El Principado transforma 95 hectáreas en Grandas de Salime, Illano y Pesoz para frenar incendios y recuperar el equilibrio natural del paisaje rural
Asturias está librando una batalla silenciosa, pero decisiva, contra uno de sus enemigos más persistentes: los incendios forestales. Y lo está haciendo con una estrategia que mira al pasado para construir el futuro. El modelo silvopastoral —una combinación inteligente de monte y ganadería— ya ofrece resultados tangibles en el valle del Navia, donde el Gobierno del Principado ha intervenido sobre 95 hectáreas con una inversión de 336.380 euros.
El consejero de Movilidad, Medio Ambiente y Gestión de Emergencias, Alejandro Calvo, ha visitado la zona para comprobar de primera mano el impacto de estas actuaciones, que han cambiado por completo la fisonomía de áreas especialmente vulnerables al fuego. Lo ha hecho acompañado por el director general de Custodia del Territorio y Prevención de Incendios, David Villar, y junto a representantes municipales de los concejos implicados.
Un paisaje que se defiende solo
Las intervenciones se han concentrado en tres puntos estratégicos:
- Grandas de Salime: 30 hectáreas en El Acebo y Cerro Lourenzo (90.009 €)
- Illano: 40 hectáreas en A Montaña (147.344 €)
- Pesoz: 25 hectáreas en el entorno de Lijou
Aquí no se trata solo de limpiar monte. La clave está en rediseñar el paisaje. Se han creado auténticos “mosaicos vivos” donde el bosque, los pastos y la actividad ganadera conviven de forma equilibrada. El resultado: menos continuidad de masa forestal —es decir, menos combustible para el fuego— y más biodiversidad.
Desbroces selectivos, clareos, podas y tratamientos selvícolas han sido solo el principio. A eso se suman mejoras del suelo como abonado, encalado y gradeo, que permiten recuperar pastos y atraer actividad ganadera. Además, se han instalado cierres perimetrales e infraestructuras que facilitan el uso ordenado de estas áreas.
Menos fuego, más vida
El objetivo es claro: convertir el territorio en su propia defensa frente a los incendios. Al fragmentar el paisaje y fomentar la ganadería extensiva, se reduce drásticamente la propagación del fuego y se mejora la resiliencia del ecosistema.
Este proyecto no es una acción aislada. En el conjunto de Asturias ya se han transformado más de 180 hectáreas bajo este modelo, con una inversión que alcanza el millón de euros, financiada en parte por los fondos europeos Next Generation.
78 millones contra el fuego
La lucha contra los incendios forestales se ha convertido en una prioridad absoluta para el Ejecutivo asturiano. La consejería destina más de 78 millones de euros a un modelo integral que abarca vigilancia, prevención y extinción.
Entre las novedades más destacadas de este año figura un nuevo fondo de cinco millones de euros destinado a proteger la interfaz urbano-forestal, es decir, esas zonas donde el monte y las viviendas conviven peligrosamente cerca. Es la primera línea de defensa y, por tanto, el punto más crítico.
Estas ayudas están dirigidas a ayuntamientos de menos de 50.000 habitantes, reforzando así la protección de los núcleos rurales y dando protagonismo a la acción local.
Una estrategia contra el cambio climático
Todo este despliegue forma parte de una visión más amplia: adaptar el territorio asturiano al impacto del cambio climático. En ese marco, la Red Natural de Asturias (RENA), que cubre más del 30% del territorio, actúa como columna vertebral de la estrategia.
Las políticas se alinean con el Plan Anual de Vigilancia, Prevención y Extinción y con la Estrategia de Prevención de Incendios Forestales, en coordinación con la Consejería de Medio Rural.
La conclusión es clara: Asturias no solo apaga fuegos, está aprendiendo a evitarlos. Y lo hace recuperando algo tan sencillo —y tan poderoso— como el equilibrio natural del territorio.
Porque a veces, la mejor tecnología contra el fuego no es un helicóptero… es una vaca pastando donde antes había maleza lista para arder.
