En busca de la esencia

En busca de la esencia

Por Albert Hernàndez Ventós.-Hasta la explosión de Internet y las redes sociales, el periodismo vivía en una especie de burbuja. Negocio, poder e influencia. Así es como lo concebían (y aún lo hacen) los dirigentes de algunos medios de comunicación. Lo decía una eminencia como Ryszard Kapu?ci?ski: “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. Eso no quita que muchos, pero muchos profesionales de la comunicación realizaran y realicen un gran trabajo. Pero cuando ha fallado un factor de esta ecuación, el negocio, la profesión, es decir, los periodistas, los soldados de raso, han pagado las consecuencias: despidos, ERE’s, precarización, cierre de medios y lamentablemente la lista es larga.

 

Ello conlleva a erosionar la reputación del gremio y lo peor, ceder en el pulso con el poder, que encuentra en los periodistas su altavoz y no su juez, que es, entre otras cosas, la labor de esta profesión. Por otra parte, bien por esta mezcla de hechos o empujados por la situación de crisis (tanto la económica como la del periodismo), Internet ha permitido saltar fronteras al instante y han aflorado montones de nuevos medios, con información más local y especializada. Además, el mercado se ha abierto a más consumidores, cada vez son más los adolescentes que consultan la prensa en la red. Por lo que el rigor es mayor y se exige calidad cuando se paga por un contenido virtual. Una tendencia en auge, ya que los casos de corrupción, la desafección política y la crisis económica hacen que la ciudadanía busque en el periodismo respuestas.

 

Ahí es donde periodistas despedidos, desencantados con la situación o nueva savia han levantado sitios web con información reveladora y pese a la devaluación del periodismo por parte de la clase política o la misma sociedad es ésta la que cada vez se decanta más por pagar por leer, ver o escuchar productos periodísticos, de calidad, contrastados, con rigor. Unos principios básicos de esta profesión que pese a los cambios que experimenta, no lo hacen sus bases. Y eso es lo importante.

 

La aparición de Internet sí que ha atentado contra el papel, pero ha permitido que los periodistas no bajemos el listón y trabajemos para los lectores, desmarcándonos del poder y lo que es mejor, cuestionándolo

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