El Gobierno da luz verde al plan de inversiones para 2027-2031, que actuará sobre algunas de las zonas más sensibles del aeropuerto justo cuando la instalación atraviesa una de las etapas de mayor tráfico de su historia
El Aeropuerto de Asturias se prepara para cambiar de cara durante los próximos cinco años. No habrá una nueva terminal ni una ampliación espectacular visible desde la carretera, pero sí una batería de actuaciones que afectarán directamente a lo que más importa cuando uno va a volar: la pista, las salas de embarque, las pasarelas, los controles de seguridad y el propio funcionamiento de la terminal.
El Consejo de Ministros ha dado luz verde a una inversión de 50,3 millones de euros entre 2027 y 2031 para modernizar la principal puerta aérea del Principado.
Y llega en un momento especialmente significativo.
El aeropuerto asturiano cerró 2025 con 2,1 millones de pasajeros, frente a los 1,4 millones que utilizaban sus instalaciones en 2019. En apenas seis años, y con una pandemia por medio, el volumen de viajeros se ha incrementado alrededor de un 50%.
La tendencia sigue siendo ascendente. Solo en julio pasado pasaron por Santiago del Monte 236.618 pasajeros, un 13,4% más que un año antes, mientras que el número de vuelos aumentó un 15,8%.
Es en ese escenario donde cobran sentido los 50 millones que ahora se ponen sobre la mesa.
La pista, la obra que los viajeros casi no verán pero que resulta imprescindible
Una de las actuaciones principales será el recrecido de la pista de vuelo.
El término puede llevar a engaño: no significa que la pista vaya a ser más larga ni que el aeropuerto vaya a poder recibir aviones que ahora no puedan operar por falta de longitud.
Lo que se hará es actuar sobre su pavimento, renovándolo y reforzándolo para garantizar que pueda seguir soportando con seguridad durante los próximos años el continuo aterrizaje y despegue de aeronaves.
Es una intervención de esas que apenas percibe el pasajero cuando está terminada, pero que condiciona absolutamente todo lo demás: sin pista no hay aeropuerto.
Y ejecutar una actuación de este calibre mientras continúa la actividad aérea exigirá una planificación especialmente delicada. Aena tendrá que encajar los trabajos con las operaciones para reducir al mínimo las afecciones a aerolíneas y pasajeros.
Más espacio para los pasajeros internacionales
El segundo cambio será mucho más perceptible.
El plan contempla ampliar la sala de embarque internacional, una actuación especialmente significativa después del crecimiento experimentado por las conexiones con otros países durante los últimos años.
El aeropuerto ha dejado de ser una instalación dedicada casi exclusivamente a conectar Asturias con Madrid, Barcelona y algunas grandes ciudades españolas.
La presencia de vuelos internacionales y rutas europeas ha cambiado notablemente la imagen de Santiago del Monte y también las exigencias de una terminal concebida para un volumen y una distribución del tráfico muy diferentes.
La ampliación deberá permitir absorber mejor las puntas de pasajeros internacionales y evitar que los momentos de mayor actividad conviertan algunas zonas de la terminal en espacios demasiado ajustados.
Adiós a algunas pasarelas veteranas
También se incluye la renovación de pasarelas de embarque.
Son los conocidos “fingers” que conectan directamente la terminal con el avión y permiten acceder a la aeronave sin bajar a pista ni utilizar autobuses.
Puede parecer un detalle menor, pero forma parte de la calidad real que percibe el viajero: embarques más cómodos, mejor accesibilidad para personas con movilidad reducida y protección frente a la lluvia, el viento o el frío.
Y tratándose de Asturias, lo de evitar un paseo por la plataforma bajo un buen chaparrón tampoco es exactamente un lujo.
Los controles de seguridad también cambiarán
Otro bloque de los 50,3 millones irá destinado a nuevos equipos de seguridad para los filtros de pasajeros.
Precisamente los controles constituyen uno de los puntos donde se producen mayores concentraciones de viajeros cuando coinciden varios vuelos.
La modernización de los equipos deberá permitir controles más eficientes y adaptados a las nuevas exigencias de seguridad aeroportuaria.
El DORA aprobado por el Gobierno establece, para toda la red española, como una de sus prioridades reducir fricciones en los procesos de embarque, seguridad y control de pasaportes.
También se instalará un nuevo vallado perimetral, una infraestructura poco visible para el pasajero pero fundamental dentro de los sistemas de protección del recinto aeroportuario.
50 millones dentro de la mayor inversión aeroportuaria de los últimos años
Los trabajos de Asturias forman parte de una operación muchísimo mayor.
El nuevo Documento de Regulación Aeroportuaria, conocido como DORA III, fija las inversiones que realizará Aena entre 2027 y 2031 en toda su red española.
El volumen global se aproxima a los 13.000 millones de euros.
De ellos, 9.991 millones corresponden directamente a inversiones vinculadas con la actividad aeronáutica y otros más de 3.240 millones se dedicarán al mantenimiento y conservación de las instalaciones.
La previsión de Aena es que el conjunto de la red española supere los 363 millones de pasajeros en 2031.
No saldrá directamente de los Presupuestos del Estado
Existe además un matiz importante sobre esos 50,3 millones.
La inversión no se financiará directamente mediante una partida de los Presupuestos Generales del Estado.
El dinero procede del propio sistema aeroportuario gestionado por Aena, fundamentalmente de los ingresos generados por la actividad de la red.
Es el modelo mediante el que los grandes aeropuertos y el conjunto del sistema permiten financiar también inversiones en instalaciones de menor tamaño.
El Gobierno asegura además que el nuevo periodo inversor será compatible con una evolución muy contenida de las tarifas aeroportuarias.
Lo que estos 50 millones no solucionan
La transformación tiene también límites.
Los 50,3 millones actúan fundamentalmente de puertas adentro del aeropuerto y sobre sus infraestructuras aeronáuticas.
No resuelven por sí solos uno de los debates históricos alrededor del aeropuerto asturiano: cómo llegar hasta él.
La conexión con Oviedo, Gijón y Avilés sigue dependiendo fundamentalmente de la carretera, el automóvil particular, el taxi y los servicios de autobús.
Tampoco este paquete supone automáticamente una ampliación del aparcamiento ni una conexión ferroviaria.
Es decir, Asturias tendrá un aeropuerto más preparado para recibir pasajeros, pero el modo en que esos pasajeros llegan hasta Santiago del Monte continúa siendo una cuestión diferente.
Tampoco habrá obras mañana
Existe otra precisión importante.
Que el Gobierno haya aprobado los 50,3 millones no significa que las máquinas vayan a entrar inmediatamente en la pista.
El DORA fija el marco inversor para el periodo 2027-2031. A partir de ahí, cada una de las actuaciones deberá desarrollar sus proyectos, calendarios, procedimientos administrativos y correspondientes licitaciones.
Solo entonces se conocerá exactamente qué obra comienza primero, cuánto dura y qué posibles alteraciones provoca en la actividad cotidiana del aeropuerto.
Un aeropuerto muy diferente al de hace apenas siete años
Probablemente ahí esté la verdadera dimensión de la noticia.
Asturias no está invirtiendo 50 millones simplemente para conservar el aeropuerto que ya tiene.
Está adaptándolo a una realidad que ha cambiado enormemente.
En 2019 utilizaron Santiago del Monte alrededor de 1,4 millones de pasajeros. En 2025 fueron ya 2,1 millones.
Más viajeros, más vuelos, más destinos y una presencia internacional que hace unos años era mucho menor.
Ahora llega el momento de que la infraestructura acompañe ese crecimiento.
Entre 2027 y 2031, buena parte del cambio sucederá mientras los pasajeros continúan facturando, pasando controles y embarcando aparentemente con normalidad.
Pero cuando termine, el Aeropuerto de Asturias deberá estar preparado para algo bastante más ambicioso que sustituir una pista o estrenar unas pasarelas: gestionar el aeropuerto que Asturias necesitará durante la próxima década.
