Recetas de una abuela asturiana: Pastel de verduras (pa que hasta el que protesta por el calabacín repita dos veces)

Recetas de una abuela asturiana: Pastel de verduras (pa que hasta el que protesta por el calabacín repita dos veces)

 

“Nun pongáis cara de funeral, ho, que lleva verdura, sí, pero también lleva queso, güevos y gracia, que ye lo que arregla to”

—¡Ay, madre del amor hermoso! Mira que sois delicadinos, ¿eh? Digo yo: “Hoy vamos facer un pastel de verduras”, y ya veo a más de uno poniendo una cara… ¡como si vos hubiera dicho que vamos comer el felpudo de la entrada!

Pues non, rapacinos, non.

Esto ye un pastel de verduras rico, jugosín y de esos que empiezas diciendo “ponme poco” y acabes raspando la fuente con el pan.

Porque una cosa vos digo: la verdura sola, cocida y triste, pues sí, puede dar ganas de marchar de casa. Pero bien hecha, con sus güevinos, su quesín y un poco de alegría… ¡home! Eso ya ye otra película.

Y además sirve pa aprovechar lo que tengáis por la nevera.

Que yo abro la mía y a veces aquello parece una reunión de vecinos: medio calabacín, una zanahoria sola, un pimiento arrugáu, un puerro que ya pide la jubilación…

¡Pues to pa dentro!

Lo que vamos necesitar

  • Un calabacín medianu
  • Una berenjena
  • Un puerro
  • Una cebolla
  • Un pimiento roju
  • Dos zanahorias
  • Cuatro güevos
  • Un brick pequeño de nata pa cocinar
  • Queso ralláu, al gusto, que aquí nun andamos con miseries
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta
  • Un poquitín de nuez moscada
  • Y mantequilla o aceite pa untar el molde

—Y si nun tenéis berenjena, pues nun la echáis. ¿Qué pasa? ¿Va venir la Guardia Civil de les berenjenes? Pues non.

Primero, a picar, que ye cuando una se arrepiente de haber empezao

Cogemos tola verdura y la cortamos en trocinos pequeños.

Pequeños, ¿eh?

Nun me hagáis como una vecina mía que decía que picaba la cebolla y aquello parecía media cebolla por cachu. Luego metíes el tenedor y parecía que pescabas.

Ponemos una sartén grande con un chorru de aceite y echamos primero la cebolla, el puerro y la zanahoria.

Eso que vaya faciendo despacín.

A los cinco minutinos echamos el pimiento, la berenjena y el calabacín.

Sal, pimienta y a remover.

—Y ahora paciencia. Que cocinar nun ye poner fuego fuerte y mirar el móvil. Eso ye quemar la cena con tecnología.

Lo dejamos unos diez o doce minutos, hasta que la verdura esté blandina, pero sin convertirlo en papilla de hospital.

Ojo aquí, que esto tien truco

Cuando la verdura ya esté hecha, la ponemos en un colador un ratín.

Sí, sí, en un colador.

Porque el calabacín y la berenjena suelten agua como si llevaran tres días llorando.

Y esi agua hay que quitála.

—Porque si nun, en vez de pastel de verduras facemos sopa con tejáu. Y eso nun lo quiero yo.

Mientras, ponemos el horno a 180 grados.

Ahora hacemos el mejunje bueno

En un bol echamos los cuatro güevos y los batimos.

Añadimos la nata.

Un puñáu de queso ralláu.

Pimienta.

Un pelín de nuez moscada.

Y mezclamos.

Luego echamos toda la verdura.

—Y removéis bien, pero con cariño, ho. Que tampoco estamos amasando cemento.

Cogemos un molde, untamos con mantequilla o aceite, echamos toda la mezcla y por arriba ponemos más queso.

¿Mucho?

Pues depende.

—Yo digo que el queso ye como el dinero: nunca parece demasiado hasta que se acaba.

Pal horno

Metemos el molde a 180 grados, unos 35 o 40 minutos.

Y no abráis el horno cada cinco minutos.

—¡Déjalu vivir, criatura!

Porque hay gente que abre el horno, mira, cierra, abre otra vez…

¿Pero qué esperáis? ¿Que vos salude?

Sabremos que está hecho cuando pinchemos con un cuchillo y salga limpio.

Y cuando esté doradín por arriba, de esos colores que ya te hacen venir hambre aunque hayas comido.

Y ahora, lo más difícil: esperar

Cuando salga del horno, hay que dejarlo reposar unos diez minutos.

Diez.

Nun dos.

Nun tres.

Diez.

—Que luego tenéis prisa, lo desmoldáis ardiendo, se desmonta todo y decís: “Ay, Balbina, salió mal”.

¡Salió mal porque tú tienes más prisa que un cura pa llegar al vermú!

Dejadlo asentase un poquitín.

¿Cómo se come esto?

Pues como vos dé la gana.

Caliente está buenísimo.

Templado, mejor todavía.

Y frío al día siguiente, oye… casi vos diría que gana.

Lo podéis acompañar con una ensaladina, unos tomates aliñaos, un poco de mayonesa…

O solo.

Porque ye de esas cosas que cortas una tajadina…

Luego otra pequeña…

Luego “bueno, un poquitín más”…

Y al final miras y dices:

—¿Quién comió medio pastel?

Pues tú, alma de cántaru.

La prueba final de Balbina

Este pastel ye ideal pa los que dicen:

—A mí la verdura nun me gusta.

Bueno.

Pues tú no digas nada.

Se la pones en el plato.

Que coma.

Y cuando vaya por el segundu cachu, entonces sí.

Entonces te acercas despacín y-y dices:

—¿Nun te gustaba la verdura, eh?

Y ya está.

Nun fai falta discutir.

La victoria hay que saboreala en silencio.

—Y acordaivos de una cosa, fíos: en esta vida casi to entra mejor con queso por encima.

Y si nun entra…

Pues echáis más queso.

¡Hasta la próxima, rapacinos!

Y comed bien, que de flacos y enfadaos ya está el mundo bastante llenín.

 

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