Hasta 10.800 euros al año para que el mastín vuelva a ser el gran guardaespaldas del ganado asturiano

Hasta 10.800 euros al año para que el mastín vuelva a ser el gran guardaespaldas del ganado asturiano

El Principado prepara una nueva línea de ayudas para financiar el mantenimiento de perros protectores en las explotaciones ganaderas. La medida podrá aportar hasta 720 euros anuales por animal y un máximo de 15 perros por explotación. Traducido a dinero: hasta 10.800 euros cada año para quienes utilicen estos animales como primera barrera frente a los ataques de fauna silvestre.

Durante siglos, antes de vallados electrificados, cámaras, GPS o cualquier otra tecnología, hubo una herramienta que funcionaba mientras el ganadero dormía.

Tenía cuatro patas.

Y ladraba.

El mastín vuelve ahora al centro de la estrategia asturiana para intentar hacer compatible la ganadería extensiva con la presencia de grandes carnívoros, especialmente el lobo.

La Consejería de Medio Rural y Política Agraria acaba de dar un paso importante para poner en marcha una nueva línea de ayudas destinada a sufragar los gastos de los perros que protegen el ganado.

El proyecto de bases reguladoras se publica este miércoles, 9 de septiembre, en el Boletín Oficial del Principado de Asturias y entra ahora en periodo de información pública.

Y la cuantía no es precisamente simbólica.

720 euros al año por perro

La propuesta contempla una ayuda máxima de 720 euros anuales por cada animal elegible.

Cada explotación podrá incluir hasta 15 perros.

Eso significa que una explotación que alcance el límite máximo podrá recibir 10.800 euros al año.

La ayuda pretende cubrir precisamente aquello que muchas veces queda fuera del debate cuando se habla de prevención de ataques: mantener un perro protector cuesta dinero.

Hay que alimentarlo.

Vacunarlo.

Llevarlo al veterinario.

Identificarlo correctamente.

Mantenerlo en buenas condiciones sanitarias.

Y hacerlo durante todo el año, haya ataques o no.

El Principado quiere ahora contribuir directamente a pagar esa factura.

El perro que trabaja mientras el ganadero no está

No estamos hablando de un animal de compañía que ocasionalmente acompaña al ganado.

La ayuda está pensada para perros cuya función efectiva sea proteger a los animales de la explotación.

Podrán utilizarse para vigilar ganado bovino, equino, ovino y caprino.

Y ahí radica buena parte de su utilidad.

Un mastín correctamente criado e integrado en el rebaño no necesita que el ganadero esté permanentemente a su lado.

Su mera presencia puede actuar como elemento disuasorio frente a depredadores.

Patrulla.

Marca territorio.

Detecta amenazas.

Y avisa.

En una explotación extensiva, donde los animales pueden pasar muchas horas o incluso temporadas enteras alejados de cuadras y núcleos habitados, esa vigilancia tiene un valor difícil de sustituir.

El lobo está inevitablemente detrás de la medida

Aunque las bases hablan en términos generales de prevención frente a la fauna silvestre, resulta imposible separar esta iniciativa del debate sobre el lobo.

Los ataques al ganado llevan años convirtiéndose en uno de los asuntos más conflictivos del medio rural asturiano.

Para numerosos ganaderos, cada res muerta significa mucho más que una indemnización.

Supone pérdidas económicas, tiempo, animales heridos, estrés para el rebaño y, en ocasiones, la sensación de que mantener una explotación extensiva resulta cada vez más difícil.

Precisamente por eso, las políticas de prevención adquieren una importancia creciente.

El mastín no elimina el riesgo.

Pero puede reducirlo.

Y esa diferencia puede ser decisiva en determinados pastos y explotaciones.

No todos los perros podrán acogerse a la ayuda

Aquí aparece una condición importante.

La futura convocatoria no estará abierta indiscriminadamente a cualquier perro empleado en una explotación.

El proyecto contempla animales de raza mastín español inscritos en el Libro de Orígenes Español (LOE) y ejemplares pertenecientes al grupo étnico canino pastor del osu, reconocido por la Real Sociedad Canina de España.

Además, tendrán que estar correctamente identificados y vinculados administrativamente a la explotación ganadera.

La medida podrá incluir tanto perros comprados por el ganadero como animales nacidos y criados dentro de la propia explotación.

Lo decisivo será acreditar que realmente se utilizan para proteger el ganado.

¿Quién podrá pedirla?

La línea estará dirigida a titulares de explotaciones ganaderas situadas en Asturias que mantengan actividad y cumplan los requisitos establecidos en las bases.

Pero todavía hay que esperar.

Lo publicado ahora en el BOPA son las bases reguladoras sometidas a información pública.

Eso significa que la ayuda todavía no puede solicitarse.

Después llegará la aprobación definitiva y, posteriormente, tendrá que publicarse la correspondiente convocatoria con los plazos, documentación y procedimiento para presentar las solicitudes.

Para los ganaderos interesados, por tanto, éste es el momento de conocer la medida.

No todavía de pedir el dinero.

Algo más que proteger vacas y ovejas

Medio Rural enmarca la iniciativa dentro del Pacto por el Medio Rural y la presenta como una medida que va mucho más allá de evitar ataques.

La ganadería extensiva mantiene pastos abiertos que, de otro modo, terminarían cubriéndose de matorral.

Ese trabajo ayuda a conservar el paisaje y puede contribuir también a reducir combustible vegetal y, por tanto, el riesgo y propagación de incendios.

Pero cumple además otra función quizá todavía más importante.

Mantiene gente viviendo y trabajando en zonas rurales.

Cada explotación que desaparece supone actividad económica que se pierde, servicios que tienen menos usuarios y pueblos que pierden habitantes.

Por eso detrás de una ayuda para alimentar mastines hay una cuestión bastante mayor:

hacer posible que siga habiendo ganaderos allí donde cada vez resulta más difícil serlo.

De indemnizar el daño a intentar evitarlo

Durante años, buena parte del debate sobre los ataques de fauna silvestre se ha producido después de encontrar el animal muerto.

Cuánto vale.

Quién lo paga.

Cuándo llega la indemnización.

Y si la compensación cubre realmente las pérdidas sufridas.

Esta nueva línea introduce otra filosofía.

Pagar antes para intentar que el ataque no ocurra.

No sustituye a las indemnizaciones ni resolverá por sí sola el conflicto de la ganadería con los grandes depredadores.

Pero cambia el orden de las cosas.

Porque resulta bastante mejor gastar dinero en mantener vivo un mastín que tener que calcular después cuánto vale una oveja muerta.

Y en las montañas asturianas, donde la convivencia entre ganado y fauna salvaje lleva décadas poniendo a prueba a administraciones y ganaderos, aquel viejo guardián del rebaño vuelve a ganar protagonismo.

El futuro de una parte de la ganadería asturiana puede depender también de algo tan antiguo como esto:

un buen mastín, un rebaño y alguien dispuesto a seguir viviendo de él.

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