La pieza ganadora de la subasta de Arenas de Cabrales, elaborada en Tielve y madurada durante nueve meses a 1.430 metros de altitud, ya se sirve en Madrid convertida en croquetas, escalopines, cachopines y una sorprendente combinación con morcilla y manzana
Hay quesos caros.
Y después está este.
37.500 euros por una sola pieza de Cabrales de algo más de dos kilos.
Una cifra que ya convirtió su subasta en noticia. Pero ahora llega la segunda parte de la historia: ese queso ya ha viajado desde los Picos de Europa hasta Madrid y ya se está comiendo.
La pieza fue presentada oficialmente en la capital de la mano de La Montera Picona de Ramón, el establecimiento gijonés que lideró la puja ganadora en Arenas de Cabrales y que compartió la adquisición con tres aliados madrileños: Carlos Tartiere/Couzapín, La Cuenca y Lo de Viole.
Y no, no se quedó dentro de una vitrina.
Se cortó.
Se cocinó.
Y terminó convertido en cuatro tapas diferentes.
De Tielve a Madrid pasando por una cueva a 1.430 metros
La historia empieza mucho antes de la subasta.
El Cabrales ganador fue elaborado por Encarnación Bada, de la Quesería Ángel Díaz Herrero, en Tielve.
Después pasó nueve meses madurando en la cueva Los Mazos, situada a unos 1.430 metros de altitud.
Esa combinación de leche, clima, humedad, cueva, tiempo y saber artesanal acabó dando lugar a la pieza que el pasado 30 de agosto alcanzó los 37.500 euros en Arenas de Cabrales.
Un nuevo récord.
Y una cifra que dispara inevitablemente una pregunta:
¿A qué sabe un queso de 37.500 euros?
Madrid ya tiene la respuesta.
El Cabrales récord se convierte en cuatro tapas
La presentación tuvo lugar en la sidrería Couzapín, en Madrid.
Allí, una parte del queso fue utilizada para preparar cuatro elaboraciones diferentes.
La primera apostó por una combinación muy reconocible: croquetas de Cabrales con compota de manzana.
La segunda llevó el queso a unos escalopines al Cabrales en formato bocado.
La tercera utilizó la pieza récord en cachopines de Cabrales.
Y la cuarta rompió completamente con la tradición.
Morcilla, Cabrales, manzana, piñones y piparras
El chef invitado Edu Collado, del restaurante Egun-On de Barajas, preparó una propuesta bastante más atrevida:
un vasito de morcilla con espuma de Cabrales, manzana tostada con canela, piñones y mermelada de piparras.
Es decir: una de las piezas de queso más mediáticas que ha salido nunca de Asturias terminó combinada con morcilla, fruta, frutos secos y un punto picante.
Las otras tres tapas miraron más directamente a la cocina asturiana.
Esta cuarta decidió jugar.
Pero ¿quién paga 37.500 euros por un queso?
Esa es probablemente la otra gran pregunta.
La puja fue realizada formalmente por La Montera Picona de Ramón, pero la operación nació desde el principio como una acción compartida con los establecimientos madrileños.
El objetivo no era únicamente comprar el queso.
Era utilizar esa pieza como vehículo de promoción de Asturias.
Y la estrategia ha funcionado.
Una subasta celebrada en Arenas de Cabrales terminó generando repercusión nacional, llevando el producto a Madrid y colocando de nuevo al queso asturiano en el centro de la conversación gastronómica.
Mucho más que una extravagancia
Sería fácil reducir la noticia a la cifra.
37.500 euros por dos kilos de queso suena a excentricidad.
Pero detrás hay bastante más.
Ese Cabrales existe porque hay ganaderos, pastores, productores y familias que siguen trabajando en zonas de montaña, manteniendo conocimientos y formas de producción transmitidas durante generaciones.
La propia presentación madrileña quiso poner el foco precisamente ahí.
En que el valor del Cabrales no empieza en una subasta.
Empieza mucho antes: en las explotaciones, en los animales, en las cuevas y en el trabajo diario de quienes siguen produciendo en los Picos de Europa.
Un queso capaz de vender Asturias entera
El acto fue conducido por el comunicador gastronómico asturiano Nacho Sandoval, antiguo coordinador general de la Fundación del Queso de Cabrales, que explicó a los asistentes la historia de la pieza y la puja que terminó convirtiéndola en récord.
La clausura corrió a cargo de otro asturiano, José Luis Álvarez Almeida, presidente de Hostelería de España.
Su mensaje resumió bien lo ocurrido: esa alianza no estaba promocionando solo un queso, sino también Asturias.
El verdadero valor está en lo que consigue mover
Quizá ahí esté la explicación de esos 37.500 euros.
Nadie paga esa cantidad pensando únicamente en desayunarse una cuña.
Se paga por notoriedad.
Por historia.
Por exclusividad.
Por identidad.
Y por conseguir que un queso fabricado en Tielve, madurado durante nueve meses en una cueva a 1.430 metros y nacido en pleno corazón de los Picos termine convertido en noticia, en conversación y en escaparate gastronómico en Madrid.
El Cabrales más caro de la historia ya no está entero.
Ahora está repartido en bocados.
Y cada uno de ellos lleva un pequeño pedazo de Asturias.
