Al menos cuatro propietarios de Oviedo, Langreo, Mieres y Lugones han sido víctimas en las últimas semanas de una estafa especialmente peligrosa por su aparente normalidad. Los compradores muestran un justificante de transferencia, se llevan el vehículo y aprovechan el fin de semana para revenderlo antes de que el vendedor descubra que el dinero jamás llegó a su cuenta. En algún caso incluso habrían falsificado la firma del propietario para completar la operación.
Todo parece una compraventa normal.
Un anuncio en internet.
Un comprador interesado.
Una conversación cordial.
Una cita para ver el coche.
Un justificante bancario.
Y unas horas después, el automóvil desaparece carretera adelante.
El problema llega cuando el vendedor mira su cuenta bancaria.
No hay dinero.
La Policía Nacional investiga en Asturias una cadena de estafas que ya habría dejado al menos cuatro víctimas en Oviedo, Langreo, Mieres y Lugones y que sigue un patrón tan sencillo como eficaz: hacer creer al propietario que la transferencia ya está enviada, llevarse el coche y ganar tiempo suficiente para venderlo inmediatamente a otra persona.
Los vehículos elegidos no son coches de poco valor.
Entre los casos conocidos aparecen modelos de BMW y Volkswagen, algunos anunciados por alrededor de 15.000 euros.
El viernes por la tarde, el momento perfecto
Uno de los detalles más llamativos del sistema utilizado por los estafadores es el momento elegido para cerrar algunas operaciones.
El viernes a última hora.
Eso permite aprovechar algo completamente normal: que determinadas transferencias bancarias no aparezcan reflejadas inmediatamente en la cuenta del destinatario.
Los supuestos compradores enseñan en el teléfono o en papel un justificante de haber realizado el pago y explican que el banco tardará en procesarlo.
La historia resulta perfectamente creíble.
Y ahí empieza la trampa.
El vendedor entrega las llaves.
El comprador se marcha con el coche.
Y comienza una cuenta atrás que puede durar todo el fin de semana.
«Tranquilos, está todo bien»
Uno de los casos investigados comenzó con la venta de un Volkswagen Golf.
La pareja propietaria recibió el contacto de un usuario que inicialmente utilizaba un nombre en internet y posteriormente se presentó con otra identidad.
Según el relato de los afectados, dos hombres acudieron finalmente a recoger el vehículo.
Uno llevaba el peso de la conversación.
El otro apenas intervenía.
La operación se produjo un viernes por la tarde.
Los compradores mostraron el supuesto justificante de transferencia y explicaron que debían regresar a Bilbao y que el dinero tardaría en hacerse efectivo.
Todo se desarrolló con absoluta normalidad.
Incluso preguntaron a los vendedores dónde podían cenar antes de emprender el viaje.
Después ocurrió algo todavía más extraño.
Durante las horas siguientes y a lo largo del día posterior, los vendedores recibieron numerosas llamadas.
Los compradores querían saber si todo estaba bien.
Y, sobre todo, insistían en un mensaje:
que estuvieran tranquilos.
Demasiado tranquilos.
El lunes, la cuenta seguía a cero
Pasado el fin de semana llegó el momento de comprobar definitivamente la operación.
El dinero no había aparecido.
Los propietarios comenzaron entonces a llamar a los compradores.
Primero llegaron las excusas.
Después las largas.
Finalmente, el teléfono dejó de responder.
Los números habían sido bloqueados.
Para entonces, el coche ya podía estar en manos de otra persona.
Y ahí aparece la segunda parte de la estafa.
Revender el coche antes de que salte la alarma
Los investigadores sospechan que el objetivo es actuar con enorme rapidez.
Desde que se llevan el vehículo hasta que el propietario descubre que la transferencia no existe pueden transcurrir tres o cuatro días.
Ese tiempo resulta suficiente para intentar vender nuevamente el automóvil.
Pero mucho más barato.
Un vehículo anunciado originalmente por unos 15.000 euros puede ofrecerse a un precio llamativamente inferior para conseguir comprador cuanto antes.
El descuento tiene una explicación sencilla:
no necesitan obtener el precio real del coche; necesitan convertirlo en dinero antes de que aparezca una denuncia.
Incluso falsificaron la firma
En uno de los casos, los propietarios ni siquiera habían firmado el contrato definitivo de compraventa.
Eso no detuvo la operación.
Cuando posteriormente investigaron qué había ocurrido con el vehículo, descubrieron que alguien habría falsificado la firma del titular para completar la documentación necesaria para revenderlo.
Los trámites habrían pasado además por una gestoría de Bilbao.
Eso añade otra capa especialmente preocupante al caso.
Ya no se trataría únicamente de un engaño sobre una transferencia bancaria.
Entrarían también en juego documentos manipulados y cambios de titularidad realizados sin el consentimiento verdadero del propietario.
Un BMW X6 de 15.000 euros
El mismo procedimiento habría vuelto a repetirse apenas unas semanas después.
Esta vez con un BMW X6 puesto a la venta por unos 15.000 euros.
Y existen al menos otros dos casos localizados en las cuencas mineras.
Los afectados sospechan que pueden existir más víctimas que todavía no hayan relacionado su caso con esta misma trama.
La Policía investiga ahora si todos los episodios responden al mismo grupo y cuál ha sido el destino final de los vehículos.
Una casa abandonada como domicilio
Cuando una de las víctimas decidió comprobar la información que figuraba en la documentación de compraventa se encontró con otro dato revelador.
El domicilio facilitado por el supuesto comprador correspondía a una vivienda abandonada.
Los afectados localizaron además referencias previas relacionadas con la persona cuyos datos aparecían en los documentos.
Mientras tanto, el vehículo había terminado vendido a un tercero residente en el País Vasco.
Una operación que aparentemente había durado apenas unos minutos había generado así un problema jurídico considerable: un propietario que no había cobrado, un vehículo revendido y un tercer comprador que podía creer legítimamente que estaba adquiriendo un coche en condiciones normales.
El justificante de transferencia no significa que hayas cobrado
La principal enseñanza de este tipo de estafas es tan sencilla como importante.
Un justificante bancario no equivale a tener el dinero.
Una captura de pantalla puede manipularse.
Un documento puede falsificarse.
Incluso una orden real de transferencia puede ser anulada en determinadas circunstancias antes de completarse.
Para una operación de miles de euros, lo importante no es lo que aparece en el teléfono del comprador.
Es lo que aparece en la cuenta del vendedor.
La regla más segura es contundente:
el vehículo, las llaves y la documentación no deberían entregarse hasta comprobar que el dinero está efectivamente abonado y disponible.
Hay señales que deberían encender todas las alarmas
La urgencia excesiva es una de ellas.
También que el comprador insista en cerrar la operación a última hora de un viernes o antes de un festivo.
Que aparezca una persona diferente de quien inició el contacto.
Que se utilicen intermediarios difíciles de identificar.
Que se facilite un domicilio que el vendedor no puede comprobar.
O que exista presión para entregar inmediatamente el coche porque «la transferencia ya está hecha».
Ninguna de esas circunstancias demuestra por sí sola que exista una estafa.
Pero varias de ellas juntas deberían hacer que cualquier vendedor frene la operación.
Un coche de 15.000 euros no necesita venderse en quince minutos.
La estafa funciona porque parece una venta normal
Ese es precisamente su mayor peligro.
No hay amenazas.
No hay violencia.
No hay un espectacular robo de llaves.
El propietario entrega voluntariamente el automóvil porque cree que acaba de venderlo.
Los supuestos compradores se muestran amables.
Conversan.
Dan explicaciones.
Incluso llaman posteriormente para tranquilizar al vendedor.
Y durante unas horas todo parece normal.
Hasta que llega el lunes.
Se abre la aplicación del banco.
Se consulta el saldo.
Y entonces aparece la realidad.
El coche ya no está.
El dinero tampoco.
Y mientras el propietario esperaba que el banco terminara de procesar una transferencia que nunca existió, alguien podía estar vendiendo su vehículo cientos de kilómetros más lejos.
