Asturias se lleva dentro: el mensaje de Asturias Mundial para cerrar una semana que nos recuerda quiénes somos

Asturias se lleva dentro: el mensaje de Asturias Mundial para cerrar una semana que nos recuerda quiénes somos

 

Después de una semana que ha unido el Día de Asturias con los 461 años de la fundación de San Agustín de Florida por Pedro Menéndez de Avilés, Asturias Mundial quiere cerrar la celebración mirando más allá del mapa: casi 156.000 personas vinculadas a Asturias viven hoy oficialmente en el extranjero

Hay una Asturias de algo más de un millón de habitantes.

Y hay otra que no cabe en el mapa.

A 1 de enero de 2026 había 155.869 personas inscritas en Asturias en el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero: 80.279 mujeres y 75.590 hombres. Miles de vidas repartidas por América, Europa y otros lugares del planeta que conservan, de una manera u otra, un vínculo con esta tierra.

Por eso, después de una semana especialmente cargada de memoria e identidad, desde Asturias Mundial hemos querido hacer algo distinto.

No volver a decir «Feliz Día de Asturias».

Sino decir algo que no caduca el 8 de septiembre:

felicidades por la suerte de ser asturianos.

VÍDEO | “Asturias se lleva dentro” — El mensaje de Asturias Mundial

Una Asturias de casi 156.000 personas fuera de Asturias

La cifra ayuda a entender la dimensión real de aquello de lo que hablamos.

Esos 155.869 residentes en el extranjero inscritos en Asturias no representan una anécdota demográfica. Si pudiéramos reunirlos en un solo lugar, formarían una población superior a la de cualquiera de las grandes ciudades asturianas salvo Gijón y Oviedo.

Y el peso americano sigue siendo extraordinario.

Solo entre las mujeres inscritas en el PERE asturiano, el 78,5% vive en América. Argentina continúa ocupando un lugar excepcional: allí residen 19.976 mujeres vinculadas al padrón asturiano en el exterior, aproximadamente una de cada cuatro. 

No son únicamente números.

Explican por qué existen centros asturianos en Buenos Aires, México, Puerto Rico, Santo Domingo, Caracas, Uruguay o distintas ciudades de España y Suiza.

Algunos de esos centros superan ya el siglo de historia. No nacieron simplemente para bailar una danza regional o celebrar una comida una vez al año. Fueron puntos de encuentro para emigrantes, lugares donde encontrar trabajo, compañía, ayuda y, sobre todo, una manera de no romper completamente el hilo con casa. El propio Gobierno asturiano los define hoy como auténticas embajadas culturales y espacios destinados a mantener el sentimiento de pertenencia entre generaciones. 

Una semana con Asturias a los dos lados del Atlántico

Y probablemente nunca haya habido mejor semana para recordarlo.

El pasado 8 de septiembre Asturias celebró su día. En 2026, los actos oficiales se extendieron por el entorno del Eo, con San Tirso de Abres, Vegadeo y Castropol como escenarios principales de la celebración. 

Pero mientras Asturias miraba hacia sí misma, al otro lado del Atlántico se preparaba otra celebración con un apellido inequívocamente asturiano.

Ayer sábado, 12 de septiembre, San Agustín de Florida conmemoró oficialmente el 461 aniversario de su fundación.

A las diez de la mañana, en Mission Nombre de Dios, volvió a representarse el desembarco de Pedro Menéndez de Avilés, ocurrido el 8 de septiembre de 1565. Hubo salvas de cañón y mosquete, recreación histórica, misa, procesión hasta el Fountain of Youth Archaeological Park y una representación de aquella primera comida celebrada tras la llegada. 

No es una celebración menor ni una curiosidad para aficionados a la historia.

San Agustín está considerada la ciudad fundada por europeos habitada de forma continuada más antigua del territorio continental de los actuales Estados Unidos. Mientras Estados Unidos celebra en 2026 sus 250 años de independencia, San Agustín recuerda una historia que comenzó 211 años antes de 1776

Y en el origen de aquella historia aparece un hombre nacido en Avilés.

Del puerto de Avilés a Florida: 461 años y el mismo hilo

Pedro Menéndez cruzó el Atlántico en el siglo XVI.

Después lo hicieron decenas de miles de asturianos por razones completamente distintas.

Unos marcharon a Cuba.

Otros a México.

Argentina.

Venezuela.

Estados Unidos.

Europa.

Más tarde llegaron las migraciones interiores hacia Madrid, Cataluña, Euskadi y otras comunidades españolas.

Durante generaciones, Asturias fue también una tierra de despedidas.

De maletas.

De barcos.

De trenes.

De fotografías enviadas desde América.

De cartas que tardaban semanas.

Y de familias en las que la palabra «volver» podía significar el próximo verano o dentro de veinte años.

Esa historia migratoria dejó una huella tan profunda que hoy, cuando Asturias lleva ya varios años registrando saldo migratorio positivo y vuelve a ganar habitantes gracias a las llegadas, sigue existiendo una inmensa Asturias exterior. En 2025 se encadenó el octavo año consecutivo con saldo migratorio total positivo, una fotografía muy diferente de aquella Asturias que durante décadas vio salir a buena parte de sus jóvenes. 

Por eso el vídeo llega ahora

Podríamos haber publicado este vídeo el 8 de septiembre.

Pero probablemente habría sido un vídeo más entre cientos de felicitaciones institucionales.

Publicarlo ahora tiene otro sentido.

Ha terminado el Día de Asturias.

Han concluido los actos.

San Agustín acaba de recordar al avilesino que fundó aquella ciudad hace 461 años.

Y vuelve la normalidad.

Precisamente por eso queríamos detenernos unos segundos.

Porque ser asturiano no dura un día.

No depende de una ceremonia.

Ni de vivir dentro de los límites del Principado.

Hay cosas que sobreviven a la distancia

Un asturiano puede llevar cuarenta años fuera y seguir preguntando qué tiempo hace en casa.

Puede tener hijos nacidos a miles de kilómetros que jamás hayan vivido aquí y, sin embargo, sepan de dónde procedía su güelu.

Puede escuchar una gaita en Buenos Aires y reconocer algo que resulta imposible explicar en términos administrativos.

Puede llegar por carretera, ver aparecer de nuevo el verde detrás de una montaña y experimentar esa sensación tan elemental como poderosa:

ya estoy en casa.

Eso no aparece en ningún padrón.

No se puede medir.

Pero existe.

Y seguramente sea la razón por la que, más de cuatro siglos después de Pedro Menéndez, siguen existiendo comunidades asturianas a ambos lados del Atlántico.

155.869 historias y muchas más

Los registros oficiales cuentan 155.869 españoles residentes en el extranjero inscritos en Asturias.

Pero ni siquiera esa cifra contiene toda la historia.

No incluye de la misma manera a todos los descendientes.

Ni a quien nació fuera y conserva una identidad familiar asturiana.

Ni a quienes viven en otras comunidades españolas.

Ni a quienes se fueron temporalmente.

Por eso la verdadera Asturias exterior es mucho más difícil de delimitar.

Y quizá tampoco sea necesario hacerlo.

Asturias es un territorio.

Pero también es memoria.

Familia.

Lengua.

Paisaje.

Forma de vivir.

Una determinada manera de regresar.

Y una extraña capacidad para seguir estando presente cuando uno está muy lejos.

Esta semana hemos celebrado todo eso.

Y desde Asturias Mundial solo queríamos terminarla diciendo una cosa.

A quien vive en Oviedo, Gijón, Avilés o en la aldea más pequeña.

A quien está en Madrid.

En Buenos Aires.

En México.

En Florida.

En Suiza.

En cualquier lugar.

Felicidades por la suerte de ser asturianos.

Porque pueden separarnos cientos o miles de kilómetros.

Pero hay distancias que no consiguen romper determinadas cosas.

Estéis donde estéis, Asturias se lleva dentro.

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