Mieladictos busca las mejores mieles del país en una edición que incorpora premios para jóvenes apicultores, divulgadores y comercios. Asturias llega a la cita con una ventaja nada pequeña: una IGP propia, una enorme diversidad floral y mieles que ya han demostrado que pueden competir entre las mejores
Asturias tiene fabes, quesos, sidra, ternera, chosco… y también tiene una miel que probablemente todavía no presume todo lo que debería.
Desde los brezales del suroccidente hasta los eucaliptales costeros; desde los castaños de montaña hasta robles, madroños y bosques en los que las abejas encuentran una despensa extraordinariamente diversa, la miel asturiana tiene argumentos de sobra para plantar cara a cualquiera.
Ahora llega una oportunidad para demostrarlo.
El certamen Mieladictos acaba de abrir la inscripción de su XII edición para elegir las mejores mieles producidas en España durante la campaña 2026.
Y este año llega con novedades.
Además de buscar las mejores mieles monoflorales, multiflorales, de bosque y de montaña, el concurso incorpora por primera vez reconocimientos a la Mejor Miel de Apicultor Joven, a la Mejor Labor de Divulgación y al comercio físico u online que mejor contribuya a acercar al consumidor la miel elaborada directamente por los apicultores.
La convocatoria está abierta.
Y para los productores asturianos puede convertirse en un escaparate nacional especialmente interesante.
Asturias juega con una baraja de mieles difícil de igualar
No existe una única “miel de Asturias”.
Esa es precisamente una de sus grandes virtudes.
La Indicación Geográfica Protegida Miel de Asturias reconoce diferentes variedades en función de la vegetación, el origen botánico y las características de cada producto.
Dentro de las agrupaciones florales aparecen miel de bosque, miel de costa y miel de montaña.
Y entre las mieles monoflorales reconocidas están las de roble, eucalipto, brezo, calluna, castaño y madroño.
Es decir, dos tarros producidos a pocos kilómetros de distancia pueden ofrecer colores, aromas, intensidades y sabores completamente diferentes.
Una miel oscura y potente de bosque poco tiene que ver con una de eucalipto.
Una de castaño puede aportar notas mucho más marcadas que una multifloral.
Y algunas mieles de brezo producidas en el occidente asturiano tienen una personalidad que difícilmente se confunde con otra.
Eso es exactamente lo que premia una cata sensorial como la de Mieladictos.
Asturias ya tiene una IGP reconocida oficialmente
La miel asturiana llega además a esta convocatoria con un respaldo que hace apenas unos años todavía no tenía.
La IGP Miel de Asturias está oficialmente reconocida y su pliego de condiciones está en vigor desde enero de 2025.
La protección comprende miel producida íntegramente dentro del Principado, a partir de la flora existente en Asturias y sometida a controles sobre su procedencia y características.
Para poder utilizar el sello no basta con envasar miel en Asturias.
Las explotaciones y las instalaciones de extracción y envasado deben estar registradas y sujetas a controles, y el producto debe cumplir los parámetros polínicos, fisicoquímicos y organolépticos establecidos en el pliego. En otras palabras: la etiqueta “Miel de Asturias” protegida por IGP significa origen y características controladas.
Y eso encaja perfectamente con la filosofía del concurso nacional que ahora se abre.
La miel asturiana ya sabe lo que es ganar
No sería, ni mucho menos, la primera vez que Asturias se lleva un premio importante.
La miel de brezo de LAPUELA, elaborada en el suroccidente asturiano, obtuvo en 2023 la Bresca de Oro en el XI Congreso Nacional de Apicultura, reconocimiento que la situó entre las grandes referencias nacionales de aquel certamen.
La propia trayectoria de las mieles asturianas incluye también reconocimientos en concursos nacionales e internacionales para variedades de bosque, madroño, roble, eucalipto, brezo y castaño.
No estamos, por tanto, ante una candidatura basada únicamente en orgullo regional.
Hay antecedentes.
Y bastante serios.
¿Qué busca exactamente Mieladictos?
El concurso tiene una particularidad importante.
No está pensado para mieles industriales construidas a partir de mezclas de distintos proveedores.
Busca miel directamente vinculada al apicultor que la produce.
Las bases exigen que el participante produzca y envase su propia miel y permiten presentar una única miel por apicultor.
La muestra debe proceder de la cosecha 2026, ser 100% de origen español y pertenecer directamente al productor, sin mezclas ni compras de miel a terceros.
Existe además una exigencia que conviene tener en cuenta: el apicultor debe haber producido al menos 200 kilos de la miel que presenta.
Eso deja fuera experimentos mínimos y garantiza que se está juzgando una producción con cierta dimensión comercial.
Solo una miel por productor
Aquí empieza la parte difícil.
Porque si un apicultor asturiano produce, por ejemplo, una magnífica miel de brezo y otra extraordinaria de castaño, tendrá que elegir.
Las bases permiten una única muestra por apicultor.
Y deberá competir en una de estas cuatro grandes categorías:
miel monofloral, miel multifloral o milflores, miel de bosque o miel de montaña.
El jurado podrá incluso cambiar una miel de categoría si durante la evaluación considera que sus características no se corresponden con la clasificación inicialmente declarada.
Dos tarros de medio kilo y ninguna pista sobre quién los ha producido
La mecánica tiene algo de concurso de detectives.
Cada participante debe enviar dos tarros de vidrio de 500 gramos.
Sin etiqueta.
Sin marca visible.
Sin elementos que permitan reconocer al productor.
Solo el código correspondiente a la muestra.
La idea es sencilla: que nadie pueda puntuar una miel por su nombre, su fama, su procedencia o el diseño del envase.
Durante la fase principal, el jurado no sabe quién está detrás del tarro.
Solo tiene la miel.
Aroma, sabor, textura, aspecto… y cien puntos en juego
Cada muestra será evaluada mediante cata sensorial.
El jurado puntuará cinco grandes aspectos:
aroma, atendiendo a intensidad, limpieza y complejidad;
sabor, valorando equilibrio, armonía, persistencia y posibles defectos;
textura, incluida la fluidez, cristalinidad o cremosidad;
aspecto visual, con elementos como color, brillo y limpieza;
y una valoración global.
La puntuación máxima será de 100 puntos.
Las mieles que obtengan entre 90 y 100 puntos serán consideradas excelentes.
Entre 80 y 89, muy buenas.
Entre 70 y 79, buenas.
Pero hay una frontera importante: solo se harán públicas las mieles que alcancen al menos 80 puntos.
Doce tarros llegarán a la gran final
Después de las diferentes fases de cata se elegirán las 12 mieles favoritas de España.
Esas doce volverán a pasar por una final con un jurado diferente.
Sin marcas.
Sin procedencias.
Sin saber qué comunidad autónoma está detrás.
En 2025 participaron en Mieladictos 140 mieles de productores españoles, lo que da una idea del nivel de competencia.
La edición de 2026 comenzará las catas a finales de septiembre y el proceso se prolongará hasta finales de octubre.
La final está prevista para el 31 de octubre o el 7 de noviembre, pendiente de concretar definitivamente la fecha.
Los apicultores asturianos tienen hasta el 2 de octubre
Las inscripciones comenzaron el 15 de septiembre.
La organización cerrará la convocatoria cuando alcance el número máximo de muestras que pueda asumir el equipo de catadores.
El plazo previsto para que lleguen las mieles termina el 2 de octubre de 2026, salvo circunstancias excepcionales acordadas con la organización.
La inscripción cuesta 25 euros.
Y existe otro detalle interesante: las bases dan prioridad a los apicultores profesionales que viven de esta actividad, pero reservan aproximadamente un 15% de las plazas para pequeños proyectos con proyección que quieran mejorar y profesionalizar su producto.
Una puerta especialmente interesante para nuevos apicultores asturianos.
Este año también se busca al mejor apicultor joven
Una de las grandes novedades tiene mucho sentido en Asturias.
Mieladictos crea un reconocimiento específico para la Mejor Miel de Apicultor Joven, destinado a productores de 30 años o menos.
La miel no tendrá un trato especial durante la cata.
Será evaluada mediante el mismo procedimiento y por los mismos catadores.
El premio pretende poner nombre y cara a una cuestión fundamental para el campo: el relevo generacional.
En un territorio rural y envejecido como Asturias, que un joven decida vivir de unas colmenas no es simplemente una curiosidad empresarial.
Significa mantener actividad en pueblos, conservar conocimientos y dar continuidad a un oficio íntimamente relacionado con el territorio.
También se premiará saber contar la apicultura
Otra novedad resulta muy propia de los tiempos que corren.
Ya no basta con fabricar un producto excelente.
También hay que conseguir que el consumidor entienda por qué lo es.
Por eso se crea el premio a la Mejor Labor de Divulgación.
La organización valorará cuestiones como el envase y embalaje, el trabajo realizado en redes sociales, la repercusión conseguida en medios o las actividades desarrolladas para explicar al público el mundo de las abejas y la apicultura.
Un pequeño productor que abre su colmenar a visitantes, enseña cómo se recoge la miel, explica las distintas floraciones o muestra el trabajo de las abejas puede competir también por ese reconocimiento.
Y atención a las tiendas asturianas
Hay una tercera novedad que amplía bastante el concurso.
Mieladictos quiere reconocer al mejor comercio especializado en miel de apicultor, tanto físico como online.
Se tendrán en cuenta aspectos como el número de referencias procedentes de apicultores, la variedad territorial de la oferta y la capacidad del establecimiento para acercar este tipo de miel al consumidor.
Las candidaturas pueden proceder de los propios apicultores o de los comercios interesados.
Esto abre la competición más allá del colmenar.
También una tienda asturiana puede acabar premiada.
¿Por qué Asturias produce mieles tan diferentes?
La respuesta está delante de nuestros ojos.
Asturias concentra en muy poco territorio costa, valles, bosques, cordillera, brezales, castañedos, robledales, eucaliptales y zonas de alta montaña.
Las abejas trabajan sobre esa vegetación.
Y la miel acaba siendo una especie de mapa comestible del lugar en el que han vivido.
La IGP diferencia precisamente mieles de costa, montaña y bosque junto a variedades monoflorales porque el territorio produce perfiles claramente distintos.
Un tarro puede contar, sin una sola palabra, si esas abejas han estado trabajando fundamentalmente sobre brezo, castaño, eucalipto o madroño.
Pocas materias primas reflejan de una manera tan directa el paisaje.
Una tradición mucho más antigua que cualquier concurso
La apicultura tampoco acaba de llegar a Asturias.
La documentación histórica recoge desde hace siglos la existencia de truébanos, las antiguas colmenas tradicionales, y el occidente conserva elementos arquitectónicos específicamente vinculados a la protección de las colmenas, como cortinos y talameiros.
Boal ha convertido esa cultura en una de sus grandes señas de identidad.
Su Feria de la Miel se celebra desde 1986 y fue declarada Fiesta de Interés Turístico Regional.
La miel aparece además en preparaciones tradicionales asturianas y en productos de repostería como escaldao, deventre dulce, frisuelos o foyuelos.
No hablamos únicamente de un producto.
Hablamos de patrimonio rural.
Ahora falta que alguien mande el tarro
Asturias tiene territorio.
Tiene flores.
Tiene tradición.
Tiene apicultores.
Tiene una Indicación Geográfica Protegida.
Y tiene mieles que ya han ganado premios fuera del Principado.
Ahora Mieladictos vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que solo puede responderse catando:
¿estará entre las colmenas asturianas la mejor miel de España de 2026?
Los apicultores tienen hasta comienzos de octubre para intentarlo.
Después desaparecerán las etiquetas.
Los tarros se convertirán en números.
Y al otro lado de la mesa, los jueces solo podrán valorar lo que realmente importa.
Lo que hay dentro.
