer un nuevo gravamen puede dañar seriamente la competitividad del destino.

Una tasa “a la carta” para cada concejo

La futura ley, todavía en fase de elaboración, permitirá que cada ayuntamiento decida si aplica o no el recargo y en qué porcentaje lo hace. Es decir, podría haber municipios asturianos con tasa turística y otros sin ella.

El Principado prevé que las cuantías oscilen entre los 0,5 y los 2,5 euros por persona y noche dependiendo del tipo de alojamiento turístico. Además, el impuesto solo se cobraría durante un máximo de cinco noches consecutivas, de forma que las estancias largas quedarían parcialmente protegidas.

El esquema recuerda mucho al modelo que ya funciona en ciudades gallegas como Santiago de Compostela o Vigo, donde las tasas oscilan precisamente entre uno y 2,5 euros según la categoría del establecimiento.

Quiénes no pagarían la tasa turística

El borrador del Principado contempla varias exenciones importantes:

  • Menores de 18 años.
  • Personas con discapacidad igual o superior al 65%.
  • Deportistas federados que participen en competiciones oficiales en Asturias.

El modelo también podría incorporar excepciones similares a las ya aplicadas en Galicia, donde quedan excluidas algunas estancias por motivos sanitarios o sociales.

“Tenemos la costa mejor conservada”: la defensa del Principado

Gimena Llamedo defendió la medida argumentando que Asturias necesita recursos para preservar precisamente aquello que atrae cada año a más visitantes.

“Tenemos la costa mejor conservada y unos espacios naturales que no tienen comparación”, vino a señalar la vicepresidenta, que insistió en que el turismo genera riqueza, pero también presión sobre infraestructuras, limpieza, movilidad y conservación ambiental.

La dirigente socialista recalcó además que Asturias no sería una excepción, sino que se sumaría a una tendencia creciente en España y Europa.

Cataluña y Baleares llevan años cobrando tasas turísticas. Galicia ya las ha implantado en ciudades como Santiago y Vigo. Y Euskadi estudia un sistema similar en varias localidades.

El gran argumento del sector: “Asturias no está masificada”

Pero la contestación empresarial ha sido inmediata y muy dura.

Desde Fade, Fernando Corral calificó la medida directamente como un “impuesto a las vacaciones” y aseguró que existe un rechazo “unánime y total” del sector turístico asturiano. El principal argumento de la patronal es demoledor: Asturias no tiene un problema de saturación turística.

“El 50% de las camas hoteleras están vacías durante buena parte del año”, recordó el representante empresarial utilizando datos del Instituto Nacional de Estadística.

Y los números, efectivamente, reflejan una realidad compleja.

Aunque Asturias está batiendo récords históricos en determinados meses —febrero de 2026 fue el mejor febrero turístico de la historia regional—, la ocupación sigue siendo muy irregular y extremadamente estacional.

El propio sector teme que la tasa genere un efecto psicológico negativo en un momento en el que Asturias compite ferozmente con Cantabria, Galicia, Castilla y León o el norte de Portugal por captar turismo nacional.

“Nos convierten en cobradores de impuestos”

La crítica empresarial no se limita al dinero.

Hoteleros y alojamientos rurales consideran que la nueva tasa trasladará a las empresas una enorme carga administrativa. Tendrán que cobrar el impuesto, gestionarlo, justificarlo y transferirlo posteriormente a la administración.

“Nos convierten en recaudadores”, lamentan desde Fade.

La situación preocupa especialmente en el turismo rural, donde la ocupación media anual apenas ronda en muchos casos el 30%.

El turismo rural se rebela: “No tiene ningún sentido”

El Clúster de Turismo Rural de Asturias ha sido especialmente contundente.

Su portavoz, Ana Soberón, considera que imponer siquiera 0,5 euros por noche a casas rurales y pequeños alojamientos “no tiene ningún sentido” en un sector que sobrevive con enormes dificultades fuera del verano y los puentes festivos.

Además, recuerdan que muchos negocios rurales cumplen una función clave contra la despoblación y ayudan a mantener actividad económica en zonas envejecidas y con escasa población permanente.

Por eso ya advierten que, si finalmente la ley sale adelante, exigirán quedar completamente exentos.

Gijón rompe con el Principado y rechaza implantarla

La fractura política también empieza a hacerse visible.

El Ayuntamiento de Gijón ya ha dejado claro que no quiere aplicar la futura tasa turística. El concejal Jesús Martínez Salvador la considera “totalmente contraproducente” para la estrategia de desestacionalización turística de la ciudad.

Y eso ocurre precisamente cuando Gijón vive uno de sus mejores momentos turísticos recientes.

Solo en el primer trimestre de 2026 la ciudad superó los 283.000 visitantes, impulsada por eventos deportivos y congresuales.

La gran preocupación municipal es otra: que el Principado recaude el dinero y después limite el margen de maniobra de los ayuntamientos sobre el uso de esos fondos.

Sindicatos y ecologistas sí la apoyan

Frente al rechazo empresarial, sindicatos y colectivos ecologistas sí ven con buenos ojos el nuevo impuesto.

CC OO cree que puede ser una herramienta útil siempre que exista un marco autonómico homogéneo para evitar desigualdades entre concejos.

Ecologistas en Acción va incluso más allá y pide que el dinero se destine específicamente a movilidad sostenible, transporte público y conservación ambiental.

Ese es precisamente uno de los grandes debates de fondo: si el turismo debe financiar directamente parte del coste ecológico y de servicios públicos que genera.

El espejo gallego: la referencia que mira Asturias

El Principado observa con mucha atención lo que está ocurriendo en Galicia.

Santiago de Compostela y Vigo ya tienen modelos prácticamente definidos, con tarifas similares a las que plantea Asturias y límites también de cinco noches por estancia.

Sin embargo, allí también han surgido tensiones importantes.

En Santiago, por ejemplo, parte del sector hotelero denuncia una caída continuada de la ocupación durante los últimos meses y reclama más promoción turística en lugar de nuevas cargas fiscales.

Asturias mira ese precedente con atención porque sabe que cualquier error puede afectar especialmente al turismo familiar y de escapadas, precisamente uno de los grandes motores económicos de la región.

La gran pregunta: ¿ecotasa o freno al turismo?

El debate acaba de empezar, pero ya divide profundamente a Asturias.

Para el Gobierno autonómico, la tasa turística es una herramienta lógica para proteger un territorio que presume de naturaleza, costa y sostenibilidad.

Para empresarios y buena parte del sector, en cambio, supone lanzar un mensaje peligroso justo cuando Asturias todavía pelea por consolidarse como destino competitivo durante todo el año.

Y en medio de esa batalla aparece una cuestión incómoda:

¿Puede una región que aún tiene miles de camas vacías permitirse cobrar más al turista… o precisamente necesita hacerlo para no morir de éxito en el futuro?

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